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Helleborus foetidus, eleboro

Helleborus foetidus eléboro.  Helleborus foetidus, eleboro

Helleborus foetidus, eléboro.

Helleborus foetidus, eléboro, eléboro fétido o hierba de ballesteros, es como se conoce a esta planta tóxica capaz de producir la muerte por ingestión.

Es una planta leñosa de la que surgen unos tallos de hasta 70 u 80 cm de altura. Las hojas son palmeadas, glabras, las flores de color verde, de entre 1 y 3 cm, que miran hacia el suelo. Su olor es desagradable.

Los síntomas de envenenamiento con Hellebrous foetidus comienzan con dolor fuerte de estómago, diarreas, vómitos y cefalea. Si la cantidad ingerida es grande, se produce una bajada de tensión arterial, desorientación, delirio, pérdida de consciencia y parada cardiorespiratoria.

Se distribuye prácticamente por toda la península Ibérica. En la sierra de Guadarrama puede encontrarse, de forma aislada, preferentemente en la rampa serrana segoviana, sobre suelos básicos.

Además de Helleborus foetidus, en la mitad norte peninsular crece Helleborus viridis, y en Baleares lo hace Helleborus lividus.

Crece en setos, terrenos pedregosos, matorral y orlas forestales, principalmente en suelos calizos.

Florece entre el mes de diciembre y el de junio hasta altitudes de 1.800 metros.

Helleborus foetidus no debe utilizarse nunca en ningún tipo de remedio casero medicinal. Tampoco es aconsejable tocarla, ya que produce en la piel ampollas similares a las de una quemadura.

Los alcaloides de esta planta se utilizan en farmacología para elaborar medicamentos con los que reducir la tensión arterial. En España está prohibida la comercialización del eléboro fuera del ámbito farmacológico y médico.

Se dice que es una de las plantas que utilizaban las “brujas” en sus sesiones de brujería. Los efectos narcóticos de la planta les hacían creer que realmente volaban.

El aspecto de sus hojas es similar al de las hojas de la marihuana Cannabis sativa, por lo que se denomina comúnmente a esta planta “marihuana de los tontos”. Los efectos del consumo de Heleborus foetidus, eléboro, son mucho más perjudiciales para la salud, a corto y largo plazo que los de la marihuana, hasta el punto de poder producir la muerte. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, NO TE PUEDES PERDER NUESTRO LIBRO “QUE NO PISAR, NO COMER Y NO TOCAR EN LA NATURALEZA”, UNA GUÍA DE LAS ESPECIES DE ANIMALES, PLANTAS Y HONGOS POTENCIALMENTE PELIGROSOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA).

Helleborus foetidus eléboro. Detalle de la flor.  Helleborus foetidus, eleboro

Helleborus foetidus, eléboro. Detalle de la flor.

Aconitum napellus, acónito

Aconitum napellus Aconitum napellus, acónito

Aconitum napellus

Aconitum napellus, acónito. Es una de las plantas más tóxicas que existen en la península Ibérica. Unos cuantos gramos matan a una persona. Ni siquiera debe tocarse, ya que a través de la piel puede producirse transmisión de sus sustancias tóxicas.

La ingestión de esta planta produce hormigueo, calambres, vómitos, diarreas, sensación de frío y en muchos casos, dependiendo de la cantidad ingerida, la muerte. No hay antídoto.

La toxicidad no solamente se da en Aconitum napellus, todas las plantas del género Aconitum que crecen en la Península poseen las mismas características tóxicas: Aconitum vulparia, Aconitum napellus, Aconitum anthora, Aconitum burnatii y Aconitum variegatum.

Algunas especies pueden llegar a los 2 metros de altura, pero por lo general suelen medir aproximadamente algo más de 1 metro de alto. Florecen entre los meses de mayo y septiembre, dependiendo de las especies. En concreto, Aconitum napellus lo hace entre los meses de junio y septiembre.  Las flores, de forma tubular, crecen en torno al tallo agrupadas en racimos. Son de color azul en A. napellus, A. variegatum o A. burnatii, y amarillas en A.Vulparia y A. anthora. Las hojas son palmeadas de color verde oscuro.

