Archive / EL HOMBRE Y LA SIERRA

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El Canto del Pico, algo más que una residencia de Franco

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Palacio de El Canto del Pico

Inconfundible e ineludible es la silueta del palacete que sobre los mil metros de altitud se asienta en el municipio de Torrelodones. Es una imagen que se cruza en el trayecto de miles de madrileños que cada fin de semana utilizan la concurrida A-VI, la antaño carretera de La Coruña, en su peregrinar hacia la sierra. Recuerdo de tiempos pasados, de la dictadura franquista, como lo es la cruz que preside Cuelgamuros o Valle de los Caídos; enclave estratégico, por su situación y sus vistas, por el entorno natural que lo rodea  y por ser puerta de entrada a la sierra, el Canto del Pico fue durante casi 40 años refugio y residencia de recreo del dictador. Un camino interno lo comunicaba con el Palacio del Pardo, la residencia principal de Franco.

La historia de este palacete, situado en la finca del mismo nombre, que a su vez procede de la forma que adopta la masa de granito donde se ubica, comienza en 1920 cuando José María del Palacio y Abárzuza, conde de las Almenas, inició su construcción. La obra se realizó según su propio gusto arquitectónico, utilizando piezas de  diferentes lugares de España. Las verjas las trajo el conde desde el Monasterio de las Salesas de Madrid, las columnas góticas del Palacio del Infante de Zaragoza, los capiteles del Castillo de Curiel de Duero, en Valladolid, los cruceros de Galicia, las tallas y ornamentos de Logroño y de La Seo de Urgell, y las columnas y arcos del monasterio de Santa María de Valldigna de Simat, en Valencia, estos últimos desmontados y devueltos a la Comunidad Valenciana a cambio de financiar una réplica.

Después de su construcción, el palacete fue lugar de descanso de Antonio Maura, presidente del Gobierno durante el reinado de Alfonso XIII y ministro de Ultramar, de Gobernación y de Justicia. Su amigo, el conde de las Almenas, permitió a Maura disfrutar en aquel entorno privilegiado de la pintura y la lectura, aficiones favoritas del expresidente. Allí mismo, un 13 de diciembre de 1925, murió Antonio Maura, al sufrir un derrame cerebral mientras bajaba las escaleras que conducen al jardín. El propio conde mandó inscribir en piedra, al pie de la escalera una frase que dice:

“Cuando bajaba estas escaleras subió al cielo Don Antonio Maura Montaner”

Pero la historia no termina aquí. Durante la guerra, el palacio de El Canto del Pico fue ocupado por el ejército republicano. Desde el mismo, Indalecio Prieto y los generales Miaja y Rojo dirigieron las operaciones de la terrible batalla de Brunete.

Terminada la guerra, el conde de las Almenas, afín al bando nacional, y que había perdido un hijo en la contienda, decidió en disposición testamentaria dejar el palacete al general Franco. A la muerte del dictador, el Canto del Pico sufrió un paulatino abandono por parte de la familia Franco. Muchas de sus numerosas obras de arte fueron saqueadas durante la década de los ochenta. En 1988, la familia propietaria vendió a una empresa privada la finca. La intención era construir un hotel de lujo aprovechando su excepcional ubicación, desde la que se divisan numerosos pueblos de la Comunidad de Madrid. A día de hoy, la burocracia, los pleitos, las licencias urbanísticas, el tiempo, el desdén, miles de discursos y pocos recursos, en  definitiva, nuestra idiosincrasia, han llevado a este pedazo de nuestra historia a la más completa ruina. Ni siquiera la réplica del claustro devuelto a la Comunidad Valenciana y pagado con fondos de dicha comunidad para sustituir al original, ha podido ser instalado, ya que no hay suficiente seguridad para evitar los saqueos. Triste destino para un edificio declarado monumento histórico artístico en 1930 y bien de interés cultural por la Comunidad de Madrid. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

Neil Armstrong pisó la Luna pasando por Fresnedillas de la Oliva

00 Neil Armstrong pisó la Luna pasando por Fresnedillas de la Oliva

Entrada al Museo Lunar de Fresnedillas de la Oliva

 

El 20 de julio de 1969, el comandante norteamericano Neil  Armstrong fue el primer hombre que pisó la Luna, al sur del Mar de la Tranquilidad, muy pocas horas después de haber alunizado. Para poder llevar a cabo este reto, se creó la Red de Vuelos Espaciales Tripulados (MSFN), que se extendía por todo el mundo y estaba compuesta por 11 estaciones de tierra, además de 5 barcos usados para el seguimiento y las comunicaciones con el Módulo de Mando del Apolo XI, nombre de la misión espacial tripulada que pretendía lograr el objetivo de que el ser humano llegara y pisara la Luna, y que a poder ser, ese primer hombre fuera estadounidense y no ruso. Ya saben como era la relación entre Estados Unidos y la URSS en esos días.

Este hito histórico se retransmitió a todo el planeta desde las instalaciones del Observatorio Parkes, en Australia. Además de las estaciones de tierra creadas para llevar a cabo la misión y mantener comunicación con ella, se instalaron  tres antenas para mantener las comunicaciones con los astronautas. Estaban situadas a distancias y longitudes exactas para que en todo momento se mantuviera comunicación con las tripulaciones. Una se situó en  Goldstone -California-, otra en Honeysuckle Creek -Australia- y la tercera y última, en Fresnedillas de la Oliva -Madrid-, municipio de la rampa serrana madrileña.

Lo que no muchos sabrán es que la estación de Fresnedillas fue la que el 20 de julio de 1969 mantuvo el contacto con la tripulación del Apollo 11, informando al comandante Neil Armstrong y  al piloto del módulo lunar, Buzz Aldrin, de que les quedaban menos de 30 segundos para alunizar. A su vez, en Fresnedillas, se escuchó la voz de Armstrong diciendo : “El Águila ha alunizado”.

La estación de Fresnedillas trabajó para la NASA entre  1967 y 1984.

Para recordar este episodio de la historia de la humanidad, se creó en Fresnedillas el Museo Lunar, en el que se encuentran piezas únicas que pertenecieron a Neil Armstrong, trajes de astronautas,  planes de vuelo originales,  la maquinaria que se usó  en la estación para emitir y recibir las señales de los astronautas, maquetas, etc. Un espacio curioso para visitar en el entorno de la sierra de Guadarrama. Sorprendente. ISABEL PÉREZ  para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

Los orígenes del alpinismo español

cropped valsac3adn bajo pec3b1alara Los orígenes del alpinismo español

El macizo de Peñalara, visto desde Valsaín

La Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara nació en 1913, bajo el nombre de asociación Peñalara “Los doce amigos” y fundó y puso en marcha, también, la revista Peñalara. La sociedad la integraban una docena de adelantados a su época, amantes de la naturaleza y enamorados de la sierra de Guadarrama, en concreto, un profesor naturalista, un estudiante de Derecho, un profesor de Mercantil, dos astrónomos, un tipógrafo, cuatro funcionarios y dos poetas. El presidente de la asociación era Constancio Bernaldo de Quirós.

Dos años después, en 1913 la asociación se convirtió en un espacio más abierto y participativo, inspirado en los principios de la Institución Libre de Enseñanza. Desde entonces, su actividad se diversificó y ya en este momento, de principios del siglo pasado, fue la primera institución que reclamaba y promovía que la sierra de Guadarrama se convirtiera en Parque Nacional, lo que no se ha conseguido hasta casi un siglo después.

Desde la asociación se promovió la creación de federaciones de montañismo y la construcción de refugios de montaña. En 1921 ya contaba con 2.000 socios y el rey Alfonso XIII, que era presidente honorífico le concedió el título de Real Sociedad. Unos años más tarde, en 1928, fue admitida en la Federación Internacional de Esquí.

Otro hecho importante a destacar fue su importante labor para crear una agrupación de alta montaña que reunía a los mejores alpinistas pertenecientes a la sociedad, con la intención de promover el nombre de Peñalara, y también de desarrollar la formación, mediante cursos, de nuevos alpinistas. Esto ocurrió a principios de los años 30 con la presidencia de Antonio Victory Rojas. A partir de este momento, los alpinistas españoles dejaron su huella en las más importantes cumbres de todo el mundo.

En 2013 se celebró su centenario y en la actualidad, la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara sigue promoviendo importantes e interesantes actividades deportivas y culturales. Colabora también con la asociación Amigos del Guadarrama, que organiza, cada año, el famoso Aurrulaque, una cita en la que se aúna deporte, naturaleza y cultura en la localidad serrana de Cercedilla.

No podemos dejar de mencionar otra institución creada a principios de siglo, en 1906, el Club Alpino Español, agrupación de esquí y montaña dedicada a promover los deportes de montaña.  Su fundador, Manuel González de Amezúa decidió fundar el club para practicar el alpinismo y el esquí junto a otros diecinueve amigos. Lo llamaron  Twenty Club. Ese fue el origen del Club Alpino Español, con sede en el puerto de Navacerrada. ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

La Senda de los Poetas

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Calzada romana, inicio de la ruta a la Senda de los Poetas. Fotografía de Jesús Mª de Zamarriego

La Senda de los Poetas. En el valle de La Fuenfría, en Cercedilla, existe una ruta muy frecuentada por excursionistas y senderistas que se inicia desde el aparcamiento de Majavilán, ubicado al final de la carretera de Las Dehesas. Se trata de una ruta que aúna naturaleza y poesía.

El itinerario atraviesa el Puente del Descalzo y la denominada Calzada Romana para llegar a la pradera de Los Corralillos, junto a la que está la Carretera de la República. Por el camino se atraviesan arroyos como el de la Navazuela, que nos lleva a otro enclave digno de contemplar, la Ducha de los Alemanes. Siguiendo por la Carretera de la República, a unos tres km llegamos, siguiendo la indicación, a los miradores de los poetas Luis Rosales, Machado, García Nieto y Panero. Junto a la pista nos encontramos, también, con el mirador de Vicente Aleixandre, en el alto de una roca. Éste fue el primer mirador que se construyó en honor del Premio Nobel de Literatura que consiguió en el año 1977 y a sus pies se esculpieron en la roca sus versos:

“Sobre esta cima solitaria os miro / Campos que nunca volveréis por mis ojos / Piedra de sol inmensa, eterno mudo / Y el ruiseñor tan débil que en su borde lo hechiza”

Poco después se decidió homenajear a otro ilustre poeta vinculado a la localidad de Cercedilla. Nos referimos a Luis Rosales. Y estos son los versos que permanecen en su honor:

“Las noches de Cercedilla / las llevo en mi soledad / y son la última linde / que yo quisiera mirar”

De Machado figuran los versos que dedicó a su admirado e insigne guadarramista Francisco Giner de los Ríos:

“¡Oh, sí!, llevad, amigos, / su cuerpo a la montaña, / a los azules montes / del ancho Guadarrama”

Este bello paseo conocido como La Senda de los Poetas agrupa los versos de imprescindibles poetas a lo largo del camino, todos esculpidos en las piedras.

Pero, quién y por  qué se inició la idea de aunar naturaleza y poesía. En 1984, un año después de fallecer Vicente Aleixandre, dos grandes guadarramistas, Juan Vielva y Antonio Sáenz de Miera promovieron la idea de erigir el monumento al poeta, bajo la inspiración y el propósito de llamar la atención sobre la riqueza de la sierra de Guadarrama y la necesidad de su protección.

En julio de ese año se llevó a cabo la primera marcha denominada Aurrulaque -denominación de uno de los parajes más hermosos de Cercecilla, la pradera de Navarrulaque-. Desde entonces, cada año, se lleva a cabo una marcha que rinde homenaje a los poetas y que trata de seguir concienciando sobre la necesidad de conocer, amar y respetar este paisaje, el de la sierra de Guadarrama. ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

La Maliciosa, una montaña con leyenda retratada por Velázquez

La Maliciosa La Maliciosa, una montaña con leyenda retratada por Velázquez

La Maliciosa

 

La Maliciosa, una montaña con leyenda retratada por Velázquez. Con su par de enormes riscos en su cara sur, La Maliciosa es uno de los picos más elevados y de fisonomía más particular de la sierra de Guadarrama. Cuenta con 2.227 metros de altitud y está situada en el noroeste de la Comunidad de Madrid, asomando entre La Pedriza  y el valle de La Barranca.

Se atribuye su  nombre, Montaña Maliciosa, a la dificultad de su ascenso, por su perfil escarpado, su orografía rocosa y por su desnivel acumulado que suma más de 1.100 metros. También se conoce al Pico de La Maliciosa  como La Monja, por su parecido al tocado de las  religiosas cuando la nieve cubre sus formas.

Entre sus rutas de ascenso, las hay que entrañan significativas dificultades técnicas. La ruta norte, desde el puerto de Navacerrada, llegando al Alto de Las Guarramillas, conforma  su ascenso más sencillo. Su cara sur es la más escarpada.

La Maliciosa fue retratada por el mismísimo Diego de Velázquez en 1635, en el retrato del Príncipe Baltasar Carlos a caballo, en cuyo fondo aparece este famoso pico cubierto de nieve.

Además de retratada por uno de los mejores pintores de la historia, La Maliciosa, como no podía ser de otra forma, con ese nombre, tiene su propia leyenda. Se cuenta que en tiempos muy remotos, la austera roca que  es, en su parte más alta, era entonces un espléndido jardín, huerta u oasis. Hasta él sólo sabía acceder una anciana siniestra  de mañas “brujiles” que residía en la población de Cercedilla. No en vano, a la señora se la conocía como La Maligna.

Dice la leyenda que un día la curiosidad de un grupo de vecinos se desbordó y éstos no pudieron evitar seguir a la anciana para averiguar cómo conseguía llegar hasta aquél magnífico y desconocido vergel. Pero La Maligna, al darse cuenta de que la seguían invocó a los peores poderes y desató un incendio formidable que acabó con la curiosidad, los vecinos y el maravilloso jardín que albergaba este pico de la sierra de Guadarrama que, desde entonces, y una vez apagado el incendio, dejó a la vista su cara lavada de granito. ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

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La Maliciosa, al fondo, cubierta de nieve. © ISABEL PÉREZ

La ruta de las atalayas

Atalaya de Torrepedrera. El Berrueco La ruta de las atalayas

Atalaya de Torrepedrera. El Berrueco

La ruta de las atalayas. La sierra de Guadarrama, como parte del Sistema Central, es una barrera orográfica que delimita, de forma natural, las mitades norte y sur peninsulares. La barrera montañosa determina la climatología y el régimen de precipitaciones deteniendo, en la vertiente sur, los vientos ábregos que fluyen desde el suroeste, o haciendo frente a las borrascas cantábricas que quedan en parte frenadas, en la cara norte segoviana.

Al estar ubicada en el centro peninsular, la sierra de Guadarrama siempre ha sido lugar de paso obligado en el tránsito entre norte y sur, por lo que en épocas de conflictos bélicos, el control de sus pasos era fundamental para el desarrollo de las contiendas. Ejemplo de ello son la Guerra de la Independencia contra los ejércitos napoleónicos o la más reciente Guerra Civil.

Remontándonos mucho tiempo atrás, allá por los siglos IX y X, la España que conocemos no era más que un proyecto. La mitad sur era de domino musulmán, mientras que la mitad norte era cristiana. En el centro, una vez más, la sierra de Guadarrama marcaba un límite, una especie de raya bien visible por la que unos u otros tenían que “asomar”, necesariamente, si querían hacerse con los territorios del enemigo. No es de extrañar que las tierras aledañas a la sierra fueran zonas deshabitadas, peligrosas y, por supuesto, las primeras en recibir la visita inesperada del rival.

Las proximidades a las montañas, o lo que es lo mismo, toda la rampa serrana de lo que actualmente es la provincia de Madrid, formaban parte de la denominada “marca media”, es decir, la línea del “no pasarán”. En este territorio madrileño el dominio era musulmán. Por ello, los ejércitos de emires y califas que durante los siglos IX y X ejercían su poder estaban muy atentos a las posibles incursiones cristianas desde las tierras del norte.

Para ejercer este control, los musulmanes crearon una red de atalayas, palabra que procede del árabe -talala, pequeña torre-. Estaban situadas estratégicamente en una línea de promontorios desde donde se controlaba visualmente  cualquier incursión cristiana. A la vez servían para vigilar los desmanes y revueltas que dentro del propio territorio pudieran producirse.

Si desde una de esas atalayas se divisaba al enemigo, el hecho se comunicaba desde la parte superior de la edificación haciendo señales luminosas con objetos reflectantes, señales de humo, o encendiendo hogueras en lo alto, si el acontecimiento se producía en la noche. Desde Talamanca del Jarama, centro neurálgico de todo este sistema de comunicaciones con alcance visual a las señales, se tomaban las medidas necesarias para organizar a los ejércitos y preparar la defensa o el ataque.

Las atalayas que actualmente perduran en Madrid se encuentran distribuidas por las proximidades de lo que es hoy la autovia A-1, a unos 50 Km de Madrid capital. Se conservan en razonable estado las de Venturada, Arrebatacapas en Torrelaguna, Torrepedrera en El Berrueco y El Vellón. Ha desaparecido otra existente en El Molar.

Estas torres de vigilancia tenían y tienen forma circular, con unos gruesos muros de mampostería de unos 2 m de anchura. Su estructura interna se compone de tres partes. La primera es la sólida base que arranca del suelo y puede alcanzar los 3 metros de altura. Sobre ésta se eleva una segunda planta en la que está situada la entrada, que a simple vista parece una ventana. Realmente es la entrada, situada por encima de los 3 metros para hacer más difícil el posible acceso del enemigo al interior. De hecho para  acceder se necesitaba una escala de cuerdas o un agarramanos. Hoy día, las vemos a una altura inferior, ya que debido a la acumulación de tierra y materiales geológicos, el terreno está más elevado que lo estaba cuando se construyeron.

