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El collado de Tirobarra

Collado Tirobarra y La Pinareja El collado de Tirobarra

Collado Tirobarra y La Pinareja

El collado de Tirobarra. Con el peculiar nombre de Tirobarra se denomina a un alto de 2.000 metros de la Sierra de Guadarrama, situado entre el Montón de Trigo y la Mujer Muerta.

La toponimia serrana está cuajada de nombres curiosos que hacen referencia a sus moradores, a su naturaleza o a las actividades en ella llevadas a cabo, algunas tan extrañas como el antiguo deporte del tiro de barra o tirobarra.

La actividad consistía en lanzar una barra de hierro de unos 7 kg lo más lejos posible, algo que puede parecer cansado y absurdo, pero que no lo es más que el lanzamiento de martillo olímpico o de jabalina. El origen de esta práctica en el collado serrano que hoy conocemos como Tirobarra, puede estar en el entrenamiento llevado a cabo por los monteros, que allá por la Edad Media se dedicaban a cazar los abundantes osos que poblaban estas montañas. A falta de escopeta hacían tiro de lanza, lo cual puede explicar que el tiro con barras pesadas de hierro fuera un ejercicio de entrenamiento muy práctico.

Además, hay que tener en cuenta la existencia de un deporte denominado barra española. Su fundamento era lanzar lo más lejos posible una  barra de hierro que usaban los molineros en su actividad laboral. Existían y existen varias versiones:  la barra castellana, la barra vasca y la aragonesa. Los campeones de esta actividad, que se remonta al s. XII, fueron prestigiosos y reconocidos “deportistas”. Jovellanos y Cervantes hacen referencia a la barra en algunas de sus obras.

Sea como fuere, entrenamiento para la caza, deporte, o ambas cosas a la vez y con el mismo origen, el tiro de barra o barra española es una actividad poco conocida, pero que aún se conserva en algunos lugares de España.

En tiempos recientes, el conocido viajero, atleta y divulgador Miguel de la Quadra-Salcedo decidió adoptar la técnica de la barra vasca del lanzador y atleta Félix Erausquin para emplearla en el lanzamiento de jabalina. Sus lanzamientos batieron el récord del mundo del momento, pero la Federación Internacional de Atletismo prohibió la modalidad, ya que antes de lanzar había que realizar giros similares a los del lanzamiento de martillo que podían ser peligrosos para lanzador y espectadores. Con esa prohibición, el llamado “estilo español o Erausquin” de lanzamiento de jabalina pasó a la historia, no sin antes tratar de readaptarse con la intención de poder competir en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956, pero en aquellas fechas España decidió no llevar representantes. En cualquier caso, la Federación Internacional de Atletismo dejó claro que la jabalina solamente podía lanzarse con la punta mirando hacia adelante y anuló todas las marcas conseguidas con la nueva técnica. Parece que nunca hemos tenido fuerza entre los mandamases olímpicos.

Hasta 1963 la barra española fue una de las modalidades del atletismo en los campeonatos de España. Actualmente es un deporte residual en algunas poblaciones, donde se practica como demostración o formando parte del programa festivo.

Siempre tendremos la Sierra de Guadarrama y sus orónimos para recordar pasajes de la historia, en este caso, gracias al llamado  Collado de Tirobarra. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS.(SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

El Tuerto Pirón y la Mata de los Ladrones

Mata de robles en Pinilla del Valle El Tuerto Pirón y la Mata de los Ladrones

Robledal en el entorno de la Mata de los Ladrones -Pinilla del Valle-.

El Tuerto Pirón y la Mata de los Ladrones. El 30 de mayo de 1846 nació, en Santo Domingo de Pirón -Segovia-, Fernando Delgado Sanz, más conocido como el Tuerto de Pirón, uno de los últimos bandoleros castellanos y el último de los más renombrados de  la Sierra de Guadarrama.

Los motivos por los que decidió dejar la legalidad y pasarse al “lado oscuro” son tan difíciles de descifrar como el grosor y el límite de la línea que los separa. Se dice que cuando volvió del servicio militar, su novia le había dejado por otro, y que ello no le gustó nada a Fernando Delgado, que en venganza decidió robarle un cordero al que hubiera sido su suegro. Quizá, a partir de este suceso y de su mala relación con la Guardia Civil, se fueron “enredando” las cosas y el tal Fernando, novio despechado, acabó siendo el Tuerto de Pirón. Aunque también puede que fuera, que no le gustara trabajar. Dice una copla de Tomás Calleja Guijarro, Romances del Tuerto de Pirón:

“Segar y arar le mataba

le aburría el pastoreo,

y mientras otros el callo

daban, domando su cuerpo,

él estaba en las solanas

como un pajón en el centeno”.

Lo de “tuerto” le venía por una “nube” en un ojo que le impedía ver a través de él, aunque alguna coplilla decía al respecto:

“Al Tuerto, lo sé de cierto,

le van siguiendo la pista;

id con ojo con el Tuerto

que es tuerto de mucha vista”.

Sus delitos consistieron, básicamente, en robos de ganado a los tratantes y asaltos a los viajeros, casi siempre en el entorno de La Morcuera, o lo que es lo mismo, en las laderas y pies de La Najarra.  En las faldas de La Najarra, en lo que actualmente es el final del Puerto de la Morcuera, entre los pueblos de Canencia y Pinilla del Valle, situados ambos en el Valle del Lozoya, tenía el Tuerto de Pirón su campo de operaciones. En uno de los collados situados cerca de Pinilla del Valle, en un denso bosque de roble melojo, se ocultaba de la acción de la justicia. Ese lugar fue conocido como Mata de los Ladrones. Lo de mata, por lo de las matas de roble, lo de los ladrones, porque allí se ocultaba el Tuerto y su cuadrilla. También se ha denominado a este lugar Mata del Tuerto.

Actualmente, estos parajes siguen manteniendo una nutrida representación de roble melojo, Quercus pyrenaica. Es ese roble con el que antaño se hacía carbón vegetal y que mantiene sus hojas secas sin desprenderse de las ramas durante todo el invierno, a la espera de que le broten las nuevas para expulsar definitivamente las que ya no le sirven. Por cierto, para los interesados, este curioso fenómeno vegetal se denomina marcescencia, y es muy estudiado por los botánicos, ya que, a ciencia cierta, no se sabe la razón de este proceso. Una teoría dice que así el árbol protege las yemas nuevas de los fríos, ya que quedan escondidas bajo la seca y vieja hoja;  otra, argumenta que lo hace para enriquecer el suelo justo cuando necesita crecimiento, ya en primavera.

En estos bonitos parajes se movía el Tuerto de Pirón, un hombre poco violento, al que no le gustaba usar la fuerza. Solamente se recuerda un caso en el que se produjo la muerte  a resultas de un navajazo. Fue a manos de uno de los miembros de la banda. Al parecer, el vecino había alertardo a la Guardia Civil, “se había chivado”, según dirían los bandoleros, de las andanzas de el Tuerto y su banda. Por ese motivo encontró la muerte. A su vez, el asesino fue linchado por otros vecinos de Pinilla del Valle, ajusticiado que dirían los vecinos.

También se cuenta de él, quizá sea leyenda, que en Rascafría utilizaba el tronco semihueco de una olma para ocultarse y obtener información sobre sus víctimas. En cualquier caso, sí tuvo relación con este municipio del Valle del Lozoya, próximo a Pinilla, ya que una de las ocasiones en las que lo detuvieron fue como consecuencia de la denuncia de un carbonero de Rascafría, amigo suyo, al que había confiado el lugar dónde ocultaba su botín.

Por lo demás, el Tuerto de Pirón pasó una década y media huyendo y ocultándose, escapando de las prisiones y volviendo a ellas. En 1883 fue detenido por última vez y condenado a cadena perpetua. Murió el Tuerto de Pirón en prisión, en 1914, y con él, lo hizo el último bandolero de la Sierra de Guadarrama. Como dice Tomás Calleja en su copla:

“Era doctor en caminos,

en rondas y devaneos

amigo de las lechuzas,

de las sombras y los perros,

farruco como el que más

y larguísimo de dedos”.

 ÁNGEL S. CRESPO  para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

El Valle de los Caídos o Cuelgamuros

Valle de los Caídos. Vista del conjunto 1024x643 El Valle de los Caídos o Cuelgamuros

Valle de los Caídos. Vista del conjunto

El Valle de los Caídos o Cuelgamuros. La huella que la Guerra Civil española (1936-1939) dejó en la Sierra de Guadarrama tiene su mayor exponente en el llamado Valle de los Caídos. La enorme cruz de 150 metros de altura y 46 metros de longitud que preside el Valle de los Caídos o Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, se puede ver desde muchos puntos de la geografía. Para hacernos una idea de sus dimensiones, los guías turísticos que comentan las características de la obra afirman que por la anchura de los brazos que conforman la cruz pasarían perfectamente dos vehículos en sentidos opuestos. No en vano, la mayor preocupación del general Franco y de quienes dirigieron las obras era que la cruz no pareciera ridícula, vista en perspectiva desde lejos, incrustada entre las moles graníticas del Valle de Cuelgamuros. La verdad es que lo consiguieron, porque verse, se ve, a más de 40 Km de distancia, y se ve que es grande, máxime si tenemos en cuenta que se asienta sobre un montículo rocoso de altura similar a la de la propia cruz.

Las obras se iniciaron nada más terminar la guerra, en el año 1940, y la inauguración del conjunto tuvo lugar en 1958. Los arquitectos encargados de dirigir las obras fueron Pedro de Muguruza y Diego Méndez, y el autor de las gigantescas esculturas fue el escultor Juan de Ávalos.

La cruz, junto a la basílica de 260 metros de longitud -212 tiene la Basílica de San Pedro en el Vaticano-, conforman el conjunto religioso más grande del catolicismo.

El Valle de los Caídos o Cuelgamuros está asentado en el término municipal de San Lorenzo de El Escorial. Es evidente que Franco quiso emular a Felipe II, dejando constancia de su paso por la historia y de los valores preconizados por el Movimiento Nacional.

