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La leyenda del perro flamígero de El Paular

41 El perro flamigero de El Paular copia La leyenda del perro flamígero de El Paular

© Ángel Sánchez Crespo. Visión de una de las torres del Monasterio de El Paular

La leyenda del perro flamígero de El Paular. Esta leyenda tiene como protagonistas a los mismísimos monjes de El Paular y lo que sucedió en el monasterio. Es una historia de monjes, mendigos y perros envueltos en llamas, de la que mejor no extraer conclusiones o moralejas porque las moralejas son para las fábulas, no para las leyendas, menos racionales y explicables.

Cuenta la leyenda que los monjes de El Paular abrían las puertas cada mañana para dar limosna a los pobres que hasta allí se acercaban. Siguiendo la costumbre, un día, uno de los mendigos habituales no acudió, o lo hizo tarde. Sin comida y aterido de frío murió a las puertas de la cartuja. Cuando los monjes descubrieron su cadáver decidieron darle sepultura, y lo hicieron excepcionalmente e infringiendo la costumbre monacal, en el claustro reservado a los monjes. Después de hacerlo, se retiraron a descansar a sus celdas, hasta las diez de la noche, hora en la que todos se reunían para orar en la sillería del coro.

A la hora prevista se hicieron sonar las campanillas de las celdas y los monjes salieron para cumplir sus obligaciones, pero todos ellos se encontraban más cansados que de costumbre. Extrañados, decidieron ver la hora que marcaba el reloj lunar del monasterio. Fue cuando descubrieron que habían sido llamados una hora antes que de costumbre. Atribuyeron el error al monje encargado de hacer las llamadas, pero la situación se repitió los días posteriores. Por ello, cuatro de los monjes más fornidos, armados con palos, y por lo que se ve, no muy amigos de las bromas, se escondieron alrededor del patio, esperando encontrar al saboteador de descansos.

Sin embargo, lo que pensaban era una broma se convirtió en una escena terrorífica. Comprobaron que un perro envuelto en llamas agitaba las campanillas de todas las celdas y que después, a toda prisa, acudía a esconderse en la tumba del mendigo al que habían dado sepultura en el claustro monacal.

Después de mantener una reunión urgente, concluyeron que tal vez el mendigo habría sido un pecador condenado a las llamas del infierno. Así que decidieron sacar el cadáver de su tumba y arrojarlo al estanque de la huerta. Dicen que desde entonces, todas las noches a las doce en punto se oyen, desde el estanque, los ladridos de un perro.

Como decíamos al comienzo, mejor no sacar conclusiones porque la más sencilla daría como resultado que no hay que confiar en nadie, menos aún si ese alguien es pobre; u otra más tétrica, que no hay que enterrar muertos ajenos en tu casa. Pero como dijimos, es una leyenda, no una fábula. © ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS EN NUESTRO PRÓXIMO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

La Maliciosa, una montaña con leyenda retratada por Velázquez

La Maliciosa La Maliciosa, una montaña con leyenda retratada por Velázquez

La Maliciosa

 

La Maliciosa, una montaña con leyenda retratada por Velázquez. Con su par de enormes riscos en su cara sur, La Maliciosa es uno de los picos más elevados y de fisonomía más particular de la sierra de Guadarrama. Cuenta con 2.227 metros de altitud y está situada en el noroeste de la Comunidad de Madrid, asomando entre La Pedriza  y el valle de La Barranca.

Se atribuye su  nombre, Montaña Maliciosa, a la dificultad de su ascenso, por su perfil escarpado, su orografía rocosa y por su desnivel acumulado que suma más de 1.100 metros. También se conoce al Pico de La Maliciosa  como La Monja, por su parecido al tocado de las  religiosas cuando la nieve cubre sus formas.

Entre sus rutas de ascenso, las hay que entrañan significativas dificultades técnicas. La ruta norte, desde el puerto de Navacerrada, llegando al Alto de Las Guarramillas, conforma  su ascenso más sencillo. Su cara sur es la más escarpada.

La Maliciosa fue retratada por el mismísimo Diego de Velázquez en 1635, en el retrato del Príncipe Baltasar Carlos a caballo, en cuyo fondo aparece este famoso pico cubierto de nieve.

Además de retratada por uno de los mejores pintores de la historia, La Maliciosa, como no podía ser de otra forma, con ese nombre, tiene su propia leyenda. Se cuenta que en tiempos muy remotos, la austera roca que  es, en su parte más alta, era entonces un espléndido jardín, huerta u oasis. Hasta él sólo sabía acceder una anciana siniestra  de mañas “brujiles” que residía en la población de Cercedilla. No en vano, a la señora se la conocía como La Maligna.

Dice la leyenda que un día la curiosidad de un grupo de vecinos se desbordó y éstos no pudieron evitar seguir a la anciana para averiguar cómo conseguía llegar hasta aquél magnífico y desconocido vergel. Pero La Maligna, al darse cuenta de que la seguían invocó a los peores poderes y desató un incendio formidable que acabó con la curiosidad, los vecinos y el maravilloso jardín que albergaba este pico de la sierra de Guadarrama que, desde entonces, y una vez apagado el incendio, dejó a la vista su cara lavada de granito. ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

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La Maliciosa, al fondo, cubierta de nieve. © ISABEL PÉREZ

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