Todas ellas fueron declaradas, en 1983, Bien de Interés Cultural con la categoría de monumento, y en torno a ellas se articula la denominada “ruta de las  atalayas” que discurre entre los municipios en las que se encuentran situadas: El Vellón, Venturada, El Berrueco y Torrelaguna. ÁNGEL S. CRESPO  para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

El puerto de Cotos o puerto de El Paular

DPP 0001 1 copia 3 El puerto de Cotos o puerto de El Paular

En primer plano, uno de los cotos que da nombre al puerto

El puerto de Cotos o puerto de El Paular. El conocido puerto de Cotos es hoy uno de los concurridos puntos de encuentro de la sierra de Guadarrama. Lugar de reunión de esquiadores que van camino de la estación de Valdesquí, o de excursionistas de toda condición que concurren en este cruce de caminos para iniciar sus rutas hacia Peñalara, sus conocidas lagunas o las no menos conocidas vecinas cumbres de Dos Hermanas.

Hasta no hace muchos años unas cuantas pistas de esquí constituían la llamada Estación de Esquí de Valcotos, que fue desmantelada junto a sus telesillas, remontes y postes.

Como otros puertos y pasos históricos de montaña de la sierra de Guadarrama, el de Cotos ha tenido diversos nombres a lo largo de su dilatada historia.

En sus orígenes era conocido como puerto de El Paular. No en vano, el Monasterio de El Paular se sitúa apenas a unos kilómetros antes de iniciar la ascensión. Antiguamente, el puerto de El Paular era lugar de paso para pastores segovianos y del Valle del Lozoya, que cruzaban con sus rebaños hacia los más templados pastos de la vertiente sur de la sierra, esa que ahora se sitúa en la provincia de Madrid y que queda más resguardada de los vientos del norte.

También fue este paso de El Paular uno de los más peligrosos de la sierra, refugio de bandoleros y asaltantes de caminos como Manuel Rodríguez conocido como “El Rey de los Hombres” o Juan de Nieva “Cabeza Gorda”, que a finales del s.XVIII encontraban en la espesura de sus bosques el escondite perfecto para huir de sus fechorías. Aún con sus peligros,  a los habitantes del Valle del Lozoya no les quedaba otra solución que cruzar hacia Segovia por el Puerto de El Paular, si no querían hacerlo por el del Reventón, con un recorrido más corto pero con un mayor desnivel y dificultad. Muchos viajeros perdieron su vida perdidos entre la nieve, la ventisca y el frío, tratando de ahorrar tiempo por este puerto de nombre tan poco sugerente como  Reventón.

El nombre actualmente más empleado, puerto de Cotos, tiene su origen en 1761 cuando el monarca ilustrado Carlos III adquirió para la Corona los Montes de Valsaín, que pasaron a denominarse Pinar del Rey. Para delimitar la propiedad real de los Montes de Valsaín de la propiedad cartuja del Pinar de los Belgas, situado en la vertiente madrileña, el rey creó un cuerpo de guardería, a la vez que situó varios mojones o “cotos” delimitando así los montes de la Corona. De estos cotos, se pueden ver fácilmente dos, en lo alto del puerto, a ambos lados de la carretera, que se conservan restaurados.  De estos límites reales deriva el nombre de puerto de los Cotos que convive con el más antiguo de puerto de El Paular.  ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

El Montón de Trigo y su leyenda

Montón de Trigo desde el Cerro Minguete copia El Montón de Trigo y su leyenda

El Montón de Trigo es una de las montañas más altas de la sierra de Guadarrama con sus 2.160 metros de altitud. Forma parte del cordal montañoso de La Mujer Muerta, pertenece a la provincia de Segovia y, en concreto, a la localidad de El Espinar. Normalmente, se asciende a su cima por la ladera sur, partiendo de un sendero que se inicia en el puerto de La Fuenfría, en dirección oeste. En la distancia, llama la atención su forma cónica que recuerda  en línea y volumen al de un montón de trigo.

La leyenda que ha trascendido sobre esta montaña dice que un avaro caballero, propietario de tierras en la zona segoviana, se negó a dar limosna a un mendigo que pasó por su finca en el momento en que  apilaba el grano de su cosecha. Su montón de trigo era tan grande que el mendigo le recriminó que fuera tan miserable. Poco después, tras la marcha del mendigo y una terrible tormenta, todo el trigo que el avaro amontonaba se convirtió en tierra, dando lugar a la hermosa montaña del cordal de La Mujer Muerta que conocemos y que lleva por nombre El Montón de Trigo.

