Lilium martagon, azucena silvestre

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Lilium martagon, flor

Lilium martagon, azucena silvestre, martagón o lirio bravo, como se conoce de forma común a esta planta herbácea, perenne y bulbosa, crece principalmente en la mitad norte de la península Ibérica, incluyendo también la Sierra de Guadarrama, aunque no es muy abundante.

Lilium martagon necesita ambientes frescos y húmedos, y florece entre los meses de junio y agosto. Las praderas de montaña, los bosques de ribera, los claros en robledales, hayedos, castañares y también pinares y abetales son sus hábitats preferidos. En cualquier caso, siempre es necesario que el suelo mantenga cierto grado de humedad. Crece hasta altitudes superiores a los 2.000 metros.

De las hojas basales, que brotan en primavera, parten unos largos tallos que llegan a alcanzar los 180 cm de altura, -normalmente algo menos-. De esos tallos surgen, en forma alterna, las bonitas e inconfundibles flores colgantes de color rosado o algo violáceo, con manchas purpúreas.

Además de no ser una planta muy habitual, Lilium martagon ha sufrido la recolección sin control con fines ornamentales, motivo por el cual es cada vez más escasa. Está protegida por la ley en algunas comunidades autónomas como Madrid, Cataluña y Castilla -La Mancha.

Se dice que en el s. XVI los bulbos de esta planta, que son de color dorado, eran muy codiciados por los alquimistas, ya que los consideraban necesarios para obtener la piedra filosofal con la que obtener oro.

En cuanto a los usos medicinales, además de servir como amuleto para los niños que empezaban a echar los dientes, los bulbos se utilizaban para combatir las hemorroides y como diuréticos.

Las flores son algo malolientes, lo cual les permite atraer a infinidad de insectos a su alrededor y garantizar así la polinización.

Lilium martagon es una planta escasa y con hábitats cada vez más reducidos. No la recolectemos. Si le hacemos unas fotografías en vez de cortarla, conseguiremos que perdure intacta su belleza mucho más tiempo que el que duran con vida sus flores en un triste jarrón. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS