Archive / MIRIÁPODOS

RSS feed for this section

Scutigera coleoptrata, ciempiés doméstico

Scutigera coleoptrata 684x1024 Scutigera coleoptrata, ciempiés doméstico

Scutigera coleoptrata

Scutigera coleoptrata es un ciempiés que podemos encontrar en el interior de las viviendas. Se alimenta de insectos y arañas a los que captura y mata con sus forcípulas venenosas.

Lo más llamativo de Scutigera coleoptrata, además de sus largas patas, es la gran velocidad que adquiere cuando ataca o huye. Se calcula que puede correr 40 cm en un segundo, lo que no está nada mal para un artrópodo de unos 5 cm de longitud como máximo.

Estos animales necesitan humedad y detestan la luz solar, por ello es habitual que se escondan en las viviendas, preferentemente en sótanos o cuartos de baño donde se suelen dar esas condiciones.

Scutigera coleoptrata se distribuye por todo el área mediterránea, por supuesto también en la Península Ibérica. En el exterior habita entre hojarasca en zonas umbrías y con cierta humedad, condiciones que encuentra en las viviendas al llegar el otoño.

La reproducción de la escutigera se produce en primavera. El macho deposita su esperma y es la hembra la que lo recoge para fertilizar sus huevos. También la hembra cuidará celosamente de su puesta, a la vez que aplica una solución fungicida a los huevos para evitar su destrucción por invasión de hongos. Esto lo consigue introduciendo cada huevo en su boca e impregnándolo con su “saliva” que posee esa propiedad fungicida.

Si se ven apresadas pueden desprenderse de algunas de sus patas para huir. Al igual que otros miriápodos son de hábitos nocturnos, momento del día en que capturan a sus presas. Para cazar emplean sus antenas, más eficaces que sus ojos, y sus forcípulas o pinzas venenosas que poseen debajo de la cabeza. En ese proceso mantienen a la víctima a distancia con sus largas patas.

La picadura de Scutigera coleoptrata en humanos, si se llega a producir, es mucho menos dolorosa que la de Scolopendra cingulata, otro ciempiés de mayor tamaño que habita en nuestros campos. En cualquier caso el único motivo por el pueden picarnos es por es por manipularlas con la mano o por quedar atrapadas fortuitamente en nuestro cuerpo, ya que no somos su alimento ni obtienen beneficio alguno atacándonos. Como siempre cuando se trata de picaduras de insectos, arañas o ciempiés, al menos de los de nuestro ámbito peninsular, lo más peligroso son las reacciones alérgicas al veneno, que dependen de las circunstancias de cada persona. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, NO TE PUEDES PERDER NUESTRO LIBRO “QUE NO PISAR, NO COMER Y NO TOCAR EN LA NATURALEZA”, UNA GUÍA DE LAS ESPECIES DE ANIMALES, PLANTAS Y HONGOS POTENCIALMENTE PELIGROSOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA).

Scutigera coleoptrata ciempiés doméstico 1024x682 Scutigera coleoptrata, ciempiés doméstico

Scutigera coleoptrata, ciempiés doméstico

Scolopendra cingulata, escolopendra

 

Scolopendra cingulata copia Scolopendra cingulata, escolopendra

Scolopendra cingulata. Fotografía © Ángel S. Crespo 2012

Scolopendra cingulata, escolopendra, es un miriápodo –ciempiés- de dolorosa picadura y el más grande de Europa, ya que puede alcanzar casi 20 cm de longitud.

La escolopendra, como habitualmente se denomina a Scolopendra cingulata, es de hábitos nocturnos. Durante el día se refugia debajo de las piedras, uno de los motivos por los que no es aconsejable levantarlas ni meter las manos bajo ellas cuando estamos en el campo. Su alimento lo constituyen insectos, caracoles y, en general, pequeños artrópodos, aunque algunas especies que no habitan en la Península Ibérica, como Scolopendra gigantea, son capaces de capturar pequeños mamíferos y aves.

La escolopendra hace sus nidos en una pequeña madriguera con túneles bajo piedras bien asentadas en el terreno. Al ser descubierta se mueve de forma nerviosa y con gran rapidez, algo que confunde a sus depredadores, ya que tanto su cabeza como la parte final de su cuerpo tienen un aspecto similar. La cabeza termina en dos antenas, y el  final de su cuerpo tiene dos apéndices que se parecen a las antenas. Si tenemos en cuenta el movimiento rápido de la escolopendra, resulta difícil distinguir donde está la cabeza y cuales son los apéndices finales. Si el depredador ataca a la cabeza matará a la escolopendra, pero si lo hace por confusión en la cola, recibirá la picadura dolorosa y paralizante de este miriápodo.

Scolopendra cingulata posee 21 pares de patas, se encuadra dentro de lo que comúnmente llamamos ciempiés, a pesar de no tener cien patas. Otros miriápodos tienen muchos más pares de patas y son llamados milpiés. Estos últimos no son cazadores, se alimentan de residuos vegetales y materia orgánica. Por el contrario, los ciempiés sí son cazadores y usan el veneno de sus forcípulas para cazar.

Las forcípulas son dos pinzas conectadas a glándulas venenosas que las escolopendras y otros ciempiés poseen debajo de la cabeza. En realidad son un par de patas modificadas y convertidas en poderosas armas puntiagudas.

Existe un temor arraigado respecto a la picadura de la escolopendra. Ciertamente proporciona un dolor muy intenso, pero afortunadamente las especies presentes en la Península Ibérica no poseen un veneno tan poderoso como para causar la muerte, algo que sí ocurre con especies situadas en los trópicos, que pueden producir la muerte de un niño o de una persona débil. Por lo general, la picadura de la escolopendra genera además del dolor, una sensación de quemazón, hinchazón y necrosis superficial de la zona dañada, que cesa transcurridas dos o tres horas. Algunas personas pueden sufrir dolor de cabeza, vómitos, náuseas  y disritmias cardiacas, aunque ello dependerá de su sensibilidad al veneno.

En cualquier caso, hay que reiterar que no es aconsejable levantar piedras con las manos desnudas. Por supuesto, no hay que coger una escolopendra con la mano, porque es muy rápida y escurridiza,  y debemos procurar revisar el calzado si lo hemos dejado por la noche en el exterior, ya que Scolopendra cingulata es de hábitos nocturnos y puede decidir ocultarse en el interior de nuestras botas. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, NO TE PUEDES PERDER NUESTRO LIBRO “QUE NO PISAR, NO COMER Y NO TOCAR EN LA NATURALEZA”, UNA GUÍA DE LAS ESPECIES DE ANIMALES, PLANTAS Y HONGOS POTENCIALMENTE PELIGROSOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA).

Follow

Get every new post on this blog delivered to your Inbox.

Join other followers: