Cephalanthera longifolia

 

Cephalanthera longifolia. Porte de la planta 681x1024 Cephalanthera longifolia

Cephalanthera longifolia. Porte de la planta

Cephalanthera longifolia es una delicada orquídea silvestre que puede alcanzar los 70 cm de altura. Está distribuida por casi toda la Península Ibérica, aunque falta en algunas zonas la meseta castellana y del oeste peninsular. Sus poblaciones se encuentran en claro retroceso en la mayor parte de Europa, incluyendo las Islas Británicas donde está considerada como especie vulnerable. Para su crecimiento necesita de claros de bosque donde la luz penetre, y es precisamente el descuido de los bosques, o directamente su desaparición, lo que hace que esta especie sea cada vez más escasa.

Afortunadamente para Cephalanthera longifolia, la Península Ibérica cuenta todavía con bosques mediterráneos idóneos para su crecimiento. Los terrenos calizos frescos y algo húmedos con presencia de quejigos Quercus faginea o encinas Quercus ilex, son perfectos para su desarrollo, aunque también se puede ver en claros de pinar o de bosques caducifolios. La falta de humedad hace que las flores no lleguen a desarrollarse totalmente, adquiriendo un tono pardo y enfermizo. Sus delicadas flores se desprenden con facilidad ante el más pequeño roce.

c longifolia detalle de una flor Cephalanthera longifolia

C. longifolia. Detalle de una flor.

Su polinización la llevan a cabo insectos que curiosamente también polinizan a Cistus salvifolius, una especie frecuente en el ámbito de crecimiento de Cephalanthera longifolia. Para ello, la orquídea emplea mecanismos de mimetismo que atraen a esos mismos insectos. A simple vista para el ojo humano, las plantas de Cistus salvifolius no se parecen a esta orquídea, pero los insectos confunden sus colores. Estos mecanismos de mimetismo y engaño son empleados por las orquídeas, que no tienen un rico polen que ofrecer a los insectos, pero que se benefician de ellos mediante trampas sexuales o miméticas, consiguiendo así pegar sus polinios al insecto atraído.

Cephalanthera longifolia florece entre los meses de abril y julio y su abundancia, así como su tamaño, varían de unos años a otros. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS