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La leyenda del perro flamígero de El Paular

41 El perro flamigero de El Paular copia La leyenda del perro flamígero de El Paular

© Ángel Sánchez Crespo. Visión de una de las torres del Monasterio de El Paular

La leyenda del perro flamígero de El Paular. Esta leyenda tiene como protagonistas a los mismísimos monjes de El Paular y lo que sucedió en el monasterio. Es una historia de monjes, mendigos y perros envueltos en llamas, de la que mejor no extraer conclusiones o moralejas porque las moralejas son para las fábulas, no para las leyendas, menos racionales y explicables.

Cuenta la leyenda que los monjes de El Paular abrían las puertas cada mañana para dar limosna a los pobres que hasta allí se acercaban. Siguiendo la costumbre, un día, uno de los mendigos habituales no acudió, o lo hizo tarde. Sin comida y aterido de frío murió a las puertas de la cartuja. Cuando los monjes descubrieron su cadáver decidieron darle sepultura, y lo hicieron excepcionalmente e infringiendo la costumbre monacal, en el claustro reservado a los monjes. Después de hacerlo, se retiraron a descansar a sus celdas, hasta las diez de la noche, hora en la que todos se reunían para orar en la sillería del coro.

A la hora prevista se hicieron sonar las campanillas de las celdas y los monjes salieron para cumplir sus obligaciones, pero todos ellos se encontraban más cansados que de costumbre. Extrañados, decidieron ver la hora que marcaba el reloj lunar del monasterio. Fue cuando descubrieron que habían sido llamados una hora antes que de costumbre. Atribuyeron el error al monje encargado de hacer las llamadas, pero la situación se repitió los días posteriores. Por ello, cuatro de los monjes más fornidos, armados con palos, y por lo que se ve, no muy amigos de las bromas, se escondieron alrededor del patio, esperando encontrar al saboteador de descansos.

Sin embargo, lo que pensaban era una broma se convirtió en una escena terrorífica. Comprobaron que un perro envuelto en llamas agitaba las campanillas de todas las celdas y que después, a toda prisa, acudía a esconderse en la tumba del mendigo al que habían dado sepultura en el claustro monacal.

Después de mantener una reunión urgente, concluyeron que tal vez el mendigo habría sido un pecador condenado a las llamas del infierno. Así que decidieron sacar el cadáver de su tumba y arrojarlo al estanque de la huerta. Dicen que desde entonces, todas las noches a las doce en punto se oyen, desde el estanque, los ladridos de un perro.

Como decíamos al comienzo, mejor no sacar conclusiones porque la más sencilla daría como resultado que no hay que confiar en nadie, menos aún si ese alguien es pobre; u otra más tétrica, que no hay que enterrar muertos ajenos en tu casa. Pero como dijimos, es una leyenda, no una fábula. © ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS EN NUESTRO PRÓXIMO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

La Maliciosa, una montaña con leyenda retratada por Velázquez

La Maliciosa La Maliciosa, una montaña con leyenda retratada por Velázquez

La Maliciosa

 

La Maliciosa, una montaña con leyenda retratada por Velázquez. Con su par de enormes riscos en su cara sur, La Maliciosa es uno de los picos más elevados y de fisonomía más particular de la sierra de Guadarrama. Cuenta con 2.227 metros de altitud y está situada en el noroeste de la Comunidad de Madrid, asomando entre La Pedriza  y el valle de La Barranca.

Se atribuye su  nombre, Montaña Maliciosa, a la dificultad de su ascenso, por su perfil escarpado, su orografía rocosa y por su desnivel acumulado que suma más de 1.100 metros. También se conoce al Pico de La Maliciosa  como La Monja, por su parecido al tocado de las  religiosas cuando la nieve cubre sus formas.

Entre sus rutas de ascenso, las hay que entrañan significativas dificultades técnicas. La ruta norte, desde el puerto de Navacerrada, llegando al Alto de Las Guarramillas, conforma  su ascenso más sencillo. Su cara sur es la más escarpada.

La Maliciosa fue retratada por el mismísimo Diego de Velázquez en 1635, en el retrato del Príncipe Baltasar Carlos a caballo, en cuyo fondo aparece este famoso pico cubierto de nieve.

Además de retratada por uno de los mejores pintores de la historia, La Maliciosa, como no podía ser de otra forma, con ese nombre, tiene su propia leyenda. Se cuenta que en tiempos muy remotos, la austera roca que  es, en su parte más alta, era entonces un espléndido jardín, huerta u oasis. Hasta él sólo sabía acceder una anciana siniestra  de mañas “brujiles” que residía en la población de Cercedilla. No en vano, a la señora se la conocía como La Maligna.

Dice la leyenda que un día la curiosidad de un grupo de vecinos se desbordó y éstos no pudieron evitar seguir a la anciana para averiguar cómo conseguía llegar hasta aquél magnífico y desconocido vergel. Pero La Maligna, al darse cuenta de que la seguían invocó a los peores poderes y desató un incendio formidable que acabó con la curiosidad, los vecinos y el maravilloso jardín que albergaba este pico de la sierra de Guadarrama que, desde entonces, y una vez apagado el incendio, dejó a la vista su cara lavada de granito. ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

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La Maliciosa, al fondo, cubierta de nieve. © ISABEL PÉREZ

El Montón de Trigo y su leyenda

Montón de Trigo desde el Cerro Minguete copia El Montón de Trigo y su leyenda

El Montón de Trigo es una de las montañas más altas de la sierra de Guadarrama con sus 2.160 metros de altitud. Forma parte del cordal montañoso de La Mujer Muerta, pertenece a la provincia de Segovia y, en concreto, a la localidad de El Espinar. Normalmente, se asciende a su cima por la ladera sur, partiendo de un sendero que se inicia en el puerto de La Fuenfría, en dirección oeste. En la distancia, llama la atención su forma cónica que recuerda  en línea y volumen al de un montón de trigo.

La leyenda que ha trascendido sobre esta montaña dice que un avaro caballero, propietario de tierras en la zona segoviana, se negó a dar limosna a un mendigo que pasó por su finca en el momento en que  apilaba el grano de su cosecha. Su montón de trigo era tan grande que el mendigo le recriminó que fuera tan miserable. Poco después, tras la marcha del mendigo y una terrible tormenta, todo el trigo que el avaro amontonaba se convirtió en tierra, dando lugar a la hermosa montaña del cordal de La Mujer Muerta que conocemos y que lleva por nombre El Montón de Trigo.

OS OFRECEMOS AQUÍ UNA RECREACIÓN DE ESTA LEYENDA

Un puñado de siglos atrás, las tierras segovianas se calentaban con el mismo sol que hoy, se ventilaban con recios vientos en invierno y frescas brisas en verano, y se volvían tiernas con las lluvias que llegaban en hora. Se alternaban, pues, los buenos y los malos años para las cosechas, como antes de antes y después de ahora.

Cerca de lo que hoy conocemos como la ciudad de Segovia vivía un hacendado caballero, propietario de una finca tan extensa que sus cultivos alcanzaban las primeras lomas de las montañas y llegaban hasta las más bajas riberas. Toda fanega le parecía corta al caballero para sacarle partido. Era conocido en la provincia y más allá por su inconmensurable avaricia.

Para él trabajaban docenas de labriegos  y sus familias, que malvivían con el escaso salario que recibían. Apenas un pedazo de pan, un cuartillo de agua y algún fruto silvestre llenaban el morral, así que  se veían obligados a llevar a sus esposas e hijos también a trabajar, de sol a sol, en las tierras del avaro caballero para que al menos pudieran mal alimentarse.

El año de la decimosexta cosecha el invierno había sido severo y húmedo, generoso en nieves y heladas, la primavera llegó vestida de fiesta y las lluvias que trajo con ella fueron cadenciosas y abundantes. Después se estrenó un verano seco y puntual como el bastón del avaro, así que la recolección del cereal fue la mejor y más abundante en muchos años.

