Enrique de Mesa

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Enrique de Mesa

Enrique de Mesa Rosales (Madrid,1878-1929) poeta, articulista y crítico literario era, por encima de cualquier otra cosa, un enamorado de la Sierra de Guadarrama.

Su obra no es tan conocida como la de otros contemporáneos, como Antonio Machado, con quien compartía la pasión por los paisajes castellanos.

Sol de mediodía. Castilla se abrasa.

Tierra monda y llana: ni agua, ni verdor,

ni sombra de chopo, ni amparo de casa.

El camino, blanco. Ciega el resplandor.

(La Posada y el Camino, Versos 1928).

Quizá la muerte prematura le alejó  del reconocimiento merecido.

Sin embargo, la muerte le permitió librarse del exilio o las represalias a las que se vieron sometidos otros escritores, de hecho solamente abandonó Madrid y la Sierra de Guadarrama cuando tuvo que establecerse forzosamente en Soria, durante la dictadura de Primo de Rivera. Por supuesto, no escaparon del exilio su esposa y su hijo, quienes tuvieron que marchar a Méjico.

En su obra se deja ver la huella del Arcipreste de Hita o del Marqués de Santillana, de los que era entusiasta y erudito conocedor. Hay quien lo considera cercano a la Generación del 98 por la temática de sus obras poéticas, y quien ve su prosa más cerca de la corriente modernista.

Gran conocedor de la Sierra de Guadarrama, Enrique de Mesa fue enterrado en el claustro del Monasterio de El Paular, lugar donde pasó un tiempo retirado y donde coincidió con algunos de los más importantes representantes de la época dorada del guadarramismo.

Sus “Andanzas serranas, 1910”, son imprescindibles para cualquiera que desee acercarse un poco más a nuestra sierra.

Sirva como ejemplo este fragmento dedicado a Peñalara:

“Esa es la Peña Lara, la más alta cumbre, señora de la serranía. desde su risco más enhiesto se otean ambas Castillas: ella las separa. A un lado, el solar viejo, el pardo y grave terruño segoviano, con sus seculares castillos roqueros: Pedraza, Sepúlveda, Turégano; al otro, la llanura amarillento, grísea, con sus ventas fementidas y sus molinos de viento. La vieja Castilla, ennoblecida por los hidalgos cuerdos, y la nueva Castilla, sublimada por el hidalgo loco”.

O este otro…

¡Pobre Manzanares! Poetas cortesanos hicieron sátira del desmedro de tu corriente. Lacayos y graciosos de comedia te infamaron con burlas y donaires. Hoy mismo, horteras y modistillas corren por tus arenas, sin temor de los andrajos de tus aguas. Aún de tus furias se ríen, las pocas veces que vienes lleno de orilla a orilla, cuando mugidoras y desbordadas, allá en las pedrizas, las torrenteras serranas hinchan tu cauce.

Los que así te deprimen, ignoran lo claro y puro de tu origen. Vieron tu curso empobrecido en las riberas madrileñas, exhausto por la sed del sol en los duros encinares de El Pardo; pero no llegaron a tu manantial cristalino, a los romerales donde cantas, a los canchos donde braveas impetuoso, al pie de los blancos neveros, al fragante enebral donde se alumbran tus aguas. No saben que hace siglos el fluir de tu caudal, señoril y ocioso, enseñó a un dulce poeta el ritmo ingenuo de sus serranillas”. 

Obras de Enrique de Mesa:

Flor pagana, 1905

Retrato de Don Quijote, 1905

Andanzas serranas, 1910

Tierra y alma, 1906

Cancionero castellano, 1911; segunda edición 1917

El silencio de la Cartuja, 1916

La posada y el camino, 1928

Apostillas a la escena, 1929

ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).