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La Senda de los Poetas

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Calzada romana, inicio de la ruta a la Senda de los Poetas. Fotografía de Jesús Mª de Zamarriego

La Senda de los Poetas. En el valle de La Fuenfría, en Cercedilla, existe una ruta muy frecuentada por excursionistas y senderistas que se inicia desde el aparcamiento de Majavilán, ubicado al final de la carretera de Las Dehesas. Se trata de una ruta que aúna naturaleza y poesía.

El itinerario atraviesa el Puente del Descalzo y la denominada Calzada Romana para llegar a la pradera de Los Corralillos, junto a la que está la Carretera de la República. Por el camino se atraviesan arroyos como el de la Navazuela, que nos lleva a otro enclave digno de contemplar, la Ducha de los Alemanes. Siguiendo por la Carretera de la República, a unos tres km llegamos, siguiendo la indicación, a los miradores de los poetas Luis Rosales, Machado, García Nieto y Panero. Junto a la pista nos encontramos, también, con el mirador de Vicente Aleixandre, en el alto de una roca. Éste fue el primer mirador que se construyó en honor del Premio Nobel de Literatura que consiguió en el año 1977 y a sus pies se esculpieron en la roca sus versos:

“Sobre esta cima solitaria os miro / Campos que nunca volveréis por mis ojos / Piedra de sol inmensa, eterno mudo / Y el ruiseñor tan débil que en su borde lo hechiza”

Poco después se decidió homenajear a otro ilustre poeta vinculado a la localidad de Cercedilla. Nos referimos a Luis Rosales. Y estos son los versos que permanecen en su honor:

“Las noches de Cercedilla / las llevo en mi soledad / y son la última linde / que yo quisiera mirar”

De Machado figuran los versos que dedicó a su admirado e insigne guadarramista Francisco Giner de los Ríos:

“¡Oh, sí!, llevad, amigos, / su cuerpo a la montaña, / a los azules montes / del ancho Guadarrama”

Este bello paseo conocido como La Senda de los Poetas agrupa los versos de imprescindibles poetas a lo largo del camino, todos esculpidos en las piedras.

Pero, quién y por  qué se inició la idea de aunar naturaleza y poesía. En 1984, un año después de fallecer Vicente Aleixandre, dos grandes guadarramistas, Juan Vielva y Antonio Sáenz de Miera promovieron la idea de erigir el monumento al poeta, bajo la inspiración y el propósito de llamar la atención sobre la riqueza de la sierra de Guadarrama y la necesidad de su protección.

En julio de ese año se llevó a cabo la primera marcha denominada Aurrulaque -denominación de uno de los parajes más hermosos de Cercecilla, la pradera de Navarrulaque-. Desde entonces, cada año, se lleva a cabo una marcha que rinde homenaje a los poetas y que trata de seguir concienciando sobre la necesidad de conocer, amar y respetar este paisaje, el de la sierra de Guadarrama. ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

El puerto de Cotos o puerto de El Paular

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En primer plano, uno de los cotos que da nombre al puerto

El puerto de Cotos o puerto de El Paular. El conocido puerto de Cotos es hoy uno de los concurridos puntos de encuentro de la sierra de Guadarrama. Lugar de reunión de esquiadores que van camino de la estación de Valdesquí, o de excursionistas de toda condición que concurren en este cruce de caminos para iniciar sus rutas hacia Peñalara, sus conocidas lagunas o las no menos conocidas vecinas cumbres de Dos Hermanas.

Hasta no hace muchos años unas cuantas pistas de esquí constituían la llamada Estación de Esquí de Valcotos, que fue desmantelada junto a sus telesillas, remontes y postes.

Como otros puertos y pasos históricos de montaña de la sierra de Guadarrama, el de Cotos ha tenido diversos nombres a lo largo de su dilatada historia.

En sus orígenes era conocido como puerto de El Paular. No en vano, el Monasterio de El Paular se sitúa apenas a unos kilómetros antes de iniciar la ascensión. Antiguamente, el puerto de El Paular era lugar de paso para pastores segovianos y del Valle del Lozoya, que cruzaban con sus rebaños hacia los más templados pastos de la vertiente sur de la sierra, esa que ahora se sitúa en la provincia de Madrid y que queda más resguardada de los vientos del norte.

