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El Monasterio de El Escorial

Panteón de reyes El Monasterio de El Escorial

Panteón de Reyes. Monasterio de El Escorial

Símbolo de la hegemonía española del Siglo de Oro, de la defensa de la religión católica frente al auge del protestantismo europeo y del culto a la dinastía monárquica, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial culmina todas las aspiraciones del rey Felipe II.

El profundo sentimiento religioso del monarca se plasma en este espectacular conjunto arquitectónico, ideado para cumplir distintas funciones. La primera, ser monasterio de la Orden de San Jerónimo, en cuya iglesia reposasen los restos de Carlos V, de su esposa, del propio Felipe II y de sus sucesores, “protegidos” por la ininterrumpida oración de los frailes; la segunda, servir como palacio para el rey y su séquito; y la tercera, albergar el colegio, el seminario y la biblioteca que complementarían al monasterio.

Ocho años tardó el rey en determinar cuál iba a ser el emplazamiento, que se fijó definitivamente en el año 1562. Hacia 1571, la zona monacal estaba terminada, siguieron las obras con las construcción de la Casa del Rey y en 1595 se consagró la basílica, dándose por terminada la obra. Durante este tiempo, Felipe II no dejó de supervisar las labores de construcción, tal como hizo con las obras del Palacio de Valsaín.

Era el rey un hombre culto, con gusto por la arquitectura, materia en la que era verdaderamente entendido. Contó con la dirección de Juan Bautista de Toledo, que había colaborado con Miguel Ángel en El Vaticano, y con Juan de Herrera, pero a lo largo de la construcción del edificio fueron numerosas las consultas a arquitectos italianos y españoles, ya que el meticuloso monarca dejaba pocas cosas fuera de su control.

La riqueza que alberga el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es incalculable. Además del valor arquitectónico, en sus salas pueden contemplarse, esculturas, tallas, tapices y pinturas dignas de los mejores museos del mundo. Entre estas últimas hay obras de El Greco, Tiziano, El Veronés, Tintoretto, Rubens, Van Dyck, Ribera, además de otras de un largo elenco de los grandes maestros de la época. En su biblioteca se guardan más de 40.000 valiosos volúmenes que incluyen manuscritos de origen griego, latino, árabe y hebreo.

A todo el conjunto arquitectónico hay que sumar las reformas que los Borbones Carlos III, Carlos IV y Fernando VII realizaron en sus reinados para adecuar algunas estancias a su tiempo y costumbres.

Quizá lo que más sorprenda y sobrecoja al visitante son los panteones, donde reposan los restos de reyes e infantes. A los panteones se accede desde una escalera que parte de la iglesia a la sacristía. A la izquierda se encuentran los restos de los reyes, a la derecha, los de los infantes. El aspecto actual es distinto al propuesto en su día por Juan de Herrera, de hecho fue Felipe III quien decidió su ubicación y el revestimiento de mármoles y bronces, en lugar del austero granito propuesto inicialmente. Se concluyó en 1654 bajo el reinado de Felipe IV.

En las urnas del panteón de reyes reposan los restos mortales de los monarcas y de sus esposas,  de las dinastías Austria y Borbón. En el caso de las esposas, reposan solamente aquellas que fueron madres de reyes. Tan solo faltan los reyes Felipe V y Fernando VI, cuyos restos se encuentran, respectivamente, en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso y en el Convento de las Salesas Reales de Madrid. También reposan los restos del único consorte masculino de la realeza española, Francisco de Asís Borbón, esposo de la reina Isabel II, así como los de la primera esposa de Fernando IV, que no llegó ser madre de rey, pero a la que se trasladó al inaugurarse el panteón, junto a los restos de los reyes Carlos I y del propio Felipe II que descansaban en la cripta.

El último rey trasladado al panteón de reyes fue Alfonso XIII.  Juan de Borbón, que no llegó a reinar y su esposa María de las Mercedes, padres del rey Juan Carlos I, todavía permanecen en el denominado “pudridero”, un espacio contiguo destinado a que los restos mortales se consuman antes de ser trasladados a su respectivas urnas. En ese lugar también se encuentra la reina Victoria Eugenia. Los tres completan el cupo vacante de urnas en el panteón, por lo que cuando sean allí trasladados no habrá espacio para otros reyes.