OS OFRECEMOS AQUÍ UNA RECREACIÓN DE ESTA LEYENDA

Un puñado de siglos atrás, las tierras segovianas se calentaban con el mismo sol que hoy, se ventilaban con recios vientos en invierno y frescas brisas en verano, y se volvían tiernas con las lluvias que llegaban en hora. Se alternaban, pues, los buenos y los malos años para las cosechas, como antes de antes y después de ahora.

Cerca de lo que hoy conocemos como la ciudad de Segovia vivía un hacendado caballero, propietario de una finca tan extensa que sus cultivos alcanzaban las primeras lomas de las montañas y llegaban hasta las más bajas riberas. Toda fanega le parecía corta al caballero para sacarle partido. Era conocido en la provincia y más allá por su inconmensurable avaricia.

Para él trabajaban docenas de labriegos  y sus familias, que malvivían con el escaso salario que recibían. Apenas un pedazo de pan, un cuartillo de agua y algún fruto silvestre llenaban el morral, así que  se veían obligados a llevar a sus esposas e hijos también a trabajar, de sol a sol, en las tierras del avaro caballero para que al menos pudieran mal alimentarse.

El año de la decimosexta cosecha el invierno había sido severo y húmedo, generoso en nieves y heladas, la primavera llegó vestida de fiesta y las lluvias que trajo con ella fueron cadenciosas y abundantes. Después se estrenó un verano seco y puntual como el bastón del avaro, así que la recolección del cereal fue la mejor y más abundante en muchos años.

Los labriegos y sus familias que trabajaban para el señor lo hacían en duras y largas jornadas, pero todo esfuerzo le parecía poco al dueño de las tierras. Un día de principios de julio, el sol calentaba tanto y tan fuerte que las espigas quemaban en las manos de los labriegos. Estos pidieron un descanso  y un refrigerio para seguir trabajando, a lo que el avaro se negó. Los campesinos comenzaron a caer sobre el campo de cereal como alfileres que se pierden en una alfombra, pero aún así, el señor  les negó el descanso.

El hacendado disfrutaba viendo crecer su montón de trigo, hora tras hora y día tras día, desde la frescura de su lujosa mansión, haciendo coincidir en el horizonte  su bastón para medir, a distancia,  cómo elevaba su punta y sus laderas aquél montón que podía verse a la legua en la llanura segoviana.

Pasaron unos días más y estaba a punto  de concluir la recolección cuando acudió hasta las puertas de su propiedad uno de tantos mendigos que cada día llamaban a pedir limosna. El propietario siempre los despachaba de la misma forma, enviaba a sus perros, previamente enfurecidos por la falta de comida y aprecio, y así conseguía que ni siquiera uno de aquellos desdichados llegara a abrir la boca para pedirle algo. Pero el mendigo que se aproximó hasta la puerta de su casa aquél caluroso día de verano, no solo no se asustó con los terribles ladridos de aquella jauría, sino que consiguió consolarlos y transformar sus feroces dentelladas en gemidos lastimeros. Al instante, el avaro se sorprendió al dejar de oír a sus canes y se aproximó a la puerta para comprobar qué pasaba. Cuando llegó encontró a un hombre de edad madura, vestido con ropa desgajada, que descubría una piel cuarteada por el sol. No podía dar crédito al ver cómo sus perros lo rodeaban y colmaban de lamidos y atenciones. El avaro, con voz enfurecida le recriminó:

-Qué haces aquí?, ¿quién eres y quién te ha dado permiso para estar en el umbral de mi casa y tocar a mis perros?

-Ellos han venido hasta mi, señor, -respondió-. Soy un pobre caminante de paso, en una jornada en que el sol podría, con uno solo de sus infinitos rayos, secar una charca al instante. Es por eso que os pido un poco de agua y un pedazo de pan para poder seguir mi camino.

-¿Cómo te atreves a pedirme algo a mí,  infecto y nulo personaje? -le respondió el avaro-.

-Disculpad, señor, no es mi intención ofenderos. No hay una hacienda en leguas a la redonda. Únicamente la vuestra, por la que os felicito, ya que parece magnífica y abundante. El camino me ha llevado hasta aquí, camino que me espera en su largo recorrido hacia las tierras altas sorianas. Sólo pido un poco de agua y el puñado de cereal que quepa en uno de sus puños para poder seguir andando el camino.

-Pues podéis seguir el camino, ya que no encontraréis en mi puño nada que pueda daros, salvo mi más sincero desprecio. Y quitaos de en medio que ofendéis mi vista y el brillo de mi grano, -dijo, despreciando al hombre, al tiempo que señalaba con su vara su poderoso montón-.