Los labriegos y sus familias que trabajaban para el señor lo hacían en duras y largas jornadas, pero todo esfuerzo le parecía poco al dueño de las tierras. Un día de principios de julio, el sol calentaba tanto y tan fuerte que las espigas quemaban en las manos de los labriegos. Estos pidieron un descanso  y un refrigerio para seguir trabajando, a lo que el avaro se negó. Los campesinos comenzaron a caer sobre el campo de cereal como alfileres que se pierden en una alfombra, pero aún así, el señor  les negó el descanso.

El hacendado disfrutaba viendo crecer su montón de trigo, hora tras hora y día tras día, desde la frescura de su lujosa mansión, haciendo coincidir en el horizonte  su bastón para medir, a distancia,  cómo elevaba su punta y sus laderas aquél montón que podía verse a la legua en la llanura segoviana.

Pasaron unos días más y estaba a punto  de concluir la recolección cuando acudió hasta las puertas de su propiedad uno de tantos mendigos que cada día llamaban a pedir limosna. El propietario siempre los despachaba de la misma forma, enviaba a sus perros, previamente enfurecidos por la falta de comida y aprecio, y así conseguía que ni siquiera uno de aquellos desdichados llegara a abrir la boca para pedirle algo. Pero el mendigo que se aproximó hasta la puerta de su casa aquél caluroso día de verano, no solo no se asustó con los terribles ladridos de aquella jauría, sino que consiguió consolarlos y transformar sus feroces dentelladas en gemidos lastimeros. Al instante, el avaro se sorprendió al dejar de oír a sus canes y se aproximó a la puerta para comprobar qué pasaba. Cuando llegó encontró a un hombre de edad madura, vestido con ropa desgajada, que descubría una piel cuarteada por el sol. No podía dar crédito al ver cómo sus perros lo rodeaban y colmaban de lamidos y atenciones. El avaro, con voz enfurecida le recriminó:

-Qué haces aquí?, ¿quién eres y quién te ha dado permiso para estar en el umbral de mi casa y tocar a mis perros?

-Ellos han venido hasta mi, señor, -respondió-. Soy un pobre caminante de paso, en una jornada en que el sol podría, con uno solo de sus infinitos rayos, secar una charca al instante. Es por eso que os pido un poco de agua y un pedazo de pan para poder seguir mi camino.

-¿Cómo te atreves a pedirme algo a mí,  infecto y nulo personaje? -le respondió el avaro-.

-Disculpad, señor, no es mi intención ofenderos. No hay una hacienda en leguas a la redonda. Únicamente la vuestra, por la que os felicito, ya que parece magnífica y abundante. El camino me ha llevado hasta aquí, camino que me espera en su largo recorrido hacia las tierras altas sorianas. Sólo pido un poco de agua y el puñado de cereal que quepa en uno de sus puños para poder seguir andando el camino.

-Pues podéis seguir el camino, ya que no encontraréis en mi puño nada que pueda daros, salvo mi más sincero desprecio. Y quitaos de en medio que ofendéis mi vista y el brillo de mi grano, -dijo, despreciando al hombre, al tiempo que señalaba con su vara su poderoso montón-.

-Pero señor, -insistió el mendigo-, ¿cómo podéis decir que no tenéis nada para entregar a un pobre miserable como yo, si desde la honda llanura se ve brillar el dorado grano que estáis recogiendo?

-He dicho que desaparezcas de mi vista,¡ ya!, -gritó el caballero-. Voy a cerrar los ojos y cuando los vuelva a abrir no estarás delante. De lo contrario, tendrás que vértelas como mis capataces y acabarás en la mazmorra más oscura y húmeda que puedas imaginar. Así dejarás de tener sed, estúpido y atrevido desgraciado, -sentenció-.

Al instante, el avaro abrió sus ojos y el mendigo había desaparecido. Movió su cabeza a uno y otro lado esperando hallar su espalda y el polvo de sus pasos, pero no encontró rastro del mismo, solo a sus perros lamentando su ausencia.

