AMANECER DE OTOÑO. ANTONIO MACHADO

Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros. Zarzas, malezas, jarales.
Está la tierra mojada
por las gotas del rocío,
y la alameda dorada,
hacia la curva del río.
Tras los montes de violeta
quebrado el primer albor:
a la espalda la escopeta,
entre sus galgos agudos, caminando un cazador.

EL MAR ES UN OLVIDO. (DONDE HABITE EL OLVIDO). LUIS CERNUDA

El mar es un olvido,

una canción, un labio;

el mar es un amante.

fiel respuesta al deseo./

Es como un ruiseñor,

y sus aguas son plumas;

impulsos que levantan

a las frías estrellas./

Sus caricias son sueño,

entreabren la muerte,

son lunas accesibles,

son la vida más alta./

Sobre espaldas oscuras

las olas van gozando.

GRILLO CONSTANTE. MARIO BENEDETTI

Mientras aquí en la noche sin percances

pienso en mis ruinas, bajo a mis infiernos

inmóvil en su dulce anonimato

el grillo canta nuevas certidumbres/

mientras hago balance de mis yugos

y una muerte cercana me involucra

en algún mágico rincón de sombras

canta el grillo durable y clandestino/

mientras distingo en sueños los amores

y  los odios proclamo ya despierto

implacable rompiente soberano

el grillo canta en nombre de los grillos/

la ansiedad de saber o de ignorar

flamea en la penumbra y me concierne

pero no importa desde su centímetro

tenaz como un obrero canta el grillo.

POEMA Nº 9/LA MEMORIA DE LA NIEVE. JULIO LLAMAZARES

De nuevo llega el mes de las avellanas y el silencio.

Otra vez se alargan las sombras de las torres, la plenitud azul del huerto familiar.

Y en la noche se escucha el grito desolado de las frutas silvestres.

Sé  muy bien  que éste es el mes de la desesperanza.

Sé muy bien que tras los mimbres lánguidos del río acecha un animal de nieve.

Pero era en este mes cuando buscábamos orégano y genciana, flores moradas para aliviar las piernas abrasadas de las madres.

Y recibo el recuerdo como una lenta lluvia de avellanas  y silencio.

El enebro de la miera. Juniperus oxycedrus.

 El enebro de la miera. Juniperus oxycedrus.

Paisaje de Juniperus oxycedrus

El Juniperus oxycedrus o enebro de la miera, se distingue del enebro común por las dos líneas blancas que recorren sus hojas. Es un árbol relativamente frecuente en el piedemonte, en muchos casos acompañado de encinas en las zonas más bajas y de roble melojo a medida que se gana altura. Sus frutos, pequeñas bolitas redondas con aroma a ginebra si se estrujan –de hecho  el fruto del enebro se emplea para aromatizar esta bebida-, se denominan arcéstidas, y son de color verde inicialmente, aunque luego adquieren tonos ocres y rojizos a lo largo de los dos años que tardan en madurar.

En la actualidad  los ejemplares que perduran apenas alcanzan los cinco metros, si bien llegan a los veinte, y de hecho el paisaje serrano madrileño del siglo XVI, según algunas crónicas, contaba con grandes masas de estos árboles cuya altura superaba la veintena de metros. De crecimiento muy lento y resistente a las temperaturas extremas, su población se ha ido viendo mermada como consecuencia de las actividades ganaderas, y muy especialmente por el uso que durante siglos se hizo de su madera.

 

 El enebro de la miera. Juniperus oxycedrus.

Juniperus oxycedrus

La madera del Juniperus oxycedrus es especialmente dura y resistente, dicen que no se pudre, y se empleó en la construcción de edificios durante los siglos XVI y XVII. Sin  embargo, su uso más peculiar y que supuso gran parte de su destrucción fue el de la “miera”, que es como se denomina la resina que desprende su madera, y que se obtenía mediante la cocción en hornos fabricados al aire libre  en el suelo. Esta sustancia servía para combatir la roña o sarna de las ovejas, llamada “escabro”. Hay que tener en cuenta que en los siglos XVII y XVIII el ganado ovino era especialmente abundante, de hecho las fotos que ilustran este artículo están hechas en la Cañada Real Segoviana que atraviesa la zona madrileña.

 El enebro de la miera. Juniperus oxycedrus.

