Carpetanos y vetones

Carpetanos y vetones. La línea montañosa que delimita las provincias de Madrid y Segovia, y que se extiende desde el Puerto del Nevero hasta el Puerto de Somosierra, se denomina Montes Carpetanos, y tiene el origen de su nombre en nuestros antepasados.

Los carpetanos eran un pueblo prerromano que habitó lo que actualmente es la Comunidad de Madrid y el norte de Castilla La Mancha. La Sierra de Guadarrama les limitaba al norte,  y al oeste el río Alberche era su frontera natural con otro antiguo pueblo: los vetones.

Su modo de subsistencia se basaba en la ganadería, principalmente rebaños de cabras, el cultivo de la vid y el olivo en los lugares que las temperaturas lo permitían, la caza y la extracción de oro y plata. El sobresueldo lo ganaban como mercenarios en las múltiples luchas contra los romanos mantuvieron los pueblos de la península.

Los carpetanos intentaron ser “romanizados” en sucesivas batallas desde el año 195 a.c. hasta el año 133 a.c., en el que el famoso Escipión, -Publio Cornelio Escipión El Africano-, acabó con su dura resistencia con la caída de Numancia.

Se sabe que era un pueblo bastante desarrollado y “civilizado” en comparación con otros pueblos del interior y norte de la península, que sus cabañas se construían en cerros y zonas altas sobre bases de piedra, y que adoraban a la diosa Ataecina, diosa del renacer, de la primavera, la naturaleza, la luna, la fertilidad y la curación -un todo terreno en cuestión de diosas-. Por cierto, Ataecina está asociada a la diosa Proserpina de los romanos, también relacionada con la primavera.

Curiosa la leyenda de Proserpina que fue raptada por Plutón y llevada al inframundo. Como el lugar no le gustaba consiguió por medio de otros dioses que Plutón la dejara marchar con la condición de que comiera seis semillas de granada –que representaban la fidelidad-, obligándose a volver con él año a año. De modo  que cuando Proserpina abandona el inframundo llega la primavera, y cuando vuelve con Plutón, comienza el otoño.

Por su parte, los vetones,  asentados en el Sistema Central, en la zona de Gredos, Sierra de Francia y Sierra de Gata, eran esencialmente ganaderos. Entre su legado se encuentran las representaciones animales, en concreto de cerdos y vacas, los llamados “verracos”, esculturas en piedra de las que son ejemplo archiconocido los “Toros de Guisando”. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

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Recreación de la vida cotidiana de los carpetanos