La mayoría crecen en la mitad septentrional de la península Ibérica, coincidiendo con las áreas más frescas y húmedas. También en Sierra Nevada, en la provincia de Granada, se localizan algunas de las especies como A. burnatii o A. vulparia. En la Sierra de Guadarrama podemos encontrar A. napellus y A.vulparia subesp. neapolitanum, concretamente crecen en el área de Somosierra, zona en la que se desarrolla una vegetación más propia del norte peninsular, debido a sus especiales condiciones climáticas de temperatura y humedad.

Toda la planta es muy venenosa, por lo que no se debe utilizar medicinalmente. No hay que tocar ni recolectar ninguna de las partes de la planta, incluyendo sus flores.

Las sustancias responsables de la toxicidad de estas plantas son unos alcaloides denominados aconitinas, que también se encuentran en otras especies de la familia de las ranunculáceas, a la que pertenece Aconitum napellus. Se absorben con facilidad por las mucosas y también directamente a través de la piel, motivo por el que ya hemos comentado que el acónito no debe ser manipulado.

Sin embargo, la farmacología ha conseguido darle un uso medicinal a esta planta y a la aconitina. Con ella se han elaborado medicamentos que sirven para combatir los dolores y neuralgias que provoca el nervio trigémino en algunas personas, uno de los dolores más agudos e insoportables que se pueden padecer, y que en algunos casos ha provocado el suicidio de quienes lo sufrían. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, NO TE PUEDES PERDER NUESTRO LIBRO “QUE NO PISAR, NO COMER Y NO TOCAR EN LA NATURALEZA”, UNA GUÍA DE LAS ESPECIES DE ANIMALES, PLANTAS Y HONGOS POTENCIALMENTE PELIGROSOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA).

Mandragora autumnalis

Mandragora autumnalis mandrágora Mandragora autumnalis

Mandragora autumnalis, mandrágora

Mandragora autumnalis. La mandrágora es una planta herbácea perenne. Posee raíces gruesas y una cepa o tallo leñoso vertical y fuerte del que salen las hojas rugosas con bordes ondulados,  formando una roseta. Las flores se autopolinizan, son rosadas o de color violáceo. De ellas surgen los frutos de forma ovalada, del tamaño de una uva. Al principio son anaranjados y adquieren un color negro cuando maduran y se secan.

Tanto el tamaño de las hojas como el de las flores es muy variable, depende de la zona en la que crezca y del grado de desarrollo, pero puede alcanzar los 30 cm de altura.

Mandragora autumnalis se distribuye por el sur de Extremadura y Portugal, Andalucía y las Islas Baleares (Mallorca). Crece en  taludes, bordes de caminos, márgenes de cultivos y en las orillas de ríos y arroyos. Prefieren suelos calizos o arcillosos no demasiado expuestos al sol. Florece desde el mes de septiembre o finales de agosto, hasta diciembre.

La mandrágora es una planta muy tóxica, incluso por contacto. Posee atropina y escopolamina, sustancias que producen efectos alucinógenos y anestésicos con efectos potencialmente letales sobre el ser humano.

Al ser una planta muy tóxica que produce envenenamiento por contacto, lo mejor es no manipularla. Tampoco debe usarse por sus efectos alucinógenas, ya que un exceso en la dosis podría provocar la muerte.

Como ornamental, la mandrágora es una planta muy deseada, quizá porque su leyenda mágica sigue atrayéndonos, aunque es difícil de cultivar. En Internet hay muchos lugares en los que se ofrecen semillas que son complicadas de hacer germinar. En cualquier caso, no es aconsejable si tenemos animales de compañía. También los niños, atraídos por sus flores o frutos, son víctimas potenciales.

La raíz de la mandrágora tiene una forma dividida que se asemeja a las dos piernas de una persona. Ese aspecto antropomorfo, junto a los efectos alucinógenos de los alcaloides que contiene, hicieron de esta planta un amuleto de magia y brujería en la Edad Media. De hecho, las denominadas brujas la usaban en sus sesiones de “brujería”. Untaban extractos de mandrágora en sus genitales para conseguir la rápida absorción de sus componentes y unos efectos más potentes. Como consecuencia creían volar, y en su delirio pensaban que copulaban con el mismo diablo, ya que también les producía una efecto afrodisíaco, probablemente producto de la desinhibición y la irrealidad en que las sumía.

