Scutigera coleoptrata, ciempiés doméstico

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Scutigera coleoptrata

Scutigera coleoptrata es un ciempiés que podemos encontrar en el interior de las viviendas. Se alimenta de insectos y arañas a los que captura y mata con sus forcípulas venenosas.

Lo más llamativo de Scutigera coleoptrata, además de sus largas patas, es la gran velocidad que adquiere cuando ataca o huye. Se calcula que puede correr 40 cm en un segundo, lo que no está nada mal para un artrópodo de unos 5 cm de longitud como máximo.

Estos animales necesitan humedad y detestan la luz solar, por ello es habitual que se escondan en las viviendas, preferentemente en sótanos o cuartos de baño donde se suelen dar esas condiciones.

Scutigera coleoptrata se distribuye por todo el área mediterránea, por supuesto también en la Península Ibérica. En el exterior habita entre hojarasca en zonas umbrías y con cierta humedad, condiciones que encuentra en las viviendas al llegar el otoño.

La reproducción de la escutigera se produce en primavera. El macho deposita su esperma y es la hembra la que lo recoge para fertilizar sus huevos. También la hembra cuidará celosamente de su puesta, a la vez que aplica una solución fungicida a los huevos para evitar su destrucción por invasión de hongos. Esto lo consigue introduciendo cada huevo en su boca e impregnándolo con su “saliva” que posee esa propiedad fungicida.

Si se ven apresadas pueden desprenderse de algunas de sus patas para huir. Al igual que otros miriápodos son de hábitos nocturnos, momento del día en que capturan a sus presas. Para cazar emplean sus antenas, más eficaces que sus ojos, y sus forcípulas o pinzas venenosas que poseen debajo de la cabeza. En ese proceso mantienen a la víctima a distancia con sus largas patas.

La picadura de Scutigera coleoptrata en humanos, si se llega a producir, es mucho menos dolorosa que la de Scolopendra cingulata, otro ciempiés de mayor tamaño que habita en nuestros campos. En cualquier caso el único motivo por el pueden picarnos es por es por manipularlas con la mano o por quedar atrapadas fortuitamente en nuestro cuerpo, ya que no somos su alimento ni obtienen beneficio alguno atacándonos. Como siempre cuando se trata de picaduras de insectos, arañas o ciempiés, al menos de los de nuestro ámbito peninsular, lo más peligroso son las reacciones alérgicas al veneno, que dependen de las circunstancias de cada persona. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, NO TE PUEDES PERDER NUESTRO LIBRO “QUE NO PISAR, NO COMER Y NO TOCAR EN LA NATURALEZA”, UNA GUÍA DE LAS ESPECIES DE ANIMALES, PLANTAS Y HONGOS POTENCIALMENTE PELIGROSOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA).

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