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Las chicharras son para el verano

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Cicadellidae

Chicharras, cigarras o cigarrilas, son insectos pertenecientes al orden de los hemípteros. Nada que ver -excepto que son insectos- con los saltamontes y los grillos, que forman parte del orden de los ortópteros. Lo que si tienen en común es su capacidad para emitir sonido, a veces ensordecedor, machacón y cansino, que en el caso de las chicharras es la confirmación, además, de estar en pleno verano y bajo un sol de justicia. Por si hiciera falta que nos lo recordaran. Una mala combinación, si añadimos la imagen que la fábula nos presenta de ellas, como seres poco trabajadores, que cantan en vez de trabajar, algo que suele traer malas consecuencias como ya se encargó de recordarle una hormiga rencorosa humanizada por Jean de La Fontaine, un francés con mentalidad algo alemana.

Las chicharras pertenecen a la familia de los cicadélidos, Cicadellidae, acogiendo especies de diferentes formas y tamaños. Algunas, de apenas unos milímetros, y tan raras como Centrotus cornutus con pinta de pequeño diablillo. Otras capaces de segregar una especie de espuma que adhieren a las plantas, y con la que se protegen del calor y los depredadores. De hecho, mucha gente se pregunta qué son esas espumas con aspecto de escupitajo que en primavera y verano se encuentran diseminadas entre las hierbas. Sus autores son hemípteros como Cercopis intermedia, unas coloristas cigarrilas espumadoras.

Las grandes, las que más ruido hacen, reposan en las ramas de árboles y arbustos, alimentándose de la savia de las plantas, como el resto de sus congéneres. El “canto” lo producen los machos con un aparato estridulatorio a base de membranas quitinosas y cavidades de aire que actúan como una caja de resonancia. Lo hacen para atraer a las hembras. Los animales nunca trabajan en balde.

Algunas especies de chicharras pasan desde 2 hasta 17 años de su vida enterradas en el suelo, alimentándose de la savia que chupan de las raíces de las plantas. Cuando alcanzan la madurez emergen para reproducirse. Así que no es de extrañar que cuando salen de su obligado exilio subterráneo les apetezca cantar. Un poco de paciencia con ellas. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

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Centrotus cornutus

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Cercopis intermedia.

El Puente del Perdón, la cara o cruz de una justicia muy particular

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Puente de El Perdón

El Puente del Perdón se encuentra frente al Monasterio de El Paular, en Rascafría. El que podemos contemplar hoy en día se se construyó en el s. XVIII, aunque conserva el nombre del antiguo puente de comienzos del s. XIV que vino a sustituir.

Precisamente hasta el s. XIV y al antiguo Puente del Perdón hay que remontarse para conocer la historia de los quiñones, de la Casa de la Horca y de lo que significaba pasar frente al antiguo puente medieval que entonces, como ahora, salvaba el cauce del río Lozoya.

Después del año 1085, cuando Alfonso VI de Castilla arrebató la ciudad de Madrid a los musulmanes, comenzó un período de repoblación, o lo que es lo mismo, de asentamiento cristiano a lo largo del territorio conquistado. Ese territorio correspondía a lo que en la actualidad es la Comunidad de Madrid, incluyendo el Valle del Lozoya y las vertientes meridionales de la sierra de Guadarrama, estructuradas en los llamados sexmos.

Sin embargo, la repoblación no iba a ser fácil, las nuevas tierras a ocupar estaban plagadas de maleantes y resistentes que no dudaban en asaltar y saquear las nuevas aldeas. Por ello se crearon los denominados caballeros de los Quiñones de la Ciudad de Segovia. Se trataba de grupos de jinetes armados,  que acompañados de mujeres, avanzaban por las nuevas tierras hostiles buscando asentamientos donde iniciar una nueva vida y, con ello, una nueva población. Investidos de poder militar y jurisdiccional, no se andaban con remilgos a la hora de impartir su justicia y mandaban a la horca a cualquiera que pusiera en peligro la estabilidad de los nuevos asentamientos.

En el Quiñón de Rascafría, tras un juicio sumarísimo, por llamarlo de algún modo, se decidía si un acusado debía ser colgado en la Casa de la Horca. Estaba situada y, aún subsiste, a unos 6 km de Rascafría, en el margen izquierdo del río Lozoya o arroyo de La Angostura, que es como se denomina al Lozoya en su curso alto, precisamente por la angostura o estrechamiento que se produce en la zona próxima a Cabeza Mediana. La decisión final no se comunicaba al reo, que era conducido por una escolta, camino de la Casa de la Horca, con independencia de que hubiera sido declarado culpable o inocente. Al pasar justo enfrente del Puente del Perdón, si había sido absuelto se le dejaba en libertad para que cruzara el puente y partiera hacia otro lugar. Si la escolta de guardianes a caballo no paraba, mal asunto, el reo seguiría camino hasta la Casa de la Horca y sería ajusticiado.

En la actualidad, junto al Puente del Perdón se encuentra el Arboreto Giner de los Ríos y un Centro de Educación Ambiental. El puente actual  está construido en granito y cuenta con tres arcos de medio punto por los que discurren las claras y abundantes aguas del Lozoya. © ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO.  (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS EN NUESTRO  LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

El Monasterio de El Escorial

Panteón de reyes El Monasterio de El Escorial

Panteón de Reyes. Monasterio de El Escorial

Símbolo de la hegemonía española del Siglo de Oro, de la defensa de la religión católica frente al auge del protestantismo europeo y del culto a la dinastía monárquica, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial culmina todas las aspiraciones del rey Felipe II.

El profundo sentimiento religioso del monarca se plasma en este espectacular conjunto arquitectónico, ideado para cumplir distintas funciones. La primera, ser monasterio de la Orden de San Jerónimo, en cuya iglesia reposasen los restos de Carlos V, de su esposa, del propio Felipe II y de sus sucesores, “protegidos” por la ininterrumpida oración de los frailes; la segunda, servir como palacio para el rey y su séquito; y la tercera, albergar el colegio, el seminario y la biblioteca que complementarían al monasterio.

Ocho años tardó el rey en determinar cuál iba a ser el emplazamiento, que se fijó definitivamente en el año 1562. Hacia 1571, la zona monacal estaba terminada, siguieron las obras con las construcción de la Casa del Rey y en 1595 se consagró la basílica, dándose por terminada la obra. Durante este tiempo, Felipe II no dejó de supervisar las labores de construcción, tal como hizo con las obras del Palacio de Valsaín.

Era el rey un hombre culto, con gusto por la arquitectura, materia en la que era verdaderamente entendido. Contó con la dirección de Juan Bautista de Toledo, que había colaborado con Miguel Ángel en El Vaticano, y con Juan de Herrera, pero a lo largo de la construcción del edificio fueron numerosas las consultas a arquitectos italianos y españoles, ya que el meticuloso monarca dejaba pocas cosas fuera de su control.

La riqueza que alberga el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es incalculable. Además del valor arquitectónico, en sus salas pueden contemplarse, esculturas, tallas, tapices y pinturas dignas de los mejores museos del mundo. Entre estas últimas hay obras de El Greco, Tiziano, El Veronés, Tintoretto, Rubens, Van Dyck, Ribera, además de otras de un largo elenco de los grandes maestros de la época. En su biblioteca se guardan más de 40.000 valiosos volúmenes que incluyen manuscritos de origen griego, latino, árabe y hebreo.

A todo el conjunto arquitectónico hay que sumar las reformas que los Borbones Carlos III, Carlos IV y Fernando VII realizaron en sus reinados para adecuar algunas estancias a su tiempo y costumbres.

Quizá lo que más sorprenda y sobrecoja al visitante son los panteones, donde reposan los restos de reyes e infantes. A los panteones se accede desde una escalera que parte de la iglesia a la sacristía. A la izquierda se encuentran los restos de los reyes, a la derecha, los de los infantes. El aspecto actual es distinto al propuesto en su día por Juan de Herrera, de hecho fue Felipe III quien decidió su ubicación y el revestimiento de mármoles y bronces, en lugar del austero granito propuesto inicialmente. Se concluyó en 1654 bajo el reinado de Felipe IV.

En las urnas del panteón de reyes reposan los restos mortales de los monarcas y de sus esposas,  de las dinastías Austria y Borbón. En el caso de las esposas, reposan solamente aquellas que fueron madres de reyes. Tan solo faltan los reyes Felipe V y Fernando VI, cuyos restos se encuentran, respectivamente, en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso y en el Convento de las Salesas Reales de Madrid. También reposan los restos del único consorte masculino de la realeza española, Francisco de Asís Borbón, esposo de la reina Isabel II, así como los de la primera esposa de Fernando IV, que no llegó ser madre de rey, pero a la que se trasladó al inaugurarse el panteón, junto a los restos de los reyes Carlos I y del propio Felipe II que descansaban en la cripta.

El último rey trasladado al panteón de reyes fue Alfonso XIII.  Juan de Borbón, que no llegó a reinar y su esposa María de las Mercedes, padres del rey Juan Carlos I, todavía permanecen en el denominado “pudridero”, un espacio contiguo destinado a que los restos mortales se consuman antes de ser trasladados a su respectivas urnas. En ese lugar también se encuentra la reina Victoria Eugenia. Los tres completan el cupo vacante de urnas en el panteón, por lo que cuando sean allí trasladados no habrá espacio para otros reyes.

Por su parte, el Panteón de Infantes es posterior. Se construyó por iniciativa de la reina Isabel II en 1888. Destaca el sepulcro de Don Juan de Austria y un mausoleo en el que se recogen los restos de todos los infantes muertos antes de llegar a la pubertad, denominado Panteón de Párvulos, y que tiene forma de tarta, detalle de cuyo gusto mejor no hablar.© ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS EN NUESTRO  LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

La leyenda del perro flamígero de El Paular

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© Ángel Sánchez Crespo. Visión de una de las torres del Monasterio de El Paular

La leyenda del perro flamígero de El Paular. Esta leyenda tiene como protagonistas a los mismísimos monjes de El Paular y lo que sucedió en el monasterio. Es una historia de monjes, mendigos y perros envueltos en llamas, de la que mejor no extraer conclusiones o moralejas porque las moralejas son para las fábulas, no para las leyendas, menos racionales y explicables.

Cuenta la leyenda que los monjes de El Paular abrían las puertas cada mañana para dar limosna a los pobres que hasta allí se acercaban. Siguiendo la costumbre, un día, uno de los mendigos habituales no acudió, o lo hizo tarde. Sin comida y aterido de frío murió a las puertas de la cartuja. Cuando los monjes descubrieron su cadáver decidieron darle sepultura, y lo hicieron excepcionalmente e infringiendo la costumbre monacal, en el claustro reservado a los monjes. Después de hacerlo, se retiraron a descansar a sus celdas, hasta las diez de la noche, hora en la que todos se reunían para orar en la sillería del coro.

A la hora prevista se hicieron sonar las campanillas de las celdas y los monjes salieron para cumplir sus obligaciones, pero todos ellos se encontraban más cansados que de costumbre. Extrañados, decidieron ver la hora que marcaba el reloj lunar del monasterio. Fue cuando descubrieron que habían sido llamados una hora antes que de costumbre. Atribuyeron el error al monje encargado de hacer las llamadas, pero la situación se repitió los días posteriores. Por ello, cuatro de los monjes más fornidos, armados con palos, y por lo que se ve, no muy amigos de las bromas, se escondieron alrededor del patio, esperando encontrar al saboteador de descansos.

Sin embargo, lo que pensaban era una broma se convirtió en una escena terrorífica. Comprobaron que un perro envuelto en llamas agitaba las campanillas de todas las celdas y que después, a toda prisa, acudía a esconderse en la tumba del mendigo al que habían dado sepultura en el claustro monacal.

Después de mantener una reunión urgente, concluyeron que tal vez el mendigo habría sido un pecador condenado a las llamas del infierno. Así que decidieron sacar el cadáver de su tumba y arrojarlo al estanque de la huerta. Dicen que desde entonces, todas las noches a las doce en punto se oyen, desde el estanque, los ladridos de un perro.

Como decíamos al comienzo, mejor no sacar conclusiones porque la más sencilla daría como resultado que no hay que confiar en nadie, menos aún si ese alguien es pobre; u otra más tétrica, que no hay que enterrar muertos ajenos en tu casa. Pero como dijimos, es una leyenda, no una fábula. © ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS EN NUESTRO PRÓXIMO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

Eristalis tenax, mosca zángano

Eristalis tenax mosca zánganojpg Eristalis tenax, mosca zángano

Eristalis tenax, mosca zángano

Eristalis tenax, la mosca zángano también llamada mosca de la cresa de cola de rata, es un díptero con aspecto similar al de una abeja.