Aunque hay quienes afirman que son muchos más, el libro de difuntos, en posesión de la abadía, determina que son 33.847 las personas muertas en la guerra que están sepultadas en el Valle de los Caídos, de las que 12.000 se dice que pertenecen al bando republicano. Al respecto de esto último, como en todo lo que concierne a esta obra, existen discrepancias. Hay quienes aseguran que Franco quiso enterrar allí a los muertos de ambos bandos, en algo parecido a un gesto de paz y reconciliación. Otros señalan que no pudo dar sepultura a todos los muertos del bando nacional que pretendió trasladar hasta el Valle de los Caídos, porque muchos familiares del bando vencedor se negaron a exhumar los cadáveres de sus lugares de enterramiento. Por ese motivo decidió completar las vacantes con los restos de muertos republicanos, que fueron exhumados de fosas comunes.

Un motivo más de discordia es el relativo al empleo de presos republicanos para realizar las obras. Cuántos presos trabajaron y cuántos murieron es algo que no podremos saber a ciencia cierta, ya que no existen datos oficiales al respecto. Según el bando de que se trate, los datos son diferentes. Los partidarios de Franco dicen que trabajaron unos 2.000 presos republicanos, y que lo hicieron de forma voluntaria para redimir la pena –cinco días de pena por cada día trabajado-. Los republicanos sostienen que fueron más de 20.000 los presos que forzosamente trabajaron en las obras. En cuanto a los presos fallecidos, las cifran oscilan entre 14 y varios centenares, incluso miles.

De lo que no cabe duda es de que las obras reportaron pingües beneficios a las empresas adjudicatarias; hay cosas que nunca cambian. El artículo publicado en el diario Público, el 18 de noviembre de 2012, escrito por Alejandro Torrús y  titulado “Del Valle de los Caídos al IBEX 35”, hace un recorrido por los hechos y la historia de estas empresas, que podemos resumir así: San Román, filial de Agromán, se encargó de la perforación en la roca. Estudios y Construcciones Molán lo hizo de la construcción, José y Juan Banús hicieron la carretera que discurre desde la entrada al Risco de la Nava. En 1952 se unió a las anteriores la empresa Huarte y Cía. Estas empresas tenían a su disposición a los presos, que trabajaban para ellas por medio de una especie de subcontrata con el Estado.

Banús fue el constructor de barrios populosos como el de El Pilar y el de La Concepción, en Madrid, o la colonia Mirasierra, también en la capital. Su hermano Juan construyó el archiconocido Puerto Banús, en la Costa del Sol. A su vez, José María Aguirre Gonzalo, fundador de Agromán, presidió años más tarde Banesto y el Banco Guipuzcoano. Huarte se integró en OHL –Obrascon, Huarte, Laín-, presidida por Juan Miguel Villar Mir, conocido empresario que se hizo popular al presentarse a las elecciones para la presidencia del Real Madrid y que fue Director General de Empleo en 1964 y del Fondo Nacional de Protección del Trabajo en 1967, bajo la jefatura de Franco.

Dejando a un lado el discutido asunto de los presos, lo que parece incuestionable es que en el Valle de los Caídos reposan los restos del propio general Franco y los de José Antonio Primo de Rivera, ambos fallecidos un 20 de noviembre. Casualidades, o no, de la historia.

Denostado por unos, lugar de peregrinación para otros, el Valle de los Caídos, presidido por su enorme cruz, o Cuelgamuros para quienes no quieren ni mencionar el nombre, es un imborrable recuerdo de nuestra historia reciente. Esperemos que el maestro y poeta, Ángel González, estuviera equivocado cuando afirmó:

“Nada es lo mismo, nada permanece./Menos la historia y la

morcilla de mi tierra:/se hacen las dos con sangre, se repiten”

ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

Embalse de El Atazar, el  destino del Lozoya

El Atazar embalse copia 681x1024 Embalse de El Atazar, el  destino del Lozoya

Embalse de El Atazar

El río Lozoya es represado a lo largo de su recorrido en varios embalses. El de El Atazar es el quinto en su recorrido y el más grande.

El río Lozoya nace en las lagunas glaciares de Peñalara recibiendo aguas de varios arroyos tributarios. El recién nacido adopta en su curso más alto el nombre de Arroyo de la Angostura, y discurre por el valle que tiene su nombre, el Valle del Lozoya, recogiendo aguas de infinidad de arroyos y regatos hasta convertirse en el río que más agua aporta al consumo de los madrileños. En el embalse de El Atazar se remansa casi el 50% del agua consumida en Madrid.

Hasta cinco embalses nutre con sus aguas el Lozoya: Pinilla, Riosequillo, Puentes Viejas, El Villar y El Atazar. También habría que señalar el embalse del Pontón de la Oliva, origen del Canal de Isabel II, que ya desde su construcción tuvo problemas de filtraciones, por lo que está en desuso.

El agua del río Lozoya es considerada una de las mejores de España, y ello es debido a la poca presión urbana en las zonas que atraviesa, la inexistencia de industrias contaminantes y, especialmente, a la morfología granítica del terreno, libre de cal y otros materiales que degradan la pureza del agua.

El gran embalse de El Atazar se construyó durante el régimen de Franco, como la mayoría de los existentes en España. Ya sabemos que esta pulsión de “El Generalísimo” le costó acuñar algunos motes populares, pero lo cierto es que a día de hoy seguimos haciendo uso de ellos. Precisamente, el embalse de El Atazar fue el último que Franco inauguró.

El Atazar se comenzó a construir en 1965 atendiendo a la necesidad de abastecimiento de la población de Madrid. Tenía un presupuesto inicial de 1.000 millones de pesetas, pero el desembolso final fue de 5.000 millones. Nunca se nos ha dado bien en España calcular los costes de las obras públicas, siempre suelen salirnos cinco o seis veces más caras de lo previsto, lo cual ya es un método de cálculo.

Las técnicas de construcción en El Atazar fueron innovadoras. Se construyó, por primera vez en España, una bóveda de doble curvatura y las cargas arquitectónicas descansaban sobre la propia roca del terreno. Con ello se hacia necesario menos hormigón, pero mira por donde, el terreno pizarroso de la zona no resistía bien las enormes tensiones de la estructura, así que hubo que rellenar con grandes cantidades de hormigón y reforzar las zonas de tensión.

El embalse de El Atazar tiene una capacidad de 426 Hm3 y ocupa 1.070 ha de los municipios de El Atazar, El Berrueco, Berzosa de Lozoya, Cervera de Buitrago, Patones y Puentes Viejas. La bóveda tiene una altura de 143 metros y una longitud de 484 y sus aguas superan los 100 metros de profundidad, en algunos puntos. Es el último tributo del río Lozoya antes de morir en brazos del Jarama  porque el siguiente embalse, el del Pontón de la Oliva, ni siquiera pudo ser usado. Lo construyeron en el único enclave calizo kárstico que hay por la zona y las aguas desaparecían bajo el suelo. Pero de eso hace muchos años y, además, es otra historia. ÁNGEL S. CRESPO  para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

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El Atazar

El Atazar población copia 1024x767 Embalse de El Atazar, el  destino del Lozoya

El Atazar, población

El Ventisquero de la Condesa

Ventisquero de la Condesa al pie de las antenas del Alto de las GuarramillasAlto de copia1 1024x768 El Ventisquero de la Condesa

Ventisquero de la Condesa al pie de las antenas del Alto de las Guarramillas

El Ventisquero de la Condesa está situado en la vertiente este del Alto de las Guarramillas, también conocido como Bola del Mundo, en la Sierra de Guadarrama. Este ventisquero y los arroyos cercanos al mismo son el origen del río Manzanares.

Hasta que la electricidad no permitió crear máquinas adecuadas para fabricar hielo, la obtención del mismo se llevaba a cabo directamente de la montaña. Los ventisqueros, como el Ventisquero de la Condesa eran los lugares idóneos para obtener la nieve acumulada durante el invierno.

Además de para conservar alimentos,  el hielo era utilizado por médicos y farmacéuticos con fines terapéuticos como rebajar fiebres o inflamaciones. También se hizo muy popular en las grandes ciudades, especialmente a partir del s.XVII, la costumbre de tomar granizados y refrescos, lo que aumentó aún más la demanda ya existente.

Gracias a la nieve, a los ventisqueros y a los pozos de nieve que se crearon al pie de los ventisqueros y en las ciudades de destino para la conservación y almacenaje, se amasaron grandes fortunas. Los privilegiados concesionarios de estas actividades fueron los “empresarios de moda” en su época. Los hubo por toda España, algunos tan conocidos y poderosos como Pedro Xarquíes, gran empresario de origen catalán que a comienzos del s. XVII abasteció a la villa y corte de Madrid con nieve de la Sierra de Guadarrama. Llegó a crear una red de pozos en la propia capital y en municipios aledaños como Valdemoro o Alcalá de Henares. La nieve era extraída por la empresa de Xarquíes del Ventisquero del Ratón y otros próximos situados en La Najarra, elevación montañosa donde se ubica el Puerto de La Morcuera.

En el caso del Ventisquero de la Condesa, la propiedad era de la todopoderosa familia Mendoza. En concreto, la condesa que da nombre al ventisquero era Doña Francisca del Silva y Mendoza, Marquesa de Santillana y Condesa del Real de Manzanares (1707-1770). Todavía se conserva en el ventisquero un murete de piedra que servía para contener la nieve y hacer más fácil su acumulación y extracción. En el Ventisquero de la Condesa tiene su origen el Río Manzanares que se nutre de diferentes arroyos y arroyuelos de la zona, discurriendo por tierras madrileñas en un recorrido de más 90 Km  hasta encontrarse con el Jarama, a la altura de Rivas-Vaciamadrid. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

Aspecto del ventisquero a mediados del mes de julio 1024x681 El Ventisquero de la Condesa

Aspecto del ventisquero a mediados del mes de julio

El Sexmo de Lozoya

Valle del Lozoya El Sexmo de Lozoya

El Sexmo de Lozoya

El Sexmo de Lozoya. Después de una largo período de luchas entre cristianos y musulmanes, a finales del s.XI, Alfonso VI  había conseguido hacerse con las tierras situadas a ambos lados del Sistema central. Los territorios de lo que actualmente es Madrid, Guadalajara o Toledo, eran extensas zonas despobladas y sin ley que había que administrar, algo que se hizo a través de las denominadas Comunidades de Tierra y Villa.

En el ámbito territorial de la Sierra de Guadarrama se creó la todopoderosa Comunidad de la Ciudad y Tierra de Segovia. Las doscientas aldeas a su cargo debían ser gestionadas de una manera eficiente, así que nada mejor que descentralizar todo aquel poder y repartirlo en unidades administrativas menores, algo muy parecido a los que los suizos hacen con sus cantones. Para ello se formaron los llamados sexmos, cuya finalidad era recaudar tributos, gestionar el patrimonio común y arreglar los pleitos entre los pobladores.

La Comunidad de la Ciudad y Tierra de Segovia estaba dividida en trece sexmos y extendía sus dominios a territorios tan alejados de la Sierra de Guadarrama y de la propia ciudad de Segovia como Valdemoro (Madrid). Los sexmos de la zona sur de la Sierra de Guadarrama eran los siguientes: Manzanares, Tajuña, Casarrubios, Valdemoro y el sexmo de Lozoya, que se componía de las siguientes poblaciones, entonces aldeas: Rascafría, Oteruelo, Alameda, Pinilla, Canencia, Bustarviejo, Lozoya, y más tarde, Navalafuente y Valdemanco.

Probablemente no hayamos disfrutado a lo largo de la historia de una organización más democrática que los sexmos. Desde luego no había lugar a eso que llamamos ahora “listas cerradas”. El máximo representante del sexmo era el procurador de Tierra, también llamado procurador común o sexmero mayor. El cargo solamente podía recaer en un vecino sabio, es decir, con experiencia en los asuntos de los pueblos. Debía ser de buena fama, crédito y opinión, sin pertenecer a la nobleza.  Sus intereses particulares no podían ser superiores a los de cualquier otro vecino, o lo que es lo mismo, debía actuar como un vecino más en lo cotidiano, con pleno conocimiento de los problemas de los demás convecinos. Los montes, pastos, caza y aprovechamientos naturales se gestionaban en un régimen muy similar al de las cooperativas y, por supuesto, eran comunales. Los jueces eran nombrados por elección popular. Para terminar, el lema del sexmo era el siguiente “nadie más que nadie”.

Los sexmos,  como institución administrativa, se mantuvieron durante casi ocho siglos, hasta la práctica desaparición, en el s. XIX, de las Comunidades de Villa y Tierra. Sin embargo, algunas pequeñas facultades en el ámbito de la gestión de leñas y pastos comunes siguieron manteniéndose y han llegado hasta nuestros días. Actualmente, se mantienen once sexmos, que gestionan unas cuantas hectáreas y que integran la Comunidad de Segovia. De esa comunidad sigue formando parte el sexmo de Lozoya, en el que el sexmero mayor es el alcalde. Hoy día, el sexmo solamente se reúne para tratar pequeñas cuestiones de usos y aprovechamientos comunales. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

El Castillo de Manzanares el Real. El poder de los Mendoza

 

castillo de manzanares el real El Castillo de Manzanares el Real. El poder de los Mendoza

Castillo de Manzanares el Real.

 

La característica estampa del Castillo de Manzanares el Real es el vivo recuerdo de la familia más poderosa de la Sierra de Guadarrama, los Mendoza.

Por todos es sabido que la nobleza tiene su origen en agradecimientos y pagos efectuados por la corona. Nada mejor que echar una mano al monarca de turno o a su familia para recibir a cambio una tierras y un título. Así se han perpetuado los títulos nobiliarios durante siglos. Un tatarabuelo dio la cara por un rey en una batalla, y a cambio de ello, el resto de sus descendientes mantienen de por vida el reconocimiento, aunque no sean capaces de hacer la “o” con un canuto, o hayan salido cobardes, que el valor o la lealtad, que se sepa,  no son genéticos.

Sin que ello signifique prejuzgar a los Mendoza, no sabemos cómo eran o cómo son, el caso es que la familia hizo fortuna gracias a un mayordomo real allá por el año 1383. Cierto es que no se trataba de un mayordomo de esos de guantes blancos que eligen la vajilla, era Mayordomo Mayor, algo así como un hombre de máxima confianza del rey que se encargaba de la administración, las finanzas y la contabilidad.

La historia se remonta a muchos años atrás, desde que madrileños y segovianos empezaron a pelearse por el dominio de las tierras serranas, entre las que se encontraban las del Real de Manzanares. Los diferentes monarcas habían ido haciendo transferencias de poder entre Madrid y Segovia, que incluían tierras que temporalmente estaban bajo el dominio de unos u otros.  Así diríamos que iban los reyes  “apagando fuegos” pero no tardaban en encenderse otros; que si esos aprovechamientos son míos, que si ese poblado me pertenece… Segovianos y madrileños, bien, lo que se dice bien, nunca se han llevado. Ni siquiera, hoy día, se ponen de acuerdo en la denominación de la Sierra de Guadarrama, que aunque ya la tenga, “de Guadarrama”,  es llamada por los madrileños “Sierra de Madrid”, para enojo de los segovianos, que con razón no aceptan tal apropiación. Curiosamente, la mayor parte de los pueblos serranos de Madrid tienen su origen en repoblaciones efectuadas con vecinos de las tierras de Segovia. Cosas inexplicables de los conflictos.

En medio de tal desencuentro, el rey Alfonso X el Sabio tomó la salomónica decisión en 1239 de quedarse con todo, “ni para unos ni para otros”, todo para el rey y se acabaron las disputas. Y esta decisión, acompañada de ciertos privilegios, aprovechamientos y usos para las dos partes, supuso casi un siglo y medio de paz. Los distintos monarcas e infantes iban heredando las tierras del Real de Manzanares y no había nada que discutir entre segovianos y madrileños.

Pero hay algo en los gobernantes que les hace tender a la privatización, aunque pasen los siglos las querencias se mantienen. En 1375, el monarca Enrique II comenzó a repartir tierras y adjudicó muchas de las del Real de Manzanares y Buitrago a su mayordomo Pedro González de Mendoza.

Comienza el poder de los Mendoza gracias al mayordomo Pedro, y por si fuera poco, Pedro González de Mendoza resultó ser un héroe. En 1385 salvó la vida al monarca Juan I en la Batalla de Aljubarrota, al cederle al rey su caballo para que huyera quedándose en tierra esperando la muerte, que la halló,  mientras el rey se perdía en la distancia salvando su real vida. Así se narraba la heroica historia en un romance de Hurtado de Velarde en el s. XVII:

Si el caballo vos han muerto,

sobid, Rey, en mi caballo

y si no podeis sobir,

llegad; sobiros hé en brazos.

Poned un pie en el estribo

y el otro sobre mis manos;

mirad que carga el gentio;

aunque yo muera, libradvos.

Un poco es blando de boca,

bien como a tal sofrenaldo

afirmandoos en la silla,

dadle rienda, picad largo…

Dixo el valiente alavés

señor de Fita y Buitrago

al Rey Don Juan el primero

Y entrose a morir luchando…

 

Agradecido que era el rey, no es para menos, el 1386 entregó el Sexmo de Lozoya a Diego Hurtado de Mendoza, hijo de Pedro. Con ello, el poder de los Mendoza se hizo aún mayor.

El actual Castillo de Manzanares el Real es el segundo de los castillos construidos en Manzanares el Real. El primero, situado cerca del cementerio de Manzanares solamente conserva restos de sus muros.

El actual castillo, situado al lado opuesto de donde se ubicaba el primero, se inicia en el año 1475 por orden de Diego Hurtado de Mendoza, primer Duque del Infantado, y se finaliza bajo la dirección de Juan Guas, arquitecto del Palacio del Infantado de Guadalajara, siendo duque Íñigo López de Mendoza, hijo de Diego Hurtado de Mendoza. Para llegar a su estado actual ha sido objeto de diversas reformas y transformaciones.

El proceso autonómico de la Comunidad de Madrid se inició en este castillo en 1981, y en 1982 albergó la constitución de la Asamblea de parlamentarios de Madrid que llevó a cabo la redacción del Estatuto de Autonomía. ÁNGEL S. CRESPO  para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

La Estación Biológica del Ventorrillo

12550001 46 3 0 gra 300x188 La Estación Biológica del Ventorrillo

Edificio de la estación biológica.

Cualquiera que haya circulado por la carretera M-601 en el tramo  que discurre entre el Puerto y el pueblo de Navacerrada, ha tenido que ver, aunque sea de refilón a través de la ventanilla de su vehículo, las instalaciones de la Estación Biológica del Ventorrillo.

El nombre parece indicarlo todo, estación biológica, y uno puede suponer que es un lugar donde se llevan a cabo estudios biológicos. Efectivamente es así, y no es poca cosa en un país al que le cuesta un mundo llevar a cabo estudios científicos y destinar dineros y edificios a semejantes fines. Lo que no nos podemos imaginar es que este lugar de apariencia modesta, situado en esa curva que los vehículos forzosamente han de  tomar con calma, fue en su momento uno de los lugares punteros en la investigación europea. Sí, de toda Europa y ubicado en la Sierra de Guadarrama, en España.

A principios del s. XX no existía lo que ahora llamamos el “I+D+I”, algo que designamos con abreviaturas, con la confianza casi irrespetuosa del que está muy acostumbrado a su trato cotidiano, y que quiere decir, Investigación más desarrollo más Innovación. Tampoco se hablaba de la marca España, ni de esas cosas vacuas de la actualidad que sirven para presumir, propias de los países de mil discursos y pocos recursos. Había entonces entusiasmo, confianza en que el futuro pasaba por la cultura, la ciencia y una labor bien hecha. Por desgracia, como tantas otras cosas, aquella realidad terminó con la fatídica guerra civil y sus nefastas consecuencias.

En la primera década del s. XX, todo aquello que la Institución Libre de Enseñanza, con Giner de los Ríos a la cabeza, había ido generando en torno a los más amplios aspectos de la cultura, tomó forma en el ámbito científico con la creación de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Se nombró director de este organismo, nada más y nada menos que a Don Santiago Ramón y Cajal. En 1911 se creó la Estación de Biología Alpina del Guadarrama, que construyó el edificio del Ventorrillo a finales de 1911.

Constaba por entonces El Ventorrillo con dos pisos, en los que además de laboratorios, microscopios, un observatorio meteorológico y un sismógrafo, los científicos tenían sus propias dependencias en las que podían pernoctar. Allí realizaron investigaciones y organizaron encuentros importantes  entomólogos como Ignacio Bolívar, García Mercet, Dusmet, Martínez de la Escalera o Rene Oberthur ; botánicos como Carlos Vicioso, Antonio Casares o Emilio Huguet; el geólogo Carlos Vidal Box, y en definitiva, una inacabable lista de científicos ilustres, españoles y europeos. Algunos de ellos pusieron  sus apellidos a los insectos y las plantas que observamos en nuestros campos, y a los que hoy recordamos cada vez que empleamos los complicados nombres científicos que la taxonomía emplea.

La guerra civil terminó con todo aquello. Ignacio Bolívar, que presidía la Junta, tuvo que exiliarse en México, se suprimió la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, y aquel centro del Ventorrillo que fue la admiración de los científicos europeos se acabó convirtiendo en 1939 en la residencia de verano del ministro franquista José Ibáñez Martín -no confundir con José Ibáñez Marín-.

El nuevo ministro de Educación tenía claras dos cosas: que El Ventorrillo era un lugar ideal para pasar el verano, tanto que además de convertirla en su residencia veraniega se construyó una piscina y una capilla; y  los derroteros que a partir de entonces iba a tomar la ciencia en nuestro país. Al respecto de esto último, recordamos un par de frases en lo que fue el discurso inaugural del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, organismo que sustituyó a la depuesta Junta, y de la que José Ibáñez Martín fue nombrado presidente. Decía así:

“…Queremos una ciencia católica. Liquidamos, por tanto, en esta hora, todas las herejías científicas que secaron y agostaron los cauces de nuestra genialidad nacional y nos sumieron en la atonía y la decadencia. […] Nuestra ciencia actual, en conexión con la que en los siglos pasados nos definió como nación y como imperio, quiere ser ante todo católica…”.

Actualmente, El Ventorrillo es una estación biológica de campo perteneciente al Museo Nacional de Ciencias Naturales, dependiente del CSIC, y trata de aproximarse a la esencia de lo que en su día fue. Podemos estar seguros de que las intenciones de los biólogos que en ella trabajan son ésas, lo que no sabemos es si en el espíritu de los gobernantes subyacen las ideas de la Institución Libre de Enseñanza o las del ministro veraneante José Ibáñez Martín. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

La Loma del Noruego. Un noruego llamado Birger Sörensen

 

La Loma del Noruego. Los esquiadores que frecuentan, en la Sierra de Guadarrama, las pistas de las estaciones invernales de Valdesquí  y Navacerrada, conocen sobradamente este enclave. Desde el Alto de las Guarramillas o Bola del Mundo, en dirección norte y de camino hacia el Puerto de Cotos, un sendero transitable en verano y normalmente repleto de nieve en invierno, nos permite recorrer el alargado alcor llamado Loma del Noruego.

Como ocurre muchas veces con los lugares por donde paseamos, conocemos los nombres y la forma de acceder, pero nunca nos preguntamos el por qué de dichas denominaciones. Así que, por si alguien se ha planteado alguna vez quién es ese noruego de la loma, ahí va la historia de un personaje que todavía hoy  perdura en el recuerdo, dando con su nacionalidad apellido a una de las muchas crestas de la Sierra de Guadarrama.

Birger Sörensen nació en 1877, en la ciudad noruega de Fredrikstad. LLegó a Madrid para encargarse de la sucursal de la empresa familiar Compañía de Maderas Sörensen Jakhelin y CIA, situada en la Calle Argumosa de Madrid. Esta empresa tenía su centro de actividades en la localidad de Barum, en la región noruega de Christiania. Curiosamente, en esta región noruega se inauguró la primera escuela europea de esquí moderno y se celebró el primer campeonato internacional.

Con este historial,  Birger Sörensen no podía dejar de pensar en la nieve y en sus viajes hasta Rascafría, donde acudía al aserradero de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular  para hacer encargos de madera, encontró en la Sierra de Guadarrama un reducto donde dar rienda suelta a su afición por el esquí. También descubrió que en la España de la época existían algunos personajes extraños a los que les gustaba el deporte y la naturaleza, y que sentían pasión por nuestra sierra. A la cabeza de esos excursionistas se encontraba Manuel Bartolomé Cossío y otros ilustres guadarramistas como Manuel González de Amezúa, fundador del Club Alpino Español. Junto a Sigurd Christiansen, su apoderado en la empresa familiar, comenzó Sörensen a iniciar a estos entusiastas españoles en la práctica del esquí, e incluso les fabricó los esquíes en su fábrica de madera. Así que podemos decir que en la fábrica madrileña de la Calle Argumosa, en el actual barrio de Lavapiés, se fabricaron los primeros esquís de España.

10091658 2254688 La Loma del Noruego. Un noruego llamado Birger Sörensen

Esquís antiguos como los que utilizó, seguramente, Bidrger Sörensen.

Por desgracia, Birger Sörensen falleció muy joven, en 1910, a los 33 años de edad, víctima de unas fiebres tifoideas. El hombre avanzado, llegado de Noruega, que introdujo el esquí moderno en España, no pudo sortear una enfermedad que no supo cómo combatirse hasta años más tarde.

Queda su recuerdo en la toponimia de la Sierra de Guadarrama, en un enclave frecuentado por esquiadores, que rinden homenaje, muchos de ellos sin saberlo, a Birger Sörensen, el noruego. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

El Pinar de los Belgas. La Sociedad Belga de los Pinares del Paular

 El Pinar de los Belgas. La Sociedad Belga de los Pinares del Paular

Sociedad Belga de los Pinares del Paular. Fachada actual.

El Pinar de los Belgas. La Sociedad Belga de los Pinares del Paular. La toponimia de la Sierra de Guadarrama recoge en muchos casos nombres extranjeros como Camino Schmid, o patronímicos como los que se aplican a la conocida Ducha de los Alemanes o la frecuentada por los esquiadores,  Loma del Noruego. Y es que la Sierra de Guadarrama no solamente ha sido objeto de estudio, paseo y deleite de los habitantes serranos. Muchos ilustres extranjeros “colonizaron” este pedazo del Sistema Central, barrera y paso entre las dos Castillas y fuente inagotable para los ríos de sus dos vertientes, Duero y Tajo.

Llama la atención que uno de los pinares más densos y añejos de nuestra sierra, situado en el municipio de Rascafría –Madrid-, en la falda meridional de Peñalara, tenga atribuido el nombre de Pinar de los Belgas.

Para narrar la historia de estos pinares podemos retroceder en el tiempo casi tanto como deseemos, ya que su vida está relacionada con las ambiciones de riqueza de tantos y tantos hombres que durante siglos han perseguido su explotación. Quizá por eso resulta extraño que a día de hoy sigan perdurando y mantengan su esplendor.  Aunque lo que no han podido los años, ni las talas, ni los pleitos y cuitas lo pueda destrozar cualquier dominguero arrojando una colilla desde su coche, mientras sube al Puerto de Cotos, o uno de esos pirómanos que cada año asolan los bosques, y de los que nunca jamás conocemos nombres o motivos, una vez que el incendio se ha extinguido y ha pasado el sobresalto mediático. Esperemos que eso no ocurra por el bien del pinar y el nuestro.

 El Pinar de los Belgas. La Sociedad Belga de los Pinares del Paular

Sociedad Belga del Paular.

El Pinar de los Belgas o los Pinares del Paular como también se les denomina,  vienen a ser la continuación del Pinar de Valsaín por el otro lado de Peñalara, algo así como el envoltorio de la montaña que con excepción de sus partes más altas y desabridas se recubre con dos densas masas forestales en cada una de sus laderas. Y del mismo modo que el Pinar de Valsaín perteneció a la Ciudad y Tierra de Segovia desde el s. XII, el pinar de la ladera sur, también era propiedad segoviana.

Sin embargo, en 1675 el poder de los monjes cartujos del Monasterio de El Paular, que era mucho poder, se hizo efectivo con una Real Cédula de Carlos II que les concedía el  dominio sobre el monte en detrimento de la Ciudad y Sierra de Segovia. No en vano, los cartujos ya habían hecho sus “pinitos” en el Valle del Lozoya, y nos referimos a lo concerniente a la tala de pinos, porque en lo relativo a  explotación de pastos para sus ganados tenían todas los derechos desde 1390. Aún así no podían los monjes evitar la tentación de echar mano a la madera, y más de un pino sucumbió a sus hachas y fue objeto de comercio en poblaciones cercanas al Valle.

En cualquier caso, los pleitos entre segovianos y cartujos por un “quitame allá esos pinos” se dieron por terminados con la mencionada Real Cédula de Carlos II. La cosa quedó en rotunda victoria para los monjes. Con la Iglesia habían topado los recios segovianos, que más tarde toparon con el monarca, ya que los pinares de Valsaín acabaron siendo propiedad del rey Carlos III en 1761, aunque sí tuvo la delicadeza el monarca ilustrado de dejarles sacar ramas de acebo para el Domingo de Ramos y piornos de las alturas para proteger los ventisqueros; menos da una piedra. A cambio, eso sí, el Pinar de Valsaín permaneció intacto y vigilado. Nunca sabremos qué hubiera ocurrido si su explotación hubiera quedado al arbitrio de vaya usted a saber qué administrador, que tampoco los ciudadanos de a pie somos hermanitas de la caridad, y menos en lo que se refiere a los asuntos de la naturaleza.

Así las cosas, a comienzo del s. XIX todo estaba repartido y los Pinares de Valsaín eran conocidos como “Pinar del Rey” y los del lado madrileño como “Pinar de los Frailes”.

En 1837, la Desamortización de Mendizabal arrebató a los cartujos o puso a disposición del pueblo, como queramos, los pinares de la zona madrileña que fueron adquiridos por una sociedad civil belga para su explotación. La decisión levantó ampollas, ya sabemos que en nuestro país molesta mucho que los extranjeros se hagan con el control de nuestras cosas, ya sean pinares, banca o eléctricas, y de hecho algunos levantamientos patrióticos se llegaron a producir, pero la sangre no llegó al río y los pinares fueron para los belgas que los explotaron a través de la sociedad denominada Sociedad Belga de los Pinares de El Paular.

Hoy día, estos pinares y los de Valsaín son un ejemplo de explotación maderera. Su estado de conservación es óptimo y cabe preguntarse qué hubiera ocurrido si la Sociedad Belga de los Pinares del Paular no se hubiera hecho con su aprovechamiento. La respuesta es sencilla, hubiera ocurrido exactamente lo mismo que ocurrió con los aledaños pinares de Malagosto y el Reventón, que fueron completamente talados para obtener el máximo beneficio posible en el menor espacio de tiempo posible. Eso fue lo que hicieron con ellos los empresarios patrios a los que se adjudicaron aquellos montes. Y es que la cultura del pelotazo parece que viene de lejos. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

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