-Pero señor, -insistió el mendigo-, ¿cómo podéis decir que no tenéis nada para entregar a un pobre miserable como yo, si desde la honda llanura se ve brillar el dorado grano que estáis recogiendo?

-He dicho que desaparezcas de mi vista,¡ ya!, -gritó el caballero-. Voy a cerrar los ojos y cuando los vuelva a abrir no estarás delante. De lo contrario, tendrás que vértelas como mis capataces y acabarás en la mazmorra más oscura y húmeda que puedas imaginar. Así dejarás de tener sed, estúpido y atrevido desgraciado, -sentenció-.

Al instante, el avaro abrió sus ojos y el mendigo había desaparecido. Movió su cabeza a uno y otro lado esperando hallar su espalda y el polvo de sus pasos, pero no encontró rastro del mismo, solo a sus perros lamentando su ausencia.

El caballero volvió al interior de su hacienda, se sentó en su sillón y comprobó con su vara puesta en el horizonte cómo había crecido su descomunal montón de grano. No bastándole con eso, salió de casa a paso ligero y se acercó  hasta el montón, se agachó, llenó sus manos del grano que se le escapaba entre los dedos, y levantando los puños al cielo,  gritó enfurecido, una y otra vez: -¡Es mío, mío, mío……solo mío!-. Sintió un regocijo tan grande como el estruendo que sonó al unísono. En un instante, sin saber por dónde habían llegado, enormes nubes negras como su capa borraron el horizonte. Todos los labriegos corrieron a ponerse a refugio porque sin que dejara de sonar la voz en grito del avaro, se escuchó otro gran bramido en ese cielo que había traído  la noche en pleno día. Pero no cayó ni una sola gota de agua.

Atónitos, los campesinos vieron, ante sus ojos, cómo la figura  del codicioso caballero se transformaba en miga de pan, primero, e instantes después, en tierra, la misma tierra en la que se convirtió el enorme montón de trigo, dando lugar a una montaña colosal de piedra y arena que nadie se atrevió a tocar. En su cúspide se veía asomar algo que los labriegos no tardaron en identificar, era el bastón que usaba el viejo avaro. Un instante después  también se convirtió en polvo.

La montaña, preciosa e inmensa, se mostraba como una gran sombra, pero muy poco tiempo después las nubes se fueron estirando hasta desaparecer por completo. Entonces, todos pudieron ver su trazo perfecto, sus delineadas laderas y su cima, de punta tan fina que parecía que sólo los hombres buenos podrían alcanzarla, de uno en uno.© ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

Las mil leyendas de La Mujer Muerta

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La Mujer Muerta desde el Palacio de Riofrío

Las mil  leyendas de La Mujer Muerta. La Mujer Muerta es una formación montañosa que forma parte de la sierra de Guadarrama y que pertenece a la provincia de Segovia. Abarca unos 11 km de distancia en su extensión de este a oeste y su pico más alto es La Pinareja con 2.197 metros de altitud. En ella también se integran otros picos muy conocidos como El Montón de Trigo, la Peña del Oso y el Pico Pasapán.

¿A qué debe su nombre La Mujer Muerta? No hay que poner mucha  imaginación si se observa la cadena montañosa desde la llanura segoviana. A distancia se distingue, perfectamente, lo que podría ser una cabeza y el resto del cuerpo, con los brazos cruzados sobre el torso, de una figura femenina tumbada y vista de perfil. Con tan caprichosa forma, no cabe duda, de que  no una, sino varias, son las leyendas que  sobre esta montaña hay.

Una de ellas dice que fue Hércules, hijo de Júpiter (Zeus para los griegos) y fundador de la ciudad de Segovia,  el que moldeó la figura de la mujer, en el transcurso de los años, por deseo del caballero que lo acompañaba en la tarea de la fundación de la ciudad de Segovia.

Cuenta le leyenda que cerca de lo que hoy conocemos como Segovia capital, caminaba Hércules acompañado de su caballero, cuando se encontraron con un grupo de mujeres. Todas menos una salieron corriendo, asustadas por la descomunal figura de Hércules. El caballero cayó rendido a los pies de la valerosa y bella muchacha, de la que rápidamente se enamoró.

Al enterarse el padre de la joven de que podía perder  a su bella hija,  que también se había enamorado del caballero, éste, preso de los celos, prefirió quitarle la vida antes de verla caer en los brazos de su pretendiente. El caballero quedó tan triste y desolado por la pérdida de la joven que pidió a Hércules que esculpiera su figura en la montaña, encomienda que le llevó muchos años, hasta dejar la figura que hoy podemos ver  en el horizonte desde Segovia.

Otra de las leyendas habla de una joven que murió de pena cuando su amado partió a la guerra y no volvió nunca junto a ella, no se sabe si porque perdió la vida o porque cambió de planes.

Otra leyenda, menos romántica y bastante más truculenta, habla de la pasión que un pastor sentía por la bella hija de un granjero. Loco de celos, el pastor acabó con la vida de otro pretendiente que se había fijado en ella y también con la de su pretendida. Se cuenta que poco tiempo después y tras una terrible tormenta, la tierra se abrió y surgió la gran formación montañosa con la forma de la joven muerta.

También se dice que en algún momento lejano en el tiempo, dos hombres se disputaron el amor de una misma mujer. Como no encontraron mejor modo de resolver sus diferencias que enfrentarse a espada, en medio de la lucha de ambos, la mujer se interpuso resultando herida de muerte por las armas de los dos caballeros. De nuevo, y tras una terrible tormenta nocturna, a la mañana siguiente se descubrió en el horizonte la figura de la dama asesinada.

Otra versión nos hace imaginar a dos hermanos siempre en plena contienda entre ellos y a una madre desesperada por  hallarlos en paz. Tal era su desasosiego que ofreció su vida en sacrificio a los dioses, a cambio de que terminaran las disputas entre sus vástagos. Los dioses aceptaron el trato y entonces,  tras una interminable tormenta,  apareció el cuerpo de la madre muerta, que se tornó en montaña para vergüenza de sus hijos, que en ese mismo momento terminaron sus enfrentamientos para siempre. ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

la mujer muerta atardecer de otoc3b1o e1418814946866 Las mil  leyendas de La Mujer Muerta

Atardecer de otoño en La Mujer Muerta

Vicente Aleixandre y la olma de Miraflores

 

Vicente Aleixandre, o mejor dicho, Vicente Pío Marcelino Cirilo Aleixadre y Merlo, que era su nombre completo, nació en Sevilla, como muchos otros buenos poetas, el 26 de abril de 1898 y murió en Madrid, el 13 de diciembre de 1984. Perteneció a la Generación del 27 y obtuvo el premio Nobel de Literatura en el año 1977.

La figura del insigne poeta está ligada al municipio serrano de Miraflores de la Sierra, donde pasó largas temporadas desde niño y donde dejó huella su presencia, en forma también de versos, que es como mejor se manifiesta un poeta.  Algunos de esos versos los dedicó a un árbol y quedaron plasmados en el siguiente poema:

En el centro del pueblo

quedaba el árbol grande.

Era una Plaza mínima,

pero el árbol viejísimo

la desbordaba entera.

Todo dormía, y vigilante alzaba

su grandeza el gran álamo.

Diez hombres no rodearían su tronco.

¡ Con cuánto amor lo abrazarían

midiéndolo!

 Abuelo siempre vivo del pueblo,

augusto por edad y presencia.

El pueblo está en la escarpa de una

sierra.

Arriba la Najarra. Abajo la llanura, con una sed enorme

de perderse,

El árbol: un álamo negro, un negrillo, como allí

se nombra.

El álamo “Vamos al álamo”. Estamos

en el álamo…”

Todo es álamo.

Y no hay ya más que álamo, que es el

único cielo de

estos hombres.

Miraflores de la Sierra busto Vicente Aleixandre 225x300 Vicente Aleixandre y la olma de Miraflores

Busto de Aleixandre en Miraflores de la Sierra. Obra de Ana Hernando. Foto de Cruccone

Hablaba Aleixandre en este poema de la vieja olma de Miraflores, que en realidad era un álamo, mejor dicho, un álamo negro o Populus nigra. La costumbre serrana denomina a los chopos o álamos, preferentemente a los negros, que son más abundantes, olmas, aunque los olmos son del genero Ulmus. Probablemente esta olma inició su andadura en la vida en tiempos de Carlos III.

Poco antes de su muerte, Vicente Aleixandre continuaba visitando la localidad y pidió, antes de morir, que le llevaran una hojas de la olma de Miraflores.  El humilde deseo fue complacido y le llevaron a Madrid unas semillas y unas ramas de su querido árbol. Se da la casualidad de que poco después de fallecer el poeta, la olma, huérfana de poesía, también nos dejó. Aún permanece el esqueleto de su viejo tronco en la plaza de Miraflores de la Sierra. ÁNGEL S. CRESPO  para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

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