Al igual que otros miembros de la familia Syrphidae, o sírfidos, Eristalis tenax posee la facultad de cernirse o pararse en el aire, motivo por el que a estos insectos se les denomina moscas cernidoras. La mosca zángano es una gran voladora con capacidad para hacerlo hacia adelante, hacia atrás, subir, bajar y quedarse quieta en el aire.

La similitud con las abejas es el origen de su nombre común, mosca zángano. Se trata de un mecanismo de defensa empleado por algunos animales denominado “mimetismo batesiano”, que consiste en asumir la forma de otro animal peligroso al que los depredadores respetan. Este disfraz le permite huir mientras su enemigo se piensa si realmente es o no una abeja y por tanto si hay o no aguijón. En el caso de la mosca zángano no hay peligro de picaduras, es absolutamente inofensiva, su única defensa es parecerse a una abeja.

Eristalixs tenax es un insecto muy frecuente que podemos encontrar en gran número de hábitats donde haya flores, como prados, herbazales floridos, arbustos y jardines.

En estado adulto, la mosca zángano se alimenta del néctar de las flores que visita. Sin embargo, en su estado larvario es menos delicada, ya que vive en aguas fecales, pozos de purín y en medios acuosos con gran contenido de fango. En este ambiente, la larva se alimenta formando en el agua corrientes o remolinos con sus órganos bucales y absorbiendo los materiales orgánicos disueltos. Posee unas protuberancias que permiten que pueda moverse por el fondo y un tubo respiratorio dividido en tres partes que se puede desplegar hasta 10 cm. Con este tubo toma el aire del exterior y lo extiende más o menos, dependiendo de la profundidad a la que se encuentre. Este largo tubo respiratorio es el que proporciona a Eristalis tenax el nombre de mosca de la cresa de cola de rata. ÁNGEL S.CRESPO para GUADARRAMISTAS

Eristalis tenax Eristalis tenax, mosca zángano

Eristalis tenax

Lupinus angustifolius, altramuz silvestre

Lupinus angustifolius altramuz silvestre Lupinus angustifolius, altramuz silvestre

Lupinus angustifolius, altramuz silvestre

Lupinus angustifolius, altramuz silvestre, altramuz azul o lupino es una leguminosa silvestre que se cultiva para la obtención de los altramuces, que son sus semillas.

Las semillas de Lupinus angustifolius se han consumido desde tiempos inmemoriales. Los altramuces son muy ricos en grasas, mucho más que otras semillas de leguminosas, pero sus grasas son saludables.

Para conseguir eliminar su sabor amargo, es precisa una previa preparación de esta semilla. Hay que dejarla en agua fría durante al menos 12 horas, volver a cubrirla con agua y cocerla. Una vez cocida se vuelve a cubrir con agua fría y sal. Durante al menos una semana, de forma diaria, hay que proceder a cambiarle el agua con sal, solamente así tendrá un buen sabor.

Una vez preparados, los altramuces encurtidos se consumen como aperitivo. En crudo, sin encurtir, se utilizan para hacer harinas, sopas e incluso molidos como sustituto del café.

La planta silvestre podemos encontrarla durante la primavera, en suelos preferentemente ácidos, en terrenos de monte bajo, matorral y encinares con buena insolación y temperaturas cálidas. Lupinus angustifilius alcanza una altura de casi 1 metro y una hermosa floración de color azul muy llamativa. Los frutos o semillas, los altramuces, se desarrollan en el interior de una vaina, como los de otras leguminosas.

Como planta medicinal Lupinus angustifolius posee propiedades hipoglucemiantes, es decir, sirve para rebajar el nivel de glucosa en sangre, como hace la insulina en los tratamientos de la diabetes. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

Lupinus angustifolius Lupinus angustifolius, altramuz silvestre

Lupinus angustifolius

El molino de papel de El Paular y El Quijote 

Portada de la primera edición del Quijote El molino de papel de El Paular y El Quijote 

Portada de la primera edición de El Quijote

EL MOLINO DE PAPEL DE  EL PAULAR Y EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE. El valle del Lozoya no solamente atesora riqueza paisajística y natural. Un paseo por los alrededores del Monasterio de El Paular puede proporcionarnos, además, la intensa satisfacción de conocer fragmentos desconocidos de nuestra historia, como la del molino de papel de El Paular,  donde se fabricó el soporte para la más conocida obra literaria de la lengua castellana.