El caballero volvió al interior de su hacienda, se sentó en su sillón y comprobó con su vara puesta en el horizonte cómo había crecido su descomunal montón de grano. No bastándole con eso, salió de casa a paso ligero y se acercó  hasta el montón, se agachó, llenó sus manos del grano que se le escapaba entre los dedos, y levantando los puños al cielo,  gritó enfurecido, una y otra vez: -¡Es mío, mío, mío……solo mío!-. Sintió un regocijo tan grande como el estruendo que sonó al unísono. En un instante, sin saber por dónde habían llegado, enormes nubes negras como su capa borraron el horizonte. Todos los labriegos corrieron a ponerse a refugio porque sin que dejara de sonar la voz en grito del avaro, se escuchó otro gran bramido en ese cielo que había traído  la noche en pleno día. Pero no cayó ni una sola gota de agua.

Atónitos, los campesinos vieron, ante sus ojos, cómo la figura  del codicioso caballero se transformaba en miga de pan, primero, e instantes después, en tierra, la misma tierra en la que se convirtió el enorme montón de trigo, dando lugar a una montaña colosal de piedra y arena que nadie se atrevió a tocar. En su cúspide se veía asomar algo que los labriegos no tardaron en identificar, era el bastón que usaba el viejo avaro. Un instante después  también se convirtió en polvo.

La montaña, preciosa e inmensa, se mostraba como una gran sombra, pero muy poco tiempo después las nubes se fueron estirando hasta desaparecer por completo. Entonces, todos pudieron ver su trazo perfecto, sus delineadas laderas y su cima, de punta tan fina que parecía que sólo los hombres buenos podrían alcanzarla, de uno en uno.© ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

Las mil leyendas de La Mujer Muerta

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La Mujer Muerta desde el Palacio de Riofrío

Las mil  leyendas de La Mujer Muerta. La Mujer Muerta es una formación montañosa que forma parte de la sierra de Guadarrama y que pertenece a la provincia de Segovia. Abarca unos 11 km de distancia en su extensión de este a oeste y su pico más alto es La Pinareja con 2.197 metros de altitud. En ella también se integran otros picos muy conocidos como El Montón de Trigo, la Peña del Oso y el Pico Pasapán.

¿A qué debe su nombre La Mujer Muerta? No hay que poner mucha  imaginación si se observa la cadena montañosa desde la llanura segoviana. A distancia se distingue, perfectamente, lo que podría ser una cabeza y el resto del cuerpo, con los brazos cruzados sobre el torso, de una figura femenina tumbada y vista de perfil. Con tan caprichosa forma, no cabe duda, de que  no una, sino varias, son las leyendas que  sobre esta montaña hay.

Una de ellas dice que fue Hércules, hijo de Júpiter (Zeus para los griegos) y fundador de la ciudad de Segovia,  el que moldeó la figura de la mujer, en el transcurso de los años, por deseo del caballero que lo acompañaba en la tarea de la fundación de la ciudad de Segovia.

Cuenta le leyenda que cerca de lo que hoy conocemos como Segovia capital, caminaba Hércules acompañado de su caballero, cuando se encontraron con un grupo de mujeres. Todas menos una salieron corriendo, asustadas por la descomunal figura de Hércules. El caballero cayó rendido a los pies de la valerosa y bella muchacha, de la que rápidamente se enamoró.

Al enterarse el padre de la joven de que podía perder  a su bella hija,  que también se había enamorado del caballero, éste, preso de los celos, prefirió quitarle la vida antes de verla caer en los brazos de su pretendiente. El caballero quedó tan triste y desolado por la pérdida de la joven que pidió a Hércules que esculpiera su figura en la montaña, encomienda que le llevó muchos años, hasta dejar la figura que hoy podemos ver  en el horizonte desde Segovia.

Otra de las leyendas habla de una joven que murió de pena cuando su amado partió a la guerra y no volvió nunca junto a ella, no se sabe si porque perdió la vida o porque cambió de planes.

