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Anthaxia hungarica

 Anthaxia hungarica

Anthaxia hungarica.

Anthaxia hungarica. Un precioso coleóptero bupréstido que habita preferentemente zonas de encinar y robledal, ya que sus larvas se desarrollan sobre árboles del género Quercus, especialmente Quercus ilex (encina), Quercus faginea (quejigo), Quercus pyrenaica (roble melojo).

Parece ser que aunque Anthaxia hungarica puede atacar a árboles sanos, suele emplear aquellos que ya han sido parasitados previamente por otras especies, por lo que no es especialmente nociva para las masas forestales. Una vez adulto, su alimentación se basa en el polen de las numerosas plantas primaverales y veraniegas que visita.

Los bupréstidos, familia de los coleópteros a la que pertenece Anthaxia hungarica, son magníficos voladores. Poseen grandes ojos, antenas cortas y un cuerpo robusto. Además, entre los bupréstidos se encuentran algunas de las especies de coleópteros más hermosos y coloridos.

Anthaxia hungarica es uno de los bupréstidos más grandes de la penínusla, puede llegar a alcanzar 1,5 cm. Machos y hembras presentan un marcado dimorfismo sexual. El macho es verde y la hembra presenta tonos metálicos rojizos, azulados, verdosos y amarillentos que la hacen espectacular. Su área de distribución abarca toda la Península Ibérica, y aunque no es un insecto común, no es extraño verlo sobre las flores, especialmente aquellas pertenecientes a la familia de las compuestas –Compositae-.

El hábitat de Anthaxia hungarica viene determinado por la presencia de árboles de la familia de las fagáceas donde se desarrollan las larvas, siempre próximas a zonas abiertas y soleadas con flores donde se alimentan en su fase adulta. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

Anthaxia hungarica con gotas de agua después de una tormenta primaveral Anthaxia hungarica

Anthaxia hungarica. Las marcas sobre su cuerpo son gotas de agua después de una tormenta primaveral.

CUARTA SEMANA DE ABRIL 2010

 CUARTA SEMANA DE ABRIL 2010

Xysticus sp.

 CUARTA SEMANA DE ABRIL 2010

Sympecma fusca

A finales de abril empiezan a asomar los primeros brotes del roble melojo Quercus pyrenaica. Vista desde lejos, la montaña adquiere tres franjas de color claramente diferenciadas, la del roble, la del pino silvestre y los retazos blancos de las nieves en la cumbre que aún perduran.

Con la aparición de los brotes del melojo parece que la vida en el robledal se ha puesto manos a la obra. En el suelo, multitud de arañas del género Pardosa, Pardosa sp., aparecen al acecho de presas entre las hierbas. Destaca una rechoncha y preciosa araña Xysticus sp. que ante nuestra presencia a ras de suelo para fotografiarla, abre sus patas en tono de amenaza, para huir en cuanto dejamos de seguirla.

 CUARTA SEMANA DE ABRIL 2010

Muscari comosum

 CUARTA SEMANA DE ABRIL 2010

Narcissus pallidulus

 CUARTA SEMANA DE ABRIL 2010

Zerynthia rumina

Los hongos también están presentes, las lluvias primaverales los hacen aparecer en abundancia, tal vez para paliar la falta de ellos en el pasado otoño que fue muy seco. Destacan los Coprinus comatus y otras especies de hongos blancos que crecen sobre los excrementos de ganado Coprinopsis sp.

 CUARTA SEMANA DE ABRIL 2010

Coprinopsis sp.

Las primeras mariposas arlequín Zerynthia rumina también se dejan ver y muestran su hermoso colorido. Igualmente, los odonatos tienen su representante, se trata de un caballito del diablo Sympecma fusca que es el único de nuestros odonatos que inverna, y que incluso puede verse lejos del agua en días favorables de pleno invierno.

El encinar se empieza a vestir de amarillo, pues ya apuntan las flores de la encina  Quercus ilex subsp. Ballota, que en unos días darán un color magnífico a este imponente árbol. En el suelo, el encinar se adorna con multitud de flores, entre ellas destacan los Muscari comosum y los Narcissus pallidulus, y unas curiosas gramíneas, también amarillas Luzula campestris.

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Luzula campestris

Ya de vuelta, llama la atención el intenso amarillo que desprenden algunas fincas en la dehesa. Miles de plantitas de pimpájaro Brassica barrelieri tiñen de color amarillo el suelo, que iluminado por el sol contrasta con los ocres y verdes de la montaña, y el gris profundo de la tormenta que se avecina. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

 CUARTA SEMANA DE ABRIL 2010

Campo cubierto de Brassica barrelieri

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