Una silla eléctrica que no había donde enchufar

Una silla eléctrica que no había donde enchufar. Menelik II fue el emperador de Etiopía entre 1889 y 1913.Cuando se enteró de que en Estados Unidos se había puesto punto y final a la vida de William Kemmler con la silla eléctrica, a Menelik le pareció que aquello era de lo más interesante, no solo porque tenía unas cuantas vidas que quitar, sino por lo curioso del artefacto.

Mandó importar tres sillas eléctricas. Nada más llegar las desembaló y quiso probarlas. El primero en ser ajusticiado, un pobre delincuente común, se sentó en la silla, pero aquello no funcionó. A Menelik se le habían olvidado dos cosas muy importantes: que la silla eléctrica había que enchufarla, y que en su país aún no había corriente eléctrica.

Lejos del desencanto, el emperador de Etiopía decidió utilizar las sillas eléctricas como trono real. Un par para él, por supuesto, y otra para el doble que lo acompañaba a todas partes por si alguien atentaba contra su dignísima persona. © ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO, autor del libro HISTORIA INSÓLITA. HECHOS HISTÓRICOS DISPARATADOS

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