Otra leyenda, menos romántica y bastante más truculenta, habla de la pasión que un pastor sentía por la bella hija de un granjero. Loco de celos, el pastor acabó con la vida de otro pretendiente que se había fijado en ella y también con la de su pretendida. Se cuenta que poco tiempo después y tras una terrible tormenta, la tierra se abrió y surgió la gran formación montañosa con la forma de la joven muerta.

También se dice que en algún momento lejano en el tiempo, dos hombres se disputaron el amor de una misma mujer. Como no encontraron mejor modo de resolver sus diferencias que enfrentarse a espada, en medio de la lucha de ambos, la mujer se interpuso resultando herida de muerte por las armas de los dos caballeros. De nuevo, y tras una terrible tormenta nocturna, a la mañana siguiente se descubrió en el horizonte la figura de la dama asesinada.

Otra versión nos hace imaginar a dos hermanos siempre en plena contienda entre ellos y a una madre desesperada por  hallarlos en paz. Tal era su desasosiego que ofreció su vida en sacrificio a los dioses, a cambio de que terminaran las disputas entre sus vástagos. Los dioses aceptaron el trato y entonces,  tras una interminable tormenta,  apareció el cuerpo de la madre muerta, que se tornó en montaña para vergüenza de sus hijos, que en ese mismo momento terminaron sus enfrentamientos para siempre. ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

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Atardecer de otoño en La Mujer Muerta

El Escorial, las puertas del infierno y otras leyendas

Monasterio de San Lorenzo de El Escorial visto desde el monte Abantos El Escorial, las puertas del infierno y otras leyendas

Monasterio de San Lorenzo de El Escorial visto desde el monte Abantos

El Escorial, las puertas del infierno y otras leyendas. El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial fue construido en el S. XVI y es la expresión de los deseos del todopoderoso monarca Felipe II. Una edificación de tales características refleja perfectamente el poder omnímodo del monarca. Pocas obras hay en España que simbolicen mejor el papel que los Austrias y el Imperio Español tuvieron en aquel momento de la historia.

Felipe II era un hombre reservado, culto, amante del arte, los libros y la arquitectura, es lo que dicen los historiadores. También tenía un profundo sentimiento religioso. Quizá la suma de todos estos rasgos determinaron la construcción del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Sin embargo, las razones por las que el rey decidió iniciar semejante obra se han analizado desde todos los puntos de vista y, por supuesto, no podían faltar las mistéricas, esotéricas y mágicas, esas que son las más apartadas de la realidad, pero que cuentan con mayor número de seguidores. Quizá por ello, hay alrededor del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial varias leyendas.

Una de ellas cuenta que la estatua de San Lorenzo, situada en la fachada principal, y que tiene aparentemente la mirada perdida hacia la montaña, está indicando el punto exacto donde se encuentra escondido un tesoro de grandísimas proporciones.

Otra leyenda habla del diablo enfurecido. Dice que el propio Satanás se mostró en su forma original ante una niña que no quiso venderle su alma. Lleno de ira, golpeó el suelo con su pie y dejó la marca de su talón sobre la roca. La supuesta pisada está en las inmediaciones del paraje conocido como Silla de Felipe II. Ya sabemos que el agua y el hielo esculpen la piedra creando figuras y marcas asombrosas, basta con darse una vuelta por La Pedriza. Pero hablar de tafonis, diaclasas y otros fenómenos geológicos es menos efectista que esta historia del diablo.

En la década de los 80 se comenzó a hablar de apariciones marianas. Una señora dijo haber presenciado como la Virgen se le aparecía sobre un fresno. Desde entonces y durante dos décadas se ha producido un peregrinaje continuo al paraje denominado Prado Nuevo, donde la Virgen María, tras el oportuno trance de la visionaria, se aparecía para curar milagrosamente, hacer bailar al sol y de paso, hacer también milagros con la cuentas corrientes de los convocantes a tales actos.