Por su parte, el Panteón de Infantes es posterior. Se construyó por iniciativa de la reina Isabel II en 1888. Destaca el sepulcro de Don Juan de Austria y un mausoleo en el que se recogen los restos de todos los infantes muertos antes de llegar a la pubertad, denominado Panteón de Párvulos, y que tiene forma de tarta, detalle de cuyo gusto mejor no hablar.© ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS EN NUESTRO  LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

El Escorial, las puertas del infierno y otras leyendas

Monasterio de San Lorenzo de El Escorial visto desde el monte Abantos El Escorial, las puertas del infierno y otras leyendas

Monasterio de San Lorenzo de El Escorial visto desde el monte Abantos

El Escorial, las puertas del infierno y otras leyendas. El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial fue construido en el S. XVI y es la expresión de los deseos del todopoderoso monarca Felipe II. Una edificación de tales características refleja perfectamente el poder omnímodo del monarca. Pocas obras hay en España que simbolicen mejor el papel que los Austrias y el Imperio Español tuvieron en aquel momento de la historia.

Felipe II era un hombre reservado, culto, amante del arte, los libros y la arquitectura, es lo que dicen los historiadores. También tenía un profundo sentimiento religioso. Quizá la suma de todos estos rasgos determinaron la construcción del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Sin embargo, las razones por las que el rey decidió iniciar semejante obra se han analizado desde todos los puntos de vista y, por supuesto, no podían faltar las mistéricas, esotéricas y mágicas, esas que son las más apartadas de la realidad, pero que cuentan con mayor número de seguidores. Quizá por ello, hay alrededor del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial varias leyendas.

Una de ellas cuenta que la estatua de San Lorenzo, situada en la fachada principal, y que tiene aparentemente la mirada perdida hacia la montaña, está indicando el punto exacto donde se encuentra escondido un tesoro de grandísimas proporciones.

Otra leyenda habla del diablo enfurecido. Dice que el propio Satanás se mostró en su forma original ante una niña que no quiso venderle su alma. Lleno de ira, golpeó el suelo con su pie y dejó la marca de su talón sobre la roca. La supuesta pisada está en las inmediaciones del paraje conocido como Silla de Felipe II. Ya sabemos que el agua y el hielo esculpen la piedra creando figuras y marcas asombrosas, basta con darse una vuelta por La Pedriza. Pero hablar de tafonis, diaclasas y otros fenómenos geológicos es menos efectista que esta historia del diablo.

En la década de los 80 se comenzó a hablar de apariciones marianas. Una señora dijo haber presenciado como la Virgen se le aparecía sobre un fresno. Desde entonces y durante dos décadas se ha producido un peregrinaje continuo al paraje denominado Prado Nuevo, donde la Virgen María, tras el oportuno trance de la visionaria, se aparecía para curar milagrosamente, hacer bailar al sol y de paso, hacer también milagros con la cuentas corrientes de los convocantes a tales actos.

Pero la historia más espeluznante es la que habla de las puertas del infierno. Se dice que el infierno, que por lo visto queda por debajo del suelo, tiene puertas de entrada. Una de ellas está en Italia, en Turín, y la otra, precisamente en El Escorial. La leyenda dice que el  rey Felipe II mando construir el Monasterio encima de la puerta del infierno para que hiciera de tapadera. Según dicen, estas entradas infernales tienen como vigilantes a perros con tres cabezas, los cancerberos. Para acentuar la leyenda, mientras se realizaban las obras del Monasterio, los trabajadores estaban atemorizados por la presencia de un perro muy fiero que les perseguía. Cuentan que capturaron al perro y lo ahorcaron exhibiéndolo sobre una de las torres. También ha llegado hasta nuestros días la anécdota de que el propio Felipe II, residente en las dependencias del monasterio, una vez que concluyeron las obras, decía escuchar los ladridos del perro muerto. ÁNGEL S. CRESPO  para  GUADARRAMISTAS. (SI TE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO, PODRÁS DISFRUTAR DE MUCHOS MÁS CON AMPLIOS CONTENIDOS EN NUESTRO LIBRO “101 CURIOSIDADES DE LA HISTORIA DE LA SIERRA DE GUADARRAMA QUE NO TE PUEDES PERDER”).

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