El Pinar de los Belgas. La Sociedad Belga de los Pinares del Paular

 El Pinar de los Belgas. La Sociedad Belga de los Pinares del Paular

Sociedad Belga de los Pinares del Paular. Fachada actual.

El Pinar de los Belgas. La Sociedad Belga de los Pinares del Paular. La toponimia de la Sierra de Guadarrama recoge en muchos casos nombres extranjeros como Camino Schmid, o patronímicos como los que se aplican a la conocida Ducha de los Alemanes o la frecuentada por los esquiadores,  Loma del Noruego. Y es que la Sierra de Guadarrama no solamente ha sido objeto de estudio, paseo y deleite de los habitantes serranos. Muchos ilustres extranjeros “colonizaron” este pedazo del Sistema Central, barrera y paso entre las dos Castillas y fuente inagotable para los ríos de sus dos vertientes, Duero y Tajo.

Llama la atención que uno de los pinares más densos y añejos de nuestra sierra, situado en el municipio de Rascafría –Madrid-, en la falda meridional de Peñalara, tenga atribuido el nombre de Pinar de los Belgas.

Para narrar la historia de estos pinares podemos retroceder en el tiempo casi tanto como deseemos, ya que su vida está relacionada con las ambiciones de riqueza de tantos y tantos hombres que durante siglos han perseguido su explotación. Quizá por eso resulta extraño que a día de hoy sigan perdurando y mantengan su esplendor.  Aunque lo que no han podido los años, ni las talas, ni los pleitos y cuitas lo pueda destrozar cualquier dominguero arrojando una colilla desde su coche, mientras sube al Puerto de Cotos, o uno de esos pirómanos que cada año asolan los bosques, y de los que nunca jamás conocemos nombres o motivos, una vez que el incendio se ha extinguido y ha pasado el sobresalto mediático. Esperemos que eso no ocurra por el bien del pinar y el nuestro.

 El Pinar de los Belgas. La Sociedad Belga de los Pinares del Paular

Sociedad Belga del Paular.

El Pinar de los Belgas o los Pinares del Paular como también se les denomina,  vienen a ser la continuación del Pinar de Valsaín por el otro lado de Peñalara, algo así como el envoltorio de la montaña que con excepción de sus partes más altas y desabridas se recubre con dos densas masas forestales en cada una de sus laderas. Y del mismo modo que el Pinar de Valsaín perteneció a la Ciudad y Tierra de Segovia desde el s. XII, el pinar de la ladera sur, también era propiedad segoviana.

Sin embargo, en 1675 el poder de los monjes cartujos del Monasterio de El Paular, que era mucho poder, se hizo efectivo con una Real Cédula de Carlos II que les concedía el  dominio sobre el monte en detrimento de la Ciudad y Sierra de Segovia. No en vano, los cartujos ya habían hecho sus “pinitos” en el Valle del Lozoya, y nos referimos a lo concerniente a la tala de pinos, porque en lo relativo a  explotación de pastos para sus ganados tenían todas los derechos desde 1390. Aún así no podían los monjes evitar la tentación de echar mano a la madera, y más de un pino sucumbió a sus hachas y fue objeto de comercio en poblaciones cercanas al Valle.

En cualquier caso, los pleitos entre segovianos y cartujos por un “quitame allá esos pinos” se dieron por terminados con la mencionada Real Cédula de Carlos II. La cosa quedó en rotunda victoria para los monjes. Con la Iglesia habían topado los recios segovianos, que más tarde toparon con el monarca, ya que los pinares de Valsaín acabaron siendo propiedad del rey Carlos III en 1761, aunque sí tuvo la delicadeza el monarca ilustrado de dejarles sacar ramas de acebo para el Domingo de Ramos y piornos de las alturas para proteger los ventisqueros; menos da una piedra. A cambio, eso sí, el Pinar de Valsaín permaneció intacto y vigilado. Nunca sabremos qué hubiera ocurrido si su explotación hubiera quedado al arbitrio de vaya usted a saber qué administrador, que tampoco los ciudadanos de a pie somos hermanitas de la caridad, y menos en lo que se refiere a los asuntos de la naturaleza.

Así las cosas, a comienzo del s. XIX todo estaba repartido y los Pinares de Valsaín eran conocidos como “Pinar del Rey” y los del lado madrileño como “Pinar de los Frailes”.

En 1837, la Desamortización de Mendizabal arrebató a los cartujos o puso a disposición del pueblo, como queramos, los pinares de la zona madrileña que fueron adquiridos por una sociedad civil belga para su explotación. La decisión levantó ampollas, ya sabemos que en nuestro país molesta mucho que los extranjeros se hagan con el control de nuestras cosas, ya sean pinares, banca o eléctricas, y de hecho algunos levantamientos patrióticos se llegaron a producir, pero la sangre no llegó al río y los pinares fueron para los belgas que los explotaron a través de la sociedad denominada Sociedad Belga de los Pinares de El Paular.

Hoy día, estos pinares y los de Valsaín son un ejemplo de explotación maderera. Su estado de conservación es óptimo y cabe preguntarse qué hubiera ocurrido si la Sociedad Belga de los Pinares del Paular no se hubiera hecho con su aprovechamiento. La respuesta es sencilla, hubiera ocurrido exactamente lo mismo que ocurrió con los aledaños pinares de Malagosto y el Reventón, que fueron completamente talados para obtener el máximo beneficio posible en el menor espacio de tiempo posible. Eso fue lo que hicieron con ellos los empresarios patrios a los que se adjudicaron aquellos montes. Y es que la cultura del pelotazo parece que viene de lejos. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).