Garrapatas, un ácaro a temer

Dermacentor marginatus. ©Cosmin ManciShutterstock 803x1024 Garrapatas, un ácaro a temer

Dermacentor marginatus. ©Cosmin Manci/ Shutterstock

Las garrapatas se encuentran donde haya animales que puedan suministrarles alimento. Ello significa que no hay prácticamente ningún lugar en el campo que no sea susceptible de la presencia de estos arácnidos. Animales como los zorros, jabalíes, conejos y, en general, cualquier vertebrado, incluyendo aves y reptiles, portan o son potenciales portadores de garrapatas, que después de alimentarse se sueltan de su hospedador para digerir su alimento y esperar el paso de nuevas víctimas. Por lo general, las zonas con hierbas altas son idóneas para que la garrapata espere enganchada a ellas el paso de otro mamífero.

Sin duda, la existencia de estos artrópodos está casi asegurada allí donde pasta o descansa el ganado. La presencia de ovejas es casi una garantía de que las garrapatas andan cerca.

Respecto a su preferencia por zonas secas o húmedas, ello dependerá de las especies concretas. Algunas están adaptadas al monte mediterráneo, otras a zonas de ribera o a herbazales húmedos.

Miden entre 2 y 6 mm de longitud. Su tamaño aumenta cuando han absorbido sangre. Tienen forma ovalada, color pardo rojizo o marrón. Algunas especies presentan dibujos en su cuerpo. La cabeza es pequeña y está provistas de órganos sensoriales y un aparato bucal succionador que se fija férreamente atravesando la piel. Las patas están perfectamente preparadas para agarrase, trepar y moverse con soltura por el cuerpo y el pelo de sus huéspedes, así como a las hierbas en las que esperan su paso para dejarse caer sobre ellos.  Su picadura es indolora, por lo que su presencia es imperceptible.

Son transmisoras de muchas enfermedades, ya que la garrapata es portadora de otros parásitos, bacterias y virus.  Pueden producir fiebres de muchos tipos: tifus, tularemia, borreliasis,  monocitosis o la enfermedad de Lyme. También tienen una toxina que provoca parálisis progresiva de las extremidades y que se extiende hacia el resto del cuerpo. Esta parálisis es especialmente relevante en animales, pero también afecta al ser humano.

Si vamos a caminar entre herbazales, hierbas altas o lugares donde haya ganado, llevar pantalón largo y remeterlo debajo de los calcetines es una forma de impedir la entrada de estos artrópodos. Lo mismo cabe decir de la camisa o camiseta, mejor por debajo del pantalón que suelta, para cerrar así la entrada de garrapatas a la altura de la cintura. También podemos emplear un repelente que puede adquirirse en las farmacias. Aún así, no hay que confiarse, ya que el repelente nunca es eficaz al cien por cien.

Hay muchas teorías sobre a forma de extraer una garrapata de nuestro cuerpo, una vez que nos ha parasitado. Emplear vaselina, gasolina, alcohol, usar las uñas, pinzas, girar al animal en sentido contrario a las agujas de reloj hasta un determinado punto, etc, etc. Lo mejor es acudir a un centro sanitario para que la quiten de forma adecuada y nos apliquen el desinfectante o medicamento más apropiado. Hay que tener en cuenta que si tiramos fuerte del animal, corremos el riesgo de dejar su cabeza en nuestro cuerpo y al apretarlo podemos inyectarnos las bacterias que porta. No corramos riesgos, acudamos a un centro sanitario y en pocos minutos habremos eliminado el problema. Por cierto, si el afectado es nuestro perro, vayamos al veterinario. © Ángel Sánchez Crespo. SI TE HA PARECIDO INTERESANTE ESTE ARTÍCULO, ENCUENTRA MÁS INFORMACIÓN DE ÉSTA Y OTRAS ESPECIES EN NUESTRO LIBRO QUÉ NO PISAR, NO COMER Y NO TOCAR EN LA NATURALEZA

Ixodes ricinus ©EriK Karits Shutterstock 1024x682 Garrapatas, un ácaro a temer

Ixodes ricinus ©EriK Karits/ Shutterstock