Tronco de enebro de la miera

 

Compañera del enebro de la miera es la sabina albar Juniperus thurifera especialmente importante y abundante en la zona segoviana. Otro día hablamos de ella. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS.

 El enebro de la miera. Juniperus oxycedrus.

Arcéstidas maduras del segundo año

 El enebro de la miera. Juniperus oxycedrus.

Arcéstidas

Árboles, termómetros de nuestra salud

Fabricantes de oxígeno, generadores de microclimas, captadores de agua y testigos de la historia de los hombres son, entre otras muchas  cosas, los árboles.  Pero no parece que a pesar de ello corran buenos tiempos para  estos seres vivos  vegetales singulares donde los haya. Más de 8.000 especies están actualmente en peligro de extinción en todo el mundo. Árboles, termómetros de nuestra salud

¿Somos verdaderamente conscientes del lujo que significa tener un árbol  cerca de nosotros o las ventajas que genera una pequeña  arboleda  próxima al lugar en el que vivimos?

De la importancia de los ecosistemas en la naturaleza nadie tiene ninguna duda, pero igualmente, los “bosques urbanos” cumplen funciones muy importantes. Mucho más allá de su función ornamental y decorativa, hay que saber que las especies con follaje especialmente denso, por ejemplo, tienen una gran capacidad para retener partículas contaminantes presentes en el polvo y el humo que se genera en las ciudades, capacidad que se multiplica cuanto más longevo, más desarrollado, sea el ejemplar en cuestión.

Entre las especies más comunes presentes en las ciudades de nuestro país, los plátanos, por ejemplo, retienen hasta 40 partículas diferentes; sophoras, robinias y moreras, hasta 45 elementos; y castaños de indias hasta 50 elementos químicos diferentes. A esta ventaja hay que sumar  su capacidad para generar oxígeno continuamente. Basta otro ejemplo: una encina de tamaño medio con una copa de entre 6 y 8 metros  de diámetro produce el oxígeno que consumen 10 personas en un día, mientras que un coche circulando durante una hora consume el oxígeno que necesitarían 800 personas para sobrevivir durante una jornada.

Las grandes arboledas tienen un papel fundamental también en la reducción del ruido y en su capacidad para frenar  la fuerza del viento. Ambos factores están en relación con la densidad del follaje y la edad del ejemplar. Cuanto más desarrollado sea el árbol mejor hará su labor como cortavientos, lo cual influye directamente en la reducción  del consumo de energía para calefacción si está plantado con orientación al norte y protege del viento frío del invierno nuestras casas.

Los árboles tienen también una cualidad particular para atraer y retener la vida animal de aves e insectos que nos proporciona considerables beneficios en la vida urbana. Y no hay que pasar de largo sobre su indudable valor terapéutico  desde el punto de vista emocional y psicológico. Sobre su capacidad para acelerar los procesos de curación en enfermos se han hecho estudios que corroboran que personas hospitalizadas con similares dolencias tardaron menos tiempo en restablecerse cuando sus habitaciones tenían contacto visual con árboles y plantas.

Otros factores fundamentales de las arboledas urbanas en los que no caemos con frecuencia  los urbanitas son la capacidad que éstas tienen para bajar la temperatura en el área en el que se encuentran y para incrementar el grado de  humedad, para disminuir el efecto de “isla de calor” tan temido en los meses de verano.

Es fácil imaginar la sensación que nos transmite la ciudad en la que vivimos si la recreamos sin árboles, arbustos y plantas. Sólo asfalto, edificaciones de ladrillo,  hormigón, acero  y cristal compondrían una postal nada sugerente. Hay que saber, por ejemplo, que los edificios sólo absorben entre un 10 y un 20% de la radiación solar, es decir, que el resto cae directamente sobre nuestras cabezas, mientras que un bosque absorbe más del 50% de dicha radiación, o que los árboles, además de generar oxígeno,  absorben  enormes cantidades de dióxido de carbono en el proceso de fotosíntesis.