Las aguas del río Lozoya, en esta zona de su curso alto, propiciaron un entramado hidráulico para mover molinos, fraguas, aserraderos y batanes que los monjes cartujos controlaron durante siglos. Hay documentos que atestiguan la existencia de este molino con anterioridad a 1396, fecha en que los monjes lo adquirieron a un vecino de Alameda del Valle. La finalidad de la compra era usarlo como aserradero para obtener las vigas y demás madera necesaria para las obras de la cartuja.

Posteriormente, el molino destinado a aserradero se convirtió en molino de papel. Parece que en ello influyeron los monjes catalanes que llegaron a El Paular, procedentes de la cartuja de Scala Dei de Tarragona, que era un centro neurálgico de la industria papelera catalana durante la Edad Media.

Durante el s.XVII, el molino de papel de El Paular adquirió prestigio, hasta el punto de convertirse en el más afamado e importante de Castilla. El papel que allí se fabricaba y que de allí salía se vendía en Madrid, en la llamada Lonja de las Cuatro Calles.

En 1605 se imprimió en los talleres de la calle Atocha de Madrid,  propiedad del impresor Juan de la Cuesta, el libro cuya portada decía:

EL INGENIOSO HIDALGO DON QVIXOTE DE LA MANCHA

Compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra

DIRIGIDO AL DVQVE DE BEJAR, Marques de Gibraleon, Conde de Benalcaçar, y Bañares, Vizconde la Puebla de Alcozer, Señor de las Villas de Capilla, Curiel y Burguillos.

Año, 1605.

CON PRIVILEGIO, EN MADRID Por Juan de la Cuesta

Vendese en casa de Francisco de Robles, librero del Rey ntro señor.

Para esta primera edición de El Quijote no se empleó un papel de mucha calidad, tal vez no se consideraba que la obra fuera a ser relevante, ni que de ella se fueran a vender muchos ejemplares. Además, se trató de una edición con bastantes erratas.

La procedencia del papel se confirma con la presencia en el libro de la filigrana o anagrama del molino de El Paular y el símbolo de los cartujos. Además, tanto el impresor Juan de la Cuesta, como el librero Francisco de Robles eran clientes habituales de los cartujos.

El molino de papel de El Paular o Molino de los Batanes funcionó hasta el año 1928, cuando se convirtió en internado para señoritas bajo el nombre de Colegio San Benito. Actualmente, ni es molino, ni es colegio, simplemente está en ruinas, sin una miserable indicación de lo que fue, algo común a muchos legados de nuestra historia. Habrá que seguir esperando y soñando en que nuestras administraciones hagan algo al respecto, aunque hay que ser “quijote” para confiar en que ello ocurra. © ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS.(SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

Miguel de Cervantes Saavedra El molino de papel de El Paular y El Quijote 

Miguel de Cervantes y Saavedra (1547-1615) Jauregui y Aguilar, Juan de (c.1566-1641); Real Academia de la Historia, Madrid

Del Guadarrama al Atlántico, el Canal de Cabarrús y el Pontón de la Oliva

canal Cabarrús. Francisco Cabarrús. Obra de Goya copia Del Guadarrama al Atlántico, el Canal de Cabarrús y el Pontón de la Oliva

Francisco Cabarrús. Obra de Goya

Del Guadarrama al Atlántico, el Canal de Cabarrús y el Pontón de la Oliva. Levantarse una mañana y que al político de turno le apetezca hacer una obra magna con la que pasar a la historia no es algo nuevo. Si construir aeropuertos en capitales que no los necesitan nos parece una frivolidad,  la idea discurrida, a finales del s.XVIII, puede parecernos estratosférica: unir el río Guadarrama con el río Guadalquivir y conseguir un canal navegable entre Madrid y el Océano Atlántico. La diferencia principal de este ambicioso proyecto, respecto a otros más modernos y a veces más estrambóticos, es que el canal navegable se iba a financiar con dinero privado.

Todo surge de la mente de Antonio Ulloa (1716-1795), marino y científico polifacético que no dejó nunca de darle vueltas a la cabeza. Introdujo los principios de la electricidad en España, mejoró las imprentas, papeles y tintas, así como la industria textil con innovaciones en los telares, y también estudió las posibilidades del caucho.

Respecto a la construcción de un gran canal navegable, cabe decir que ya había realizado el proyecto del Canal de Castilla, encargado por el Marqués de la Ensenada, así que en el fondo, su pretensión no era tan descabellada.

Con la colaboración del ingeniero francés Carlos Lemaur, que nunca confió en poder salvar todas las dificultades técnicas del proyecto, Antonio Ulloa elaboró el llamado Proyecto General de Canales de Navegación y Riego para los Reinos de Castilla y León. Se trataba de construir un canal navegable de nada menos que 771 Km, que pasaría por Aranjuez y cruzaría La Mancha, abasteciéndose de aguas de los ríos Cigüela, Záncara y Guadiana. Tras cruzar Despeñaperros a la altura de Almuradiel y siguiendo el curso de diferentes ríos menores y arroyos, se uniría con el Guadalquivir para continuar por Córdoba y Sevilla. Desde Sevilla al Atlántico solo era cuestión de aprovechar la navegabilidad del Guadalquivir hasta la desembocadura. Con esta obra se pretendía facilitar el tráfico mercantil entre el mar y Castilla, ahorrando tiempo y costes.

Por entonces, los banqueros, más atentos a la inversión que a la especulación, prestaron atención al proyecto, en concreto lo hizo Francisco Cabarrús, director del Banco de San Carlos. El banco de Cabarrús financiaría la construcción, por lo que Carlos Lemaur se puso manos a la obra. Sin embargo, lamentablemente falleció unos días antes de entregar el proyecto que sus hijos continuaron.

Las obras se iniciaron tomando como punto de partida la llamada Presa de El Gasco, situada entre Torrelodones, Galapagar y Las Rozas, municipios todos ellos madrileños. Se construyó a 750 metros sobre el nivel del mar. Medía 160 metros de largo por 54 de altura y 31 de ancho, y llegaron a realizarse 26 Km de canal, empleando para ello, como mano de obra, a presos comunes de la época. Una tormenta, la víspera de San Isidro del año 1787 derribó pare del muro de la presa. Los costes y las sospechas que Carlos Lemaur tuvo respecto a la dudosa viabilidad del proyecto, se pusieron de manifiesto y, finalmente, la magnífica obra se paralizó. Madrid siguió sin mar y sin playa.

Pero la historia de canales y embalses inacabados no termina aquí. De la mano del propio Cabarrús, que además de banquero y rico, era un hombre con inquietudes y amante de las obras hidráulicas, se construyó el Canal que lleva su nombre, el canal de Cabarrús, que unía las cuencas del Lozoya y el Jarama, a través de los municipios de Torremocha del Jarama, Torrelaguna y Patones. Con sus 12 Km de longitud construidos entre 1775 y 1799, acabó siendo una obra inservible. Su finalidad era el riego de las fértiles tierras de la comarca de Torrelaguna, pero nunca llegó a ser realmente útil porque el secano ganó la partida al  regadío propuesto por Cabarrús. Estuvo en funcionamiento hasta el año 1822, luego quedó abandonado hasta que en 1880 lo compró el Canal de Isabel II que, en la actualidad, sigue siendo el propietario.

Para terminar la historia de las obras hidráulicas que pudieron ser y no fueron, es imprescindible hacer mención al embalse del Pontón de la Oliva. En este caso se trataba de dar abastecimiento de agua a la capital. La urgente necesidad de llevar agua a  la villa y corte se afrontó con demasiada precipitación. En marzo de 1848, el Ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas Juan Bravo Murillo decidió actuar, proponiendo una serie de obras que permitieran la captación de aguas de los ríos serranos. En diciembre de ese mismo año, los ingenieros ya tenían proyectada la obra en el denominado Cerro de la Oliva, una garganta situada a escasos metros del punto en que el río Lozoya vierte sus aguas en el Jarama, en el extremo oriental de la Comunidad de Madrid, límite geográfico entre la actual Comunidad de Madrid y la provincia de Guadalajara.