Los efectos alucinógenos y anestésicos de la mandrágora fueron útiles para provocar la perdida de consciencia y así poder realizar amputaciones y “cirugías” en tiempos del Imperio Romano.  Se cuenta que en las campañas romanas en la Germania se proporcionaba un trozo de raíz de mandrágora a los heridos para poder tratarlos sin dolor.

En la Edad Media se creía que al arrancar la raíz de la mandrágora, la planta lanzaba un grito y que el grito mataba a la persona que intentaba arrancarla. La solución que usaban los hechiceros y brujas, dicen las leyendas, era usar una cuerda. Un extremo se ataba a la raíz y el otro a un perro. Cuando el perro tiraba sacaba la raíz del suelo, la mandrágora gritaba y el perro caía fulminado. A cambio del sacrificio del can, se obtenía una raíz milagrosa con forma de hombrecillo y poderes mágicos.

En la cultura hebrea se consideraba que Mandragora autumnalis favorecía la fertilidad, de hecho se cita en la Biblia algún pasaje donde se atribuye a esta planta la facultad de revertir la esterilidad femenina.

Una de las acusaciones que se hicieron a Juana de Arco para llevarla a la hoguera era que poseía un amuleto con forma humana hecho con la raíz de esta planta. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, NO TE PUEDES PERDER NUESTRO LIBRO “QUE NO PISAR, NO COMER Y NO TOCAR EN LA NATURALEZA”, UNA GUÍA DE LAS ESPECIES DE ANIMALES, PLANTAS Y HONGOS POTENCIALMENTE PELIGROSOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA).

Mandragora autumnalis Mandragora autumnalis

Mandragora autumnalis

Mandrágora. Raíces Mandragora autumnalis

Mandrágora. Raíces

Arnica montana, árnica

Arnica montana detalles de las flores Arnica montana, árnica

Arnica montana, detalle de las flores

Arnica montana, árnica en su nombre común, es una planta herbácea rizomatosa, perteneciente a la familia de las asteráceas, que mide entre 20 y 50 cm de altura  y que se distribuye en la península Ibérica por la cornisa cantábrica, Galicia y  Pirineos.

Prefiere zonas frescas y húmedas como las praderas de montaña. Sus flores amarillas aparecen principalmente en los meses de julio y agosto, e  incluso se pueden ver hasta el mes de octubre.

Arnica montana es una planta tóxica que nunca debe ingerirse. Los síntomas del envenenamiento comienzan con diarreas, vómitos, desorientación, inquietud, malestar general y dolor de cabeza. En dosis elevadas llega a causar la muerte. En mujeres embarazadas puede provocar el aborto. Tampoco debe usarse por vía externa sobre heridas abiertas o sangrantes.

Sin embargo, existen muchas zonas de España donde se emplean de forma medicinal plantas no tóxicas de otras especies distintas a Arnica montana y que son denominadas de forma común como árnica.  Ello puede dar lugar a confusión, ya que la auténtica Arnica montana es tóxica.

Es una planta usada desde la antigüedad de forma externa para aliviar los efectos de contusiones y torceduras.

Por sus propiedades antiinflamatorias existen linimentos y pomadas de Arnica montana que se comercializan con garantías para ser usados en caso de contusiones, esguinces o traumatismos.  Los deportistas usan estos productos para aliviar, de forma eficaz, el dolor causado por contusiones. Son mucho más seguros que el empleo de la planta natural, que puede producir reacciones alérgicas si se emplea directamente sobre la piel. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, NO TE PUEDES PERDER NUESTRO LIBRO “QUE NO PISAR, NO COMER Y NO TOCAR EN LA NATURALEZA”, UNA GUÍA DE LAS ESPECIES DE ANIMALES, PLANTAS Y HONGOS POTENCIALMENTE PELIGROSOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA).

Arnica montana Arnica montana, árnica

Arnica montana

Solanum nigrum, tomatillos del diablo

Solanum nigrum Solanum nigrum, tomatillos del diablo

Solanum nigrum

Solanum nigrum, tomatillos del diablo, tomatillo negro o simplemente tomatillos, son algunos de los nombres comunes que recibe esta planta perteneciente a la familia de las solanáceas.

Se trata de una planta anual, de base a veces leñosa, con tallos de entre 30 y 70 cm de altura y hojas de unos 4 cm. Son característicos sus frutos, parecidos a los tomates, de hecho el tomate que consumimos es también una solanácea.

Se distribuye por toda la península Ibérica, salvo en la zona noroeste donde no falta pero es escasa. En la Sierra de Guadarrama encontramos Solanum nigrum en ambientes ruderales propios de la rampa serrana, asociada a otras plantas de las consideradas como “malas hierbas”. Crece en bordes de caminos, escombreras, campos de cultivo y terrenos yermos, hasta una altitud de 1.200 metros.

El tomatillo del diablo es es una planta muy tóxica, como otras muchas de la familia de las solanáceas. Su nombre común  hace referencia al aspecto parecido a pequeños tomates que tienen sus frutos, y al carácter tóxico de los mismos, aunque la toxicidad se encuentra en todas las partes de la planta.

El envenenamiento con Solanum nigrum es más frecuente en niños, a los que llama la atención el aspecto de sus frutos o bayas, primero verdes y después negras, cuando maduran. La intoxicación provoca vómitos, dilatación de las pupilas, diarreas, vértigos y dependiendo de la cantidad ingerida, paro cardiaco y muerte.

Como contrapartida, los componentes de esta planta de propiedades narcóticas, se han usado incorporados a fármacos para aliviar las neuralgias y los dolores de estómago, además de para calmar la desazón que produce el picor en casos de eczema. No obstante, hay que reiterar la peligrosidad de la planta, por lo que hay que abstenerse de usarla como remedio casero medicinal.

Las toxinas de Solanum nigrum, presentes en toda la planta, también penetran a través de la piel por contacto, por lo que es mejor manipular la planta con guantes si se quiere arrancar de los jardines o huertos. ÁNGEL S.CRESPO para GUADARRAMISTAS

Solanum nigrum frutos Solanum nigrum, tomatillos del diablo

Solanum nigrum, frutos

Paronychia argentea

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Paronychia argentea. Detalle de las flores

Paronychia argentea o  nevadilla, como comúnmente se denomina a esta planta, es una de las primeras en mostrar sus flores tras los fríos del invierno.

Paronychia argentea pertenece a la familia de las cariofiláceas. Se extiende por el área mediterránea en bordes de caminos, terrenos arenosos, pedregosos y resecos.  Alcanza los 30 o 40 cm de longitud esta herbácea rastrera o tendida, que se extiende a ras de suelo formando tapices con sus pequeñas flores blancas de la textura del papel.  La floración se inicia a finales de febrero o comienzos de marzo y se extiende durante toda la primavera hasta llegar el mes de julio.

Se distribuye por gran parte de la península Ibérica. En la rampa de la Sierra de Guadarrama, Paronychia argentea es, junto a la maravilla silvestre, Calendula arvensis, y algunas plantas del género Viola, Taraxacum y Veronica, de las primeras que florecen tras los rigores invernales.

Paronychia argentea recibe el nombre de nevadilla por el color blanco plateado de sus flores, que en conjunto aportan a la superficie del suelo el aspecto de estar nevado. De hecho, su nombre científico hace referencia al aspecto plateado, “argentea”, que significa “de plata”. También recibe el nombre común de sanguinaria, ya que se consideraba que tenía propiedades depurativas para la sangre.

Como planta medicinal Paronychia argentea tiene propiedades hipotensoras, también limpia y desinfecta heridas, reduce las hemorroides y las varices, alivia los efectos de las quemaduras leves y sobre todo, es diurética. Precisamente, esta propiedad diurética de la nevadilla o sanguinaria es la que está relacionada con su supuesta capacidad para limpiar la sangre. La expulsión de líquidos mediante la orina favorece la eliminación de toxinas. También por sus propiedades diuréticas se ha recomendado su uso, en concreto para eliminar los cálculos renales. En cualquier caso, hay que tomar con reservas todas estas propiedades, ya que aunque se hace mención a ellas en escritos muy antiguos, quizá falte una base científica para demostrar que son reales. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

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Paronychia argentea, nevadilla

Tetraclinis articulata, sabina de Cartagena

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Tetraclinis articulata

Tetraclinis articulata, sabina de Cartagena, ciprés de Cartagena, arar, araar o tuya articulada son algunos de los nombres que recibe esta reliquia botánica perteneciente a la familia de las cupresáceas.

En estado salvaje se distribuye por el norte de África, en la Isla de Malta y, en la península Ibérica,  en un reducido enclave de la Sierra de Cartagena –Murcia-, donde permanece en forma relicta, es decir, como una muestra viviente de tiempos remotos.

Tetraclinis articulata, sabina de Cartagena, mide entre 3 y 15 metros de altura, aunque lo normal es encontrarla con 7 u 8 como máximo, ya que las mayores dimensiones solamente se dan en zonas que reúnan las mejores condiciones para la planta. Al igual que otras sabinas, es un árbol de forma cónica durante su juventud, que puede adquirir una copa ancha o de porte irregular con los años. El tronco estriado, como en otras sabinas, tiene un color gris con tonos marrones. Las ramas crecen en todas las direcciones y presentan segmentos que le dan un aspecto articulado. Los conos masculinos, pequeños,  nacen en los ápices de las ramas, mientras que los femeninos, de cerca de 2 cm de diámetro, son similares a una pequeña piña, cuyo interior alberga  una o dos semillas.

La madera de arar es muy dura y resistente. En Marruecos se emplea la corteza para curtir pieles. Además, la madera se trata a base de fuego para obtener la denominada “lupia”, usada en trabajos de ebanistería fina para crear objetos de lujo. Ya los romanos conocían las bondades de esta madera que utilizaban para conseguir el aroma que denominaban “citrus”, muy apreciado y de gran valor. La resina, llamada “sandáraca”, sirve para trabajar implantes y cementos dentales, de especial resistencia y dureza.

Como medicinal, Tetraclinis articulata, sabina de Cartagena o arar, es usada popularmente contra diarreas, hemorroides, menstruaciones dolorosas y, de forma externa, para combatir los papilomas.

En definitiva, una especie única en el continente europeo, de la que solamente existen unos ejemplares en la Sierra de Cartagena. Una reliquia botánica de la época en la que los dinosaurios poblaban el planeta. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

Tetraclinis articulata sabina de Cartagena. Detalle de las ramas 681x1024 Tetraclinis articulata, sabina de Cartagena

Tetraclinis articulata, sabina de Cartagena. Detalle de las ramas

Cnicus benedictus

Cnicus benedictus cardo santo o cardo bendito 681x1024 Cnicus benedictus

Cnicus benedictus, cardo santo o cardo bendito

Cnicus benedictus, denominado cardo santo o cardo bendito, recibe estos nombres por las virtudes sanadoras de la peste que se le atribuyeron en Europa durante la Edad Media.

Es cierto que el cardo santo o cardo bendito, Cnicus benedictus, posee una sustancia llamada cnicina que ejerce cierto efecto antibiótico contra un grupo de bacterias causantes de brucelosis, diarreas, meningitis, cistitis e infecciones intestinales. Sin embargo, no existe ninguna base científica para afirmar que el cardo santo tuviera componentes capaces de curar la peste, esa temida enfermedad que diezmó  la población europea. De hecho, no parece que ningún remedio fuera eficaz contra la enfermedad en aquella época.

El cardo santo es una herbácea postrada y espinosa, lo que comúnmente denominamos cardo, de entre 15 y 30 cm de altura, que florece entre los meses de marzo y junio. Se distribuye por toda la Península Ibérica en terrenos incultos, arenosos y algo secos.

Es frecuente confundir el cardo santo con el cardo mariano, pero son distintas especies a pesar de las referencias “divinas” de sus nombres. El cardo mariano es Sylibum marianum, mientras que el cardo santo o bendito es Cnicus benedictus, aunque la terminología común a veces aplica los calificativos santo, bendito y mariano para ambas plantas.

Cnicus benedictus posee propiedades medicinales interesantes. Es bueno como aperitivo, emenagogo, actúa contra la flatulencia, el estreñimiento y es una ayuda en los tratamientos contra la úlcera gastroduodenal. También se predican propiedades anticancerígenas, antidiabéticas y antiinflamatorias de la cnicina, el principio amargo contenido en esta planta. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

Cnicus benedictus 1024x681 Cnicus benedictus

Cnicus benedictus

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