También fue este paso de El Paular uno de los más peligrosos de la sierra, refugio de bandoleros y asaltantes de caminos como Manuel Rodríguez conocido como “El Rey de los Hombres” o Juan de Nieva “Cabeza Gorda”, que a finales del s.XVIII encontraban en la espesura de sus bosques el escondite perfecto para huir de sus fechorías. Aún con sus peligros,  a los habitantes del Valle del Lozoya no les quedaba otra solución que cruzar hacia Segovia por el Puerto de El Paular, si no querían hacerlo por el del Reventón, con un recorrido más corto pero con un mayor desnivel y dificultad. Muchos viajeros perdieron su vida perdidos entre la nieve, la ventisca y el frío, tratando de ahorrar tiempo por este puerto de nombre tan poco sugerente como  Reventón.

El nombre actualmente más empleado, puerto de Cotos, tiene su origen en 1761 cuando el monarca ilustrado Carlos III adquirió para la Corona los Montes de Valsaín, que pasaron a denominarse Pinar del Rey. Para delimitar la propiedad real de los Montes de Valsaín de la propiedad cartuja del Pinar de los Belgas, situado en la vertiente madrileña, el rey creó un cuerpo de guardería, a la vez que situó varios mojones o “cotos” delimitando así los montes de la Corona. De estos cotos, se pueden ver fácilmente dos, en lo alto del puerto, a ambos lados de la carretera, que se conservan restaurados.  De estos límites reales deriva el nombre de puerto de los Cotos que convive con el más antiguo de puerto de El Paular.  ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

Isabel de Farnesio, las intrigas de palacio, un bosque centenario y la mirada de un gamo

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Palacio Real de Riofrío

Isabel de Farnesio, palacio real de Riofrío. A tan solo 11 Km de La Granja de San Ildefonso -Segovia-, se encuentra el palacio real de Riofrío. Integrado en un bosque de más de 600 hectáreas y cercado con una tapia de piedra, este maravilloso paraje natural está repleto de encinas centenarias, gamos y ciervos. Se puede acceder al recinto vallado previo pago de entrada con la prohibición de bajarse del vehículo fuera de las zonas habilitadas.

Aún así, el trayecto en coche desde la entrada al bosque permite observar y fotografiar las evoluciones de los animales, recelosos pero bastante habituados a la presencia humana.

La historia del palacio real de Riofrío,  desde el que se divisa la silueta inconfundible de la mole montañosa conocida como “La Mujer Muerta”, se remonta al año 1752 cuando la reina consorte Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V, ordenó su construcción.

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La Mujer Muerta. Atardecer de otoño.

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La Mujer Muerta desde el Palacio de Riofrío

Isabel de Farnesio nació en Parma –Italia- en 1692. Consiguió ser heredera del Ducado de Parma tras las sucesivas muertes de quienes la precedieron en la línea sucesoria. Contrajo matrimonio con Felipe V en 1714, después de que el rey hubiera enviudado. Durante su vida conoció el reinado de cuatro reyes, el de su marido Felipe V, los de los hijos anteriores de éste, Luis I y Fernando VI, y el de su propio hijo, Carlos III, fruto de su enlace con  Felipe V.

Sobre ella se ha dicho que tenía un carácter manipulador, tanto que llegó a ser en la práctica la verdadera monarca. Tal vez asumió las competencias de gobierno que su marido no desarrollaba, porque Felipe V, curiosamente llamado “el animoso”, padecía crisis depresivas en las que descuidaba el reinado y  su higiene personal. Las “malas lenguas” dicen que solamente se animaba cuando alguna guerra estaba cerca, aunque por lo que parece, para procrear también andaba bien de ánimo, ya que tuvo siete hijos con Isabel de Farnesio y cuatro con su anterior esposa.

img 0607 1 Isabel de Farnesio, las intrigas de palacio, un bosque centenario y la mirada de un gamo

Atardecer de otoño en el bosque de Riofrío.

En 1724, Felipe V, inmerso en una de sus crisis, abdicó en favor de su hijo Luis I, que falleció ese mismo año de viruela, aunque en el corto reinado de Luis I parece que también era Isabel de Farnesio la que realmente reinaba. No sabemos si porque era manipuladora o porque Luis tenía 17 años y era bastante aficionado a las fiestas, su padre estaba deprimido y alguien tenía que ejercer la monarquía.

