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La ruta de las atalayas

Atalaya de Torrepedrera. El Berrueco La ruta de las atalayas

Atalaya de Torrepedrera. El Berrueco

La ruta de las atalayas. La sierra de Guadarrama, como parte del Sistema Central, es una barrera orográfica que delimita, de forma natural, las mitades norte y sur peninsulares. La barrera montañosa determina la climatología y el régimen de precipitaciones deteniendo, en la vertiente sur, los vientos ábregos que fluyen desde el suroeste, o haciendo frente a las borrascas cantábricas que quedan en parte frenadas, en la cara norte segoviana.

Al estar ubicada en el centro peninsular, la sierra de Guadarrama siempre ha sido lugar de paso obligado en el tránsito entre norte y sur, por lo que en épocas de conflictos bélicos, el control de sus pasos era fundamental para el desarrollo de las contiendas. Ejemplo de ello son la Guerra de la Independencia contra los ejércitos napoleónicos o la más reciente Guerra Civil.

Remontándonos mucho tiempo atrás, allá por los siglos IX y X, la España que conocemos no era más que un proyecto. La mitad sur era de domino musulmán, mientras que la mitad norte era cristiana. En el centro, una vez más, la sierra de Guadarrama marcaba un límite, una especie de raya bien visible por la que unos u otros tenían que “asomar”, necesariamente, si querían hacerse con los territorios del enemigo. No es de extrañar que las tierras aledañas a la sierra fueran zonas deshabitadas, peligrosas y, por supuesto, las primeras en recibir la visita inesperada del rival.

Las proximidades a las montañas, o lo que es lo mismo, toda la rampa serrana de lo que actualmente es la provincia de Madrid, formaban parte de la denominada “marca media”, es decir, la línea del “no pasarán”. En este territorio madrileño el dominio era musulmán. Por ello, los ejércitos de emires y califas que durante los siglos IX y X ejercían su poder estaban muy atentos a las posibles incursiones cristianas desde las tierras del norte.

Para ejercer este control, los musulmanes crearon una red de atalayas, palabra que procede del árabe -talala, pequeña torre-. Estaban situadas estratégicamente en una línea de promontorios desde donde se controlaba visualmente  cualquier incursión cristiana. A la vez servían para vigilar los desmanes y revueltas que dentro del propio territorio pudieran producirse.

Si desde una de esas atalayas se divisaba al enemigo, el hecho se comunicaba desde la parte superior de la edificación haciendo señales luminosas con objetos reflectantes, señales de humo, o encendiendo hogueras en lo alto, si el acontecimiento se producía en la noche. Desde Talamanca del Jarama, centro neurálgico de todo este sistema de comunicaciones con alcance visual a las señales, se tomaban las medidas necesarias para organizar a los ejércitos y preparar la defensa o el ataque.

Las atalayas que actualmente perduran en Madrid se encuentran distribuidas por las proximidades de lo que es hoy la autovia A-1, a unos 50 Km de Madrid capital. Se conservan en razonable estado las de Venturada, Arrebatacapas en Torrelaguna, Torrepedrera en El Berrueco y El Vellón. Ha desaparecido otra existente en El Molar.

Estas torres de vigilancia tenían y tienen forma circular, con unos gruesos muros de mampostería de unos 2 m de anchura. Su estructura interna se compone de tres partes. La primera es la sólida base que arranca del suelo y puede alcanzar los 3 metros de altura. Sobre ésta se eleva una segunda planta en la que está situada la entrada, que a simple vista parece una ventana. Realmente es la entrada, situada por encima de los 3 metros para hacer más difícil el posible acceso del enemigo al interior. De hecho para  acceder se necesitaba una escala de cuerdas o un agarramanos. Hoy día, las vemos a una altura inferior, ya que debido a la acumulación de tierra y materiales geológicos, el terreno está más elevado que lo estaba cuando se construyeron.

Todas ellas fueron declaradas, en 1983, Bien de Interés Cultural con la categoría de monumento, y en torno a ellas se articula la denominada “ruta de las  atalayas” que discurre entre los municipios en las que se encuentran situadas: El Vellón, Venturada, El Berrueco y Torrelaguna. ÁNGEL S. CRESPO  para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

El puerto de Cotos o puerto de El Paular

DPP 0001 1 copia 3 El puerto de Cotos o puerto de El Paular

En primer plano, uno de los cotos que da nombre al puerto

El puerto de Cotos o puerto de El Paular. El conocido puerto de Cotos es hoy uno de los concurridos puntos de encuentro de la sierra de Guadarrama. Lugar de reunión de esquiadores que van camino de la estación de Valdesquí, o de excursionistas de toda condición que concurren en este cruce de caminos para iniciar sus rutas hacia Peñalara, sus conocidas lagunas o las no menos conocidas vecinas cumbres de Dos Hermanas.

Hasta no hace muchos años unas cuantas pistas de esquí constituían la llamada Estación de Esquí de Valcotos, que fue desmantelada junto a sus telesillas, remontes y postes.

Como otros puertos y pasos históricos de montaña de la sierra de Guadarrama, el de Cotos ha tenido diversos nombres a lo largo de su dilatada historia.

En sus orígenes era conocido como puerto de El Paular. No en vano, el Monasterio de El Paular se sitúa apenas a unos kilómetros antes de iniciar la ascensión. Antiguamente, el puerto de El Paular era lugar de paso para pastores segovianos y del Valle del Lozoya, que cruzaban con sus rebaños hacia los más templados pastos de la vertiente sur de la sierra, esa que ahora se sitúa en la provincia de Madrid y que queda más resguardada de los vientos del norte.

También fue este paso de El Paular uno de los más peligrosos de la sierra, refugio de bandoleros y asaltantes de caminos como Manuel Rodríguez conocido como “El Rey de los Hombres” o Juan de Nieva “Cabeza Gorda”, que a finales del s.XVIII encontraban en la espesura de sus bosques el escondite perfecto para huir de sus fechorías. Aún con sus peligros,  a los habitantes del Valle del Lozoya no les quedaba otra solución que cruzar hacia Segovia por el Puerto de El Paular, si no querían hacerlo por el del Reventón, con un recorrido más corto pero con un mayor desnivel y dificultad. Muchos viajeros perdieron su vida perdidos entre la nieve, la ventisca y el frío, tratando de ahorrar tiempo por este puerto de nombre tan poco sugerente como  Reventón.

El nombre actualmente más empleado, puerto de Cotos, tiene su origen en 1761 cuando el monarca ilustrado Carlos III adquirió para la Corona los Montes de Valsaín, que pasaron a denominarse Pinar del Rey. Para delimitar la propiedad real de los Montes de Valsaín de la propiedad cartuja del Pinar de los Belgas, situado en la vertiente madrileña, el rey creó un cuerpo de guardería, a la vez que situó varios mojones o “cotos” delimitando así los montes de la Corona. De estos cotos, se pueden ver fácilmente dos, en lo alto del puerto, a ambos lados de la carretera, que se conservan restaurados.  De estos límites reales deriva el nombre de puerto de los Cotos que convive con el más antiguo de puerto de El Paular.  ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

Embalse de El Atazar, el  destino del Lozoya

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Embalse de El Atazar

El río Lozoya es represado a lo largo de su recorrido en varios embalses. El de El Atazar es el quinto en su recorrido y el más grande.

El río Lozoya nace en las lagunas glaciares de Peñalara recibiendo aguas de varios arroyos tributarios. El recién nacido adopta en su curso más alto el nombre de Arroyo de la Angostura, y discurre por el valle que tiene su nombre, el Valle del Lozoya, recogiendo aguas de infinidad de arroyos y regatos hasta convertirse en el río que más agua aporta al consumo de los madrileños. En el embalse de El Atazar se remansa casi el 50% del agua consumida en Madrid.

Hasta cinco embalses nutre con sus aguas el Lozoya: Pinilla, Riosequillo, Puentes Viejas, El Villar y El Atazar. También habría que señalar el embalse del Pontón de la Oliva, origen del Canal de Isabel II, que ya desde su construcción tuvo problemas de filtraciones, por lo que está en desuso.

El agua del río Lozoya es considerada una de las mejores de España, y ello es debido a la poca presión urbana en las zonas que atraviesa, la inexistencia de industrias contaminantes y, especialmente, a la morfología granítica del terreno, libre de cal y otros materiales que degradan la pureza del agua.

El gran embalse de El Atazar se construyó durante el régimen de Franco, como la mayoría de los existentes en España. Ya sabemos que esta pulsión de “El Generalísimo” le costó acuñar algunos motes populares, pero lo cierto es que a día de hoy seguimos haciendo uso de ellos. Precisamente, el embalse de El Atazar fue el último que Franco inauguró.

El Atazar se comenzó a construir en 1965 atendiendo a la necesidad de abastecimiento de la población de Madrid. Tenía un presupuesto inicial de 1.000 millones de pesetas, pero el desembolso final fue de 5.000 millones. Nunca se nos ha dado bien en España calcular los costes de las obras públicas, siempre suelen salirnos cinco o seis veces más caras de lo previsto, lo cual ya es un método de cálculo.

Las técnicas de construcción en El Atazar fueron innovadoras. Se construyó, por primera vez en España, una bóveda de doble curvatura y las cargas arquitectónicas descansaban sobre la propia roca del terreno. Con ello se hacia necesario menos hormigón, pero mira por donde, el terreno pizarroso de la zona no resistía bien las enormes tensiones de la estructura, así que hubo que rellenar con grandes cantidades de hormigón y reforzar las zonas de tensión.

El embalse de El Atazar tiene una capacidad de 426 Hm3 y ocupa 1.070 ha de los municipios de El Atazar, El Berrueco, Berzosa de Lozoya, Cervera de Buitrago, Patones y Puentes Viejas. La bóveda tiene una altura de 143 metros y una longitud de 484 y sus aguas superan los 100 metros de profundidad, en algunos puntos. Es el último tributo del río Lozoya antes de morir en brazos del Jarama  porque el siguiente embalse, el del Pontón de la Oliva, ni siquiera pudo ser usado. Lo construyeron en el único enclave calizo kárstico que hay por la zona y las aguas desaparecían bajo el suelo. Pero de eso hace muchos años y, además, es otra historia. ÁNGEL S. CRESPO  para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

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El Atazar

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El Atazar, población

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