Una obra que contó con 1.500 presos, además de trabajadores libres contratados, que sufrieron en plena obra una epidemia de cólera, y que sin saberlo, estaban dejando su salud y su vida construyendo una presa en el lugar de Madrid donde más filtraciones de agua pueden producirse, ya que todo ese terreno es calizo, de naturaleza kárstica. Con la de granito que hay por toda la sierra, mira por donde se eligió un terreno que “chupa” el agua y la hace desaparecer. Por supuesto, la vida del embalse, cuya obra se mantiene en perfecto estado para contemplación de quien quiera verlo, fue corta. Las necesidades seguían creciendo y hubo que iniciar nuevos proyectos que finalmente cuajaron en lo que hoy es el Canal de Isabel II, con su red de embalses y de canalizaciones que forman un colosal entramado para dar agua a la siempre sedienta capital. © ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS.(SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

Pontón de la Oliva Del Guadarrama al Atlántico, el Canal de Cabarrús y el Pontón de la Oliva

Pontón de la Oliva

El oficio de peguero

Pino silvestre copia copia El oficio de peguero

Pino silvestre

El oficio de peguero. Una de las profesiones ya extinguidas es la de peguero, pezguero o pezero, como también se denominaba a este oficio.

Del mismo modo que los gabarreros sacaban partido al monte después de las cortas de los hacheros, los pegueros hacían lo propio con los restos de la resinación.

Su labor consistía en recoger los llamados “testellones”, o lo que es lo mismo, la resina mezclada con tierra, acículas, cortezas de los pinos, restos vegetales y broza que había sido derramada al suelo al recogerse, o simplemente no había caído dentro del pote o vasija.

Este trabajo oportunista con el que se ganaban la vida esforzados trabajadores del monte, consistía en elaborar con los residuos de la resinación la pez o “aceitinegro”, un alquitrán vegetal usado para impermeabilizar y aislar cueros, botas de vino, odres, embarcaciones y construcciones, y para marcar las reses sin causarles daños.

La faena se llevaba a cabo en pleno monte donde se procedía a construcción del horno o “pezguera”. Según se iba cociendo la resina, se extraía del fondo del pozo y se trasladaba a una olla donde se removía con un palo para hacerla líquida y evitar la formación de grumos. De la olla se pasaba el producto final, la “miera”, a los envases en los que iba a ser transportada y comercializada. La pez o miera derivada de la resina tenía un color negro y una consistencia viscosa.

Además de la resina, algunas plantas como la jara pringosa Cistus ladanifer o el enebro Juniperus oxycedrus también eran cocidos para obtener sus exudados o mieras. De la jara se conseguía el ládano, que además de un buen calmante para la tos, era ingrediente en la elaboración de perfumes. La miera del enebro constituía un remedio eficaz contra una enfermedad del ganado ovino llamada escabro o roña de las ovejas. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO Y QUIERES CONOCER MÁS SOBRE OTROS ANTIGUOS OFICIOS RELACIONADOS CON LA NATURALEZA, ACÉRCATE A NUESTRO LIBRO “LA NATURALEZA Y SUS OFICIOS”.)

Pino silvestre copia El oficio de peguero

Pino silvestre. Tronco

Calamobius filum

Calamobius filum Calamobius filum

Calamobius filum

Calamobius filum es un coleóptero cuyas larvas se alimentan del interior del tallo de las gramíneas y llegan a constituir una plaga agrícola.

Las cosechas afectadas por Calamobius filum son las de trigo, avena, cebada o centeno, aunque también lo son otras gramíneas que habitualmente no se consumen ni cultivan.

Los síntomas que presentan las gramíneas afectadas se dejan notar al final de proceso, que comienza cuando la hembra practica una hendidura en el tallo de la planta con sus mandíbulas para depositar en el interior el huevo del que emergerá la larva. Posteriormente, esa larva irá minando el interior de la gramínea hasta llegar a su base. La planta, ya debilitada, se tronchará por la acción del viento y quedará en evidencia la presencia de su nefasto inquilino. Este efecto es el que determina su nombre común, Tronchaespigas, aunque también se le denomina Aguijonero del trigo.

Calamobius filum pertenece a los cerambícidosCerambycidae-, una familia de coleópteros longicornes –de largas antenas- con más de 25.000 especies distribuidas por todo el mundo. Los adultos miden alrededor de 1 cm, y las larvas tienen aspecto de gusano con colores anaranjados o rojizos. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

 

 

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