Pero la historia más espeluznante es la que habla de las puertas del infierno. Se dice que el infierno, que por lo visto queda por debajo del suelo, tiene puertas de entrada. Una de ellas está en Italia, en Turín, y la otra, precisamente en El Escorial. La leyenda dice que el  rey Felipe II mando construir el Monasterio encima de la puerta del infierno para que hiciera de tapadera. Según dicen, estas entradas infernales tienen como vigilantes a perros con tres cabezas, los cancerberos. Para acentuar la leyenda, mientras se realizaban las obras del Monasterio, los trabajadores estaban atemorizados por la presencia de un perro muy fiero que les perseguía. Cuentan que capturaron al perro y lo ahorcaron exhibiéndolo sobre una de las torres. También ha llegado hasta nuestros días la anécdota de que el propio Felipe II, residente en las dependencias del monasterio, una vez que concluyeron las obras, decía escuchar los ladridos del perro muerto. ÁNGEL S. CRESPO  para  GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

La Catedral de Segovia y la leyenda del carro del diablo

 

img 2520 La Catedral de Segovia y la leyenda del carro del diablo

Actual catedral de Segovia.

La Catedral de Segovia  está relacionada con un enclave de la Sierra de Guadarrama a través de una antigua leyenda en la que también interviene el mismísimo diablo. No nos estamos refiriendo a la magnífica Catedral de Segovia que actualmente contemplamos, cuyo nombre completo es  Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y San Frutos, o de forma más sincrética, Catedral de Santa María de Segovia. Nos referimos a la antigua Catedral de Segovia, que fue prácticamente destruida en el año 1520 durante las feroces contiendas de la Guerra de las Comunidades de Castilla. La actual se construyó entre los siglos XVI y XVIII, precisamente para sustituir a la que es objeto de la leyenda. La antigua se encontraba junto al Alcázar, y las obras finales de su construcción se encargaron al insigne arquitecto Juan Guas allá por el Siglo XV.

Cuenta la leyenda que Juan Guas no veía el momento de terminar las obras, y que era apremiado una y otra vez para finalizarlas. Preso de la desesperación y para acabar las dichosas obras, hizo eso que llaman “un pacto con el diablo”. Dice la leyenda que gracias a ese pacto los carros cargados de piedra iban llegando rápidamente a Segovia. Lo hacían a través del Puerto del Reventón, un paso de montaña situado entre el Valle del Lozoya y La Granja de San Ildefonso, municipio este ultimo ya cercano a la capital segoviana.

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Carro del diablo.

Cuando faltaba el último carro cargado de piedra, el arquitecto ya confiado en terminar, decidió romper su pacto, y ya sabemos que Satanás no encaja bien esos desplantes. Así que ese último carro quedo completamente petrificado en el Puerto del Reventón sin llegar nunca a su destino, impidiendo que las dos torres catedralicias quedaran terminadas.

Actualmente podemos ver el supuesto carro en la subida al Puerto, y la verdad es que si le echamos imaginación, ese conjunto de bolos de granito puede parecer un carro, o algo similar. Lo cierto es que una de las dos torres de la antigua Catedral de Segovia era de menor altura que la otra. También dicen que solamente tuvo una. Vaya usted a saber. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

img 2521 La Catedral de Segovia y la leyenda del carro del diablo

Catedral de Segovia.

La Laguna de Peñalara y sus leyendas

 La Laguna de Peñalara y sus leyendas

Laguna Grande de Peñalara.

La Laguna de Peñalara o Laguna Grande de Peñalara es de origen glaciar y se localiza en el fondo del circo de Peñalara, a 2.017 metros de altitud. Pertenece al término municipal de Rascafría y está dentro del Parque Natural de Peñalara. Un lugar bello y enigmático rodeado de praderas y áreas rocosas con piornos y enebros rastreros.

Entre su fauna destacan anfibios y aves y puesto que se trata de una zona de especial protección medioambiental, no se permite transitar libremente a los senderistas y visitantes, sino únicamente por los caminos marcados.

La profundidad máxima de sus aguas es de 4,7 metros y su perímetro es de 650 metros. Sus aguas permanecen congeladas aproximadamente entre diciembre y marzo y a ella se llega por un camino perfectamente marcado que sale del Puerto de Cotos, a 1.830 metros de altitud.

Esta laguna permanente es la más grande del Parque Natural de Peñalara y la más visitada. Por supuesto, también tiene sus propias leyendas, entre ellas la más conocida, la de La Pastora, que cuenta que cada noche de Difuntos emerge de las aguas la figura de una pastora que trató de salvar a un cordero de morir ahogado, en plena noche, al confundir sus balidos con unos extraños sonidos que nacían de las oscuras aguas de la Laguna.

Otra de las leyendas, la de Los dos Amigos que curiosamente investigaban la leyenda anterior, dice que mientras uno de ellos leía un libro en la orilla, el otro se adentró en la laguna. Cuando el que leía cerró de golpe el libro, el que se había atrevido a entrar en la laguna fue engullido por las aguas. Así son las cosas de las leyendas, aunque ésta tiene más tintes de leyenda urbana que  de bucólica. ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

La cueva del monje que pactó con el Diablo

 La cueva del monje que pactó con el Diablo

Varias son las versiones que circulan sobre la leyenda de la Cueva del Monje, situada en el bosque de Valsaín (Segovia). En todas ellas el protagonista es un hidalgo cristiano conocido por el nombre de Segura, que vendió su alma al diablo a cambio  de riqueza y poder, en una versión, o a cambio de la eterna juventud, en otra.

Segura  se refugió en la famosa cueva de Guadarrama albergando, seguramente, la esperanza de no ser localizado por su temido acreedor, el Diablo. Pero claro está, el innombrable conocía perfectamente todas las rutas internacionales habidas y por haber, incluida esta tan local en los bosques de Valsaín, y acudió años después a cobrarse su deuda.

 La leyenda  dice que el tal Segura, ya convertido en monje solitario, se encomendó entonces a la Virgen, la cuál  logró convencer al Diablo para que abandonara su propósito. Desde entonces, como no podía ser de otra forma, se dice que por los bosques de la localidad segoviana vaga solitaria el alma del monje y que aún puede oírse en las noches invernales de luna llena su lamento entre los legendarios pinos de este lugar.  ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

El Cancho de los Muertos y la cruz de El Mierlo

 El Cancho de los Muertos  y la cruz de El Mierlo

El Cancho de los Muertos

El Cancho de los Muertos y la cruz de El Mierlo. Esta conocida mole granítica de La Pedriza que en la actualidad frecuentan los  escaladores, sirvió en su momento a los bandoleros para dirimir cuitas y ajusticiar a sus víctimas arrojándolas por el precipicio. Por La Pedriza del Manzanares se refugiaron Pablo Santos, Barrasa, y hasta el mismísimo Luis Candelas, el más famoso bandolero de Madrid,  que al parecer era más temido por el miedo que daba que por lo malo que era.

Dice la leyenda que tres bandoleros secuestraron a la joven hija de unos ricachones madrileños, que la llevaron al Cancho de los Muertos, y que el jefe de la banda decidió que la muchacha era “suya”. Aprovechando que el jefe se ausentó, los otros dos lucharon por ser los primeros en abusar de ella, y en tal lucha uno murió a manos del otro. Cuando el jefe volvió, no convencido por las explicaciones del vivo, trató de arrojarlo por el precipicio, pero éste le enganchó del tobillo y los dos se despeñaron. La joven quedó allí sola, pero libre, y fue rescatada por un pastor de cabras, El Mierlo, quien la llevó a Madrid y renunció al trabajo y recompensa que los padres de la muchacha le ofrecieron. Cuando El Mierlo volvió a su Pedriza, otros bandoleros pensando que sí había cobrado la codiciada recompensa lo asesinaron días después. Sus amigos pastores hicieron, con piedras en el suelo, una cruz en el lugar donde fue asesinado. Hasta aquí la leyenda.

Después, en 1920, Bernaldo de Quirós descubrió una cruz, que no fue capaz de volver a encontrar. En 1997 unos excursionistas descubrieron de nuevo la cruz, y hoy se puede acceder a ella tras un tortuoso camino. Dicen que esa cruz es la de El Mierlo. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO  para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

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