Otro tanto habría que decir sobre la influencia de las grandes arboledas presentes en las ciudades con respecto al  grado de humedad. Alrededor de un 5% se puede incrementar la humedad relativa del aire en una arboleda de follaje denso y gran porte compuesta por 50 ejemplares y hasta 4 grados puede bajar la temperatura media en los  espacios urbanos en los que predominan grandes árboles y arbustos. ISABEL PÉREZ GARCÍA  para GUADARRAMISTAS

Umbilicus rupestris. Un ombligo como el de Venus

 Umbilicus rupestris. Un ombligo como el de Venus

Ombligo de Venus

Umbilicus rupestris. El ombligo de VenusUmbilicus rupestris, es una de las pocas plantitas que se pueden ver todo el año, incluso en los meses fríos. Sus hojas, con capacidad para almacenar agua, son carnosas y brillantes. Crecen al abrigo de las rocas y muros, aprovechando las pequeñas cantidades de sustrato existente entre las grietas. En período invernal, todavía sin  sus flores, resultan un anticipo de la fructífera primavera cada vez más cercana. La floración del ombligo de Venus se produce entre los meses de abril y julio.

Umbilicus rupestris es una de las plantas que saben aprovechar al máximo los nutrientes de la tierra y los excrementos animales. Los nutrientes animales existentes en las cuevas -los murciélagos son grandes productores de ellos-, son aprovechados por el ombligo de Venus, que también coloniza estos espacios.

Según el Discórides renovado de Pio Font Quer, Hipócrates recomendaba comer sus hojas para procrear hijos varones. No hay constancia de la efectividad de tal uso en el pasado, ni explicación en la actualidad a tal necesidad, pero ahí queda como curiosidad.  Lo que sí parece más efectivo es su empleo para calmar quemaduras, ya que las hojas, desprovistas de su  cutícula, ofrecen una superficie acuosa, limpia y fresca con algunas propiedades antisépticas. En cualquier caso, dejemos a la planta en su sitio porque en las farmacias ya hay otros remedios más eficaces.

Umbilicus rupestris, ombligo de Venus, también se ha utilizado para el consumo humano. Se dice que sus hojas en ensalada tienen un buen sabor.

En cuanto al nombre científico,  Umbilicus rupestris, hace referencia a su forma y a su hábitat principal, las rocas y sus fisuras. El nombre común ha añadido a la forma de ombligo el nombre de la diosa romana del amor y la fertilidad, Venus. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

Umbilicus rupestris ombligo de Venus con flores incipientes Umbilicus rupestris. Un ombligo como el de Venus

Umbilicus rupestris, ombligo de Venus con flores incipientes © Ángel S. Crespo 2013 guadarramistas.com

Ombligo de Venus detalle de la flor Umbilicus rupestris. Un ombligo como el de Venus

Ombligo de Venus, detalle de la flor.© Ángel S. Crespo 2013 guadarramistas.com

El pregonero del bosque

 El pregonero del bosque El pregonero del bosque El pregonero del bosque

Una de las aves que suelen acompañarme en los paseos por el bosque es el arrendajo Garrulus glandarius. Similar en tamaño a la urraca, algo más pequeño y estilizado, es un córvido con un plumaje muy vistoso. Se caracteriza por sus sonoros y estridentes graznidos de alerta, que en más de una ocasión sobrecogen, no en vano hay quien le llama el “pregonero del bosque”. Especialmente llamativa es su manía obsesiva por esconder bellotas entre los huecos de los árboles y en el suelo, estrategia que emplean para mantener a salvo una buena despensa de alimento cuando los insectos del verano dejan de existir. Por suerte para la propagación de la planta, el arrendajo olvida con facilidad el lugar donde escondió su botín, o simplemente no lo necesita.

Otro comportamiento que llama la atención en este animal es la relación que mantiene con las homigas rojas Formica rufa. Estas hormigas, habitantes del pinar, por donde se mueve como pez en el agua el arrendajo, construyen hormigueros que llegan a alcanzar una altura de un metro y de metro y medio de diámetro. Justo encima del hormiguero el arrendajo se sitúa y ahueca sus alas, esperando ser bombardeado por el ácido fórmico que esta especie de hormigas lanza con fuerza para defenderse. Parece ser que el ácido fórmico sirve de desinfectante y potente limpiador para el plumaje. ÁNGEL S. CRESPO  para GUADARRAMISTAS

Lycaena tityrus bleusei

lycaena bleusei 681x1024 Lycaena tityrus bleusei

Lycaena bleusei.

Esta preciosa y pequeña mariposilla, de entre dos y tres centímetros, es un endemismo ibérico. Se encuentra únicamente en el Sistema Central, con alguna cita esporádica en la Sierra del Moncayo (Soria). Frecuenta zonas húmedas, prados y claros de bosques hasta los 1.400 m de altitud. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

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