Así las cosas, Felipe V, con pocas ganas de reinar, volvió a asumir el trono hasta su muerte en 1746, en un estado continuado de deterioro físico y mental. Su sucesor, Fernando VI no tenía buena opinión de su madrastra, así que la obligó a residir en el palacio de La Granja de San Ildefonso, para alejarla de su lado. Unos años después, Isabel de Farnesio ordenó la construcción del palacio de Riofrío, a poca distancia del de La Granja, no sabemos si buscando mayor independencia para sus intrigas, como dicen algunos.

Fernando VI heredó el carácter depresivo de su padre y tras la muerte de su esposa, Bárbara de Braganza, entró en un estado irreversible de demencia hasta su muerte.

Tras la muerte de Fernando VI, Carlos III, hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio accedió al trono. Se plasmó así el deseo de su madre Isabel desde hacía muchos años. Tal vez no estaba equivocada porque se convirtió en uno de los mejores gobernantes de nuestra historia.

Isabel de Farnesio, una mujer controvertida sobre la que se han dicho muchas cosas, incluso que llegó a inocular la viruela a su hijastro Luis. Intelectual, culta, esbelta, bella y mujer avanzada a su tiempo para unos. Otros la denominaban despectivamente “la parmesana”  y decían de ella :”Se trata de una buena muchacha de veintidós años, feúcha, insignificante, que se atiborra de mantequilla y de queso parmesano y que jamás ha oído hablar de nada que no sea coser o bordar“. Cosas de la historia y de los que la cuentan. Sobre su belleza, en Internet pueden verse retratos suyos. Que cada uno juzgue según su gusto. Yo me quedo con el precioso gamo que nos despedía al salir del bosque del Palacio de Riofrío, siempre con La Mujer Muerta mirando de reojo desde su postura inconfundible.

Por cierto, Isabel de Farnesio, que falleció en 1766 en Aranjuez, reposa en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso -Segovia-, junto a su esposo Felipe V, monarca que eligió La Granja en vez de El Escorial para su descanso eterno. ÁNGEL S. CRESPO  para GUADARRAMISTAS (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

 

gamo Isabel de Farnesio, las intrigas de palacio, un bosque centenario y la mirada de un gamo

Un gamo en el bosque de Riofrío.

Sabinas, testigos de la historia

 Sabinas, testigos de la historia

Hojas y fruto de sabina albar.

Sabinas del valle del Lozoya. En  el valle del Lozoya se encuentra el único sabinar de Madrid. Se trata de un bosque relicto de sabina albar  Juniperus thrurifera que crece inusualmente en un suelo de gneis, cuando normalmente  este tipo de vegetación se desarrolla en suelos más blandos de tipo calizo. También resulta anormalmente curiosa su ubicación  a una altitud de hasta 1.300 metros.

Para llegar hasta él hay que hacer una ruta senderista  circular  de dificultad media, que dura unas tres horas, y en la que se recorren 13 km.  Para iniciar la ruta se puede llegar  hasta Navarredonda desde la N-I, desviación a la izquierda, pasado Buitrago por la M-634, y a la derecha pasado San Mamés por la M-974.

También se puede acceder a  Lozoya por la N-I, a la altura del kilómetro 68 pasado Lozoyuela, por la M-604.

 Sabinas, testigos de la historia

Juniperus thurifera.

Los sabinares  asentados en suelos ácidos como éste de Lozoya se caracterizan por la escasez de calcio  en el suelo y permiten que a estos hermosos árboles les acompañen otras plantas como jaras, cantuesos o mejorana, lo que hace del paseo en primavera y verano un regalo para los sentidos, siendo especialmente agradecido el del olfato.

La sabina albar pertenece a la familia de la cupresáceas y presenta unas hojas de color verde oscuro. Es fácil de reconocer por su forma cónica, que permanece en la mitad de su vida. Después  se diferencia perfectamente su tronco y su copa. Puede alcanzar los 20 m de altura y crece entre 1 y 3 mm de diámetro al año. Así que si tenemos la suerte de encontrarnos frente a frente con una sabina  de 1 o 2 metros de diámetro, podemos estar seguros de estar frente a un testigo de la historia de hace más de 1.000 años. ¿Puede haber algo que infunda más respeto? ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

El Abedular de Canencia

 El Abedular de Canencia

Abedular de Canencia.

Abedular de Canencia. No es el abedul Betula alba un árbol muy abundante en la Sierra de Guadarrama. Propio de latitudes más norteñas, la mayoría de los ejemplares que encontramos en nuestra Sierra son relictos, o lo que es lo mismo, restos del pasado más frío de las glaciaciones en el que el paisaje era más parecido al de Finlandia que al que actualmente tenemos.

El aumento de las temperaturas en el planeta fue reduciendo los bosques de abedul a las zonas más norteñas de la Península Ibérica. Más al sur, solamente perduran en reducidos bosquetes donde la humedad y las frescas temperaturas permiten su subsistencia.

En la Sierra de Guadarrama hay alguno de estos bosques, los de Navafría y Riaza en Segovia, y más al sur el de Canencia, en Madrid, probablemente este último, uno de los abedulares más meridionales de España. Allí convive este maravilloso árbol de corteza blanca junto a tejos, acebos, robles y pinos silvestres conformando una deliciosa ruta de paseo, especialmente en otoño.

El abedul, árbol de la sabiduría en la cultura celta, fue utilizado para fabricar papel, empleándose para ello su “librum” (corteza). Sus flexibles ramas sirvieron a modo de látigo que los inquisidores empleaban con frecuencia, y más tarde los maestros para proporcionar su “jarabe de palo”. En algunos lugares de Europa se elabora con su savia vino de abedul. También la “betulina” contenida en su corteza, es utilizada en el tratamiento de enfermedades de la piel. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

 El Abedular de Canencia

Tronco de abedul.

Un oasis de plata en Guadarrama

Un bosque de pino laricio en la Sierra de Guadarrama. Existe un pinar, cerca del pueblo de Guadarrama, muy poco común por estas latitudes. Su existencia y pleno esplendor se remonta  a la época de los Reyes Católicos. Hablamos de una agrupación de pino laricio -Pinus nigra-, considerada como la más antigua de España sobre terrenos ácidos, localizada cerca del embalse de La Jarosa, a unos seis kilómetros siguiendo una pista que lleva hasta las praderas de La Covacha y el arroyo de La Hilera.

El pino laricio tiene una corteza de color blanco plateado y es una especie que se desarrolla en suelos calizos. Lo normal es que esté presente en zonas del sur de la Península –aunque también se puede apreciar en áreas prepirenáicas-. Es muy raro encontrarlo en terrenos ácidos y graníticos como los de la Sierra de Guadarrama y más aún sabiendo que su origen no procede de la repoblación hecha por el hombre.

Los botánicos e ingenieros contabilizaron a primeros del siglo pasado más de 3.000 ejemplares en este bosque que hoy en día cuenta con alrededor de 5.000. No sólo sorprende su formación y desarrollo en terreno hostil, sino también su capacidad de supervivencia durante siglos, ante los embates de la biología y de la depredación humana. Un lujo, en cierto modo inexplicable, que está al alcance de nuestros ojos a cambio de un agradable paseo en plena naturaleza. ISABEL PÉREZ  para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

Pinar en el entorno del embalse de La Jarosa Un oasis de plata en Guadarrama

Pinar en el entorno del embalse de La Jarosa

La Morcuera, puerto de mal-abrigo

 La Morcuera, puerto de mal abrigo

La Morcuera en el mes de abril.

La Morcuera. Si hay un lugar frío, desarropado, ventoso y hasta inhóspito entre los puertos de montaña de la Sierra de Guadarrama, el de La Morcuera se lleva la palma. El viento del norte que azota en invierno a la umbría de La Najarra, viento al que los pastores llaman “escornacabras”, sopla como si alguien se hubiera dejado abiertas las puertas de toda la Sierra. Las extensas turberas cubiertas de nieve no hacen imaginable el maravilloso lugar que La Morcuera es en verano, donde se dan cita especies de mariposas escasas y muy localizadas que solamente allí y en algunos prados húmedos del Valle de Lozoya se pueden encontrar.

Quizá el propio nombre “Morcuera” esté relacionado con el frío intenso, ya que entre las diferentes explicaciones etimológicas y toponímicas hay una bastante elocuente. Morcuera sería la derivación de la palabra “malacuera” o “malcuera”. Una “cuera” era una especie de capa de abrigo que los pastores usaban antiguamente y que colocaban debajo del jubón, es decir, una prenda que reforzaba la protección ante el frío. “Malacuera” definiría el desabrigo o mal-abrigo que se sufre en esta zona. Otras versiones afirman que el nombre Morcuera hace referencia a una acumulación de piedras. En cualquier caso, piedras hay bastantes en La Najarra y frío todo